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miércoles, 27 de diciembre de 2017

¿Qué se espera del jefe? Versus ¿Qué esperan los jefes de los jefes?

Del estudio “¿Qué se espera del jefe?” quedó patente que entre esos hábitos debe estar, obligadamente, escuchar y contar con las ideas y opiniones de los colaboradores, no sólo mandar. Incluso cuando manda, debe saber hacerlo dentro de los principios básicos del comportamiento de liderazgo, para lograr que la comunicación de las tareas y decisiones sea clara y permita posteriormente reforzar la coherencia del comportamiento del jefe. 

Es revelador que tres de los cuatro factores reclamados a los jefes en la investigación tengan relación directa con la comunicación. Parece que los colaboradores reclaman un contacto de mayor calidad, más directo y abierto con sus jefes, en ambas direcciones. Sin embargo, no se trata de comunicación sin más, sino de comunicación acompañada de comportamientos directivos coherentes y consecuentes con lo comunicado y escuchado, tal como remarca el segundo factor. 

En esta investigación, relativa a las cualidades esperadas del jefe, no aparece entre las prioridades el respeto a los horarios. Da la impresión de que en un entorno adecuado, con jefes con un comportamiento directivo correcto, se está a lo que haga falta y cuando haga falta. 

Asimismo, llama poderosamente la atención el hecho de que el factor “control” se sitúe el último, cuando uno de los cuatro factores más determinantes es “que me reconozca lo que hago bien y me corrija lo que hago mal”, lo que viene a confirmar una vieja sospecha: en general, los jefes no saben ejercer el control. Un comportamiento adecuado de liderazgo convierte el control en la oportunidad para comentar lo bueno y lo malo. 

Los datos sugieren que los jefes tienden a controlar de forma negativa y presionante, y por eso resulta lógico que la mayoría no los asocie. No obstante, conviene recordar que ser un buen jefe no se puede enseñar, sólo se puede aprender. Así, la inmensa mayoría acaba aplicando a su estilo de jefatura modelos de comportamientos adquiridos por intuición, muchos de ellos contrarios a los que se deben ejercer hoy para obtener un adecuado nivel de rendimiento, gestión y retención del talento. 

¿Qué esperan los jefes de sus jefes? 
Coinciden en los cuatro primeros (“que escuche”, “que sea coherente”, “que sea claro”, “que me reconozca lo que hago bien y me corrija lo que hago mal”) y varían en casi todos los demás. Los que son más importantes para los jefes que para la base son los siguientes: “que desarrolle mi carrera”, “que me diga claramente qué espera de mí”, “que sea ejemplo” y “que cumpla sus compromisos”. Es decir, los mandos son mucho más exigentes con el cumplimiento de sus jefes que el personal de base. Parece que una vez que saben por propia experiencia lo que es ser jefe, esperan que los suyos estén más a la altura; lejos de esperar comprensión, los directivos con mandos a su cargo deben entender que su listón es mucho más alto y que el nivel de exigencia de su equipo directo requiere un comportamiento directivo ejemplar. 

Seas jefe, o tengas jefe, escucha, se coherente, se claro, reconoce a los demás y Ponte en Marcha!

viernes, 2 de junio de 2017

Escuchar o No escuchar, esa es la cuestión


En los últimos años, he observado al participar en congresos, seminarios y simposios relacionados con el Management y la Gestión Empresarial, que se centran en promover corrientes de cambio orientados a mejorar las relaciones interpersonales.

Lamentablemente, seguimos encontrando empresas que practican los malos tratos, las altas exigencias, la explotación, el menosprecio por el ser humano y una comunicación inadecuada de forma persiste, aún reconociendo que estas prácticas inapropiadas afectan significativamente el desempeño y los resultados de la empresa. 

Parece que en este tiempo que nos toca vivir, el buen trato, las efectivas formas de hacer pedidos, el evitar el enjuiciar a otros, utilizar de forma correcta el lenguaje, etc. ha quedado fuera de moda. Hoy nos preocupamos más por tener el último modelo de móvil que por mejorar una mala relación con nuestro Jefe, compañero, cliente o esposa. 

Y no es por falta de preparación o de estudios. A medida que transcurre el tiempo vemos que cada vez nos alejamos más de la idea de mejorar nuestras relaciones. 

¿Podemos hacer algo al respecto?, ¿estamos a tiempo? 

Para muchos de nosotros estas preguntas tienen una respuesta afirmativa y depende del compromiso que destinemos en cambiar esta “realidad”. 
 
En muchas de las entrevistas que mantengo con directores y/o empresarios, ante la pregunta ¿se considera usted un buen oyente?, la mayoría responde que sí, que saben escuchar al otro. 

El problema es que ante esta pregunta confunden el “saber escuchar” con la “educación”, ya que desde muy chicos nos enseñan que cuando una persona habla, el otro por educación debe esperar su turno para responder o para continuar hablando. 

Pero, ¿qué entendemos por escucha? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice: “Prestar atención a lo que se oye”. Por tanto, es oír más interpretar. 

Los seres humanos tenemos la capacidad de percibir, atender y asignarle significado a un estimulo, sea este auditivo o visual. 

Si pensamos que durante nuestra vida, durante muchos años fuimos entrenados en el arte de escribir y otros tantos en el arte de hablar, sea uno o varios idiomas, pareciera que también estamos preparados para escuchar, aunque en la práctica, muchos están solo dispuestos a escuchar aquello que responde a sus intereses o bien a lo que está de acuerdo a lo que piensan. 

Pensemos en la siguiente situación. Estamos en una reunión con nuestro jefe/empleado/compañero de trabajo en la que estamos decidiendo las futuras acciones a implantar en la empresa, sin importar cual sea nuestro rol dentro de la misma. 

Ahora bien, ¿estamos atentos y alertas a lo que se está diciendo o mientras hacemos que escuchamos nuestra mente se encuentra pensando la respuesta que diremos o cuáles serán nuestras próximas palabras? 

Estamos constantemente manteniendo conversaciones internas con nosotros mismos, asignando nuestra propia interpretación a aquello que se nos intenta comunicar y eso nos mantiene alejado de la escucha. 

Bueno, muchos pensaran que esto es habitual y no tiene nada de malo y que no afecta significativamente el mensaje a transmitir. 

Estamos tan acostumbrados a hacerlo que le restamos importancia y no podemos reconocer el impacto nocivo que tiene en las relaciones. 

¿Aún no concuerda conmigo? Pruebe lo siguiente, haga este sencillo experimento: 

Colóquense frente a un amigo y pídale que le relate algún hecho reciente, cualesquiera que sea, pero que mantengan ese relato por lo menos un minuto y que por ningún motivo se detenga. 

Simultáneamente comience ustedes también a relatarles alguna historia o lo que se les ocurra, sin interrumpir su relato. Durante ese minuto conversen ambos en vos alta manteniendo cada uno la atención a su propio relato. 
 
Al finalizar la experiencia pregúntenle a su amigo y pregúntense ustedes mismos cómo se sintieron, cómo sintieron la experiencia de estar hablando los 2 simultáneamente, ¿tal vez se sintió confundido?, ¿con ganas de finalizar el relato?, ¿incómodo?, ¿irrespetuoso?, ¿Perdió la noción de lo que estaba diciendo? 

Tal vez todas estas sensaciones se hicieron presentes, o tal vez, no pudieron mantener este ejercicio ni siquiera un minuto. 

Esto es lo que habitualmente nos pasa, aunque no nos demos cuenta, la habilidad de escuchar afecta a la calidad de las conversaciones que mantenemos y a nuestras relaciones con los demás. A este tipo de escucha podemos llamarla “escucha previa” ya que nos escuchamos a nosotros mismos y a los juicios que tengo de la otra persona. 

Es nuestra decisión comenzar a generar cambios significativos, el comenzar a tener resultados sin precedentes. 

El entrenar la “escucha activa o atenta” permite enfocarnos en el otro, en acallar nuestras conversaciones internas; desarrollar nuestra capacidad de escucha nos permitirá recibir y aceptar las opiniones de los demás no como “verdades” sino como información valiosa para la coordinación de acciones. 

Significa aceptar al otro como un autentico otro y no como a nosotros nos gustaría que fuera, implica tomarnos tiempo para poder sacar nuestra conclusiones y acostumbrarnos a comprobar aquello que creemos haber oído. 

 "Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo." André Gide.

Como todo arte, la escucha no se desarrolla leyendo un libro. Para lograr la maestría se necesita práctica, práctica y más práctica. 

Solo es cuestión de animarnos y tal vez esta sea la oportunidad. 

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Ahora es el mejor momento, práctica la escucha activa y Ponte en Marcha!

miércoles, 10 de mayo de 2017

Mensaje a García


 Mensaje a García

Helbert Hubbard

Introducción

Esta pequeña narración, “Un Mensaje a García” - fue escrita en una sola hora, por la tarde después de la comida. Esto sucedió, el 22 de febrero de 1899, día en que se conmemora el natalicio de Washington. La edición correspondiente al mes de marzo de la revista “Philistine” iba a entrar en prensa.

Nació como brote entusiasta de mi corazón, escrito después de un día en que había agotado mis fuerzas indolentes, para que abandonasen su estado comatoso por una actividad radial.

Pero la verdadera inspiración broto al calor de la discusión, mientras bebía una taza de te, con mi hijo Bert, quien sostenía que el verdadero héroe de la Guerra de Cuba había sido Rowan, quien, por si solo, había realizado la mas importante hazaña; había llevado El Mensaje a Garcia.

Fue una idea inspiradora. Mi hijo tenia razón porque efectivamente había sido un verdadero héroe el realizador de aquella hazaña, el haber llevado el mensaje a García. Me levante y escribí el relato.

Tan poco importante me pareció el articulo así realizado, que lo publique sin titulo. Salió la edición y en breve vinieron peticiones por mayor número de ejemplares de la edición de marzo de “Philistine”; una docena, cincuenta, cien. Cuando la Compañía de Noticias Americanas pidió mil ejemplares, pregunte a mis ayudantes cual era el artículo que había conmovido en tal forma al público. Era el artículo sobre García.

Al día siguiente George H. Daniels, del Ferrocarril Central de Nueva York, nos mando el siguiente telegrama: “Coticen precio cien mil ejemplares de articulo Rowan en forma de folleto, con un anuncio del Empire State Express al final y digan que fecha pueden entregarlos”.

Contesté dando el precio y añadí que entregaríamos los folletos en dos años. Nuestros talleres eran entonces muy pequeños y cien mil folletos nos parecían una enormidad.

El resultado fue que hube de autorizar al señor Daniels para que reimprimiera el artículo como quisiera. Así fue que se imprimió millón de ejemplares, en forma de folleto.

Por dos o tres veces más los reprodujo el señor Daniels, en cantidades de medio millón y más de dos cientos periódicos y revistas lo reprodujeron también. Posteriormente fue traducido a todas las lenguas.

Cuando el Señor Daniels distribuía el “Mensaje a García”, estaba aquí el Príncipe Hilakoff, Director de los Ferrocarriles de Rusia. Era huésped del Ferrocarril Central de Nueva York y el señor Daniels lo acompaño en su viaje a través del país. El príncipe vio el articulo y se intereso por el, probablemente no por otra cosa que por estarlo distribuyendo en tan grande escala el señor Daniels. Sea de ello lo que se quiera, cuando regreso a su país, lo hizo traducir al ruso y dio un ejemplar a cada empleado de los ferrocarriles de Rusia.

Otros países siguieron el ejemplo y de Rusia paso a Alemania, a Francia, a España, a Turquía, al Indostán y China.

Durante la guerra entre Rusia y el Japón, cada soldado llevaba consigo un ejemplar del “Mensaje a García”. Los japoneses encontraron estos folletos en manos de los prisioneros y, pensando que tenían algún mérito, los tradujeron al japonés. Y por orden del Mikado se dio un ejemplar a cada empleado del gobierno japonés, civil o militar.

“Un Mensaje a García” ha sido impreso, pues, en mas de cuarenta millones de ejemplares, suma que jamás ha alcanzado publicación alguna, quizá gracias a una serie de incidentes afortunados.

Un Mensaje a García

Hay en la historia de Cuba un hombre que destaca en mi memoria como Marte en Perihelio.
A
l estallar la guerra entre los Estados Unidos y España, era necesario entenderse con toda rapidez con el jefe de los revolucionarios de Cuba.
En aquellos momentos este jefe, el general García, estaba emboscado en las esperanzas de las montañas, nadie sabio donde. Ninguna comunicación le podía llegar ni por correo ni por telégrafo. No obstante, era preciso que el presidente de los Estados Unidos se comunicara con el. ¿Que debería hacerse?

Alguien aconsejo al Presidente: “Conozco a un tal Rowan que, si es posible encontrar a García, lo encontrará”.

Buscaron a Rowan y le entregó la carta para García.

Rowan tomó la carta y la guardó en una bolsa impermeable, sobre su pecho, cerca del corazón.

Después de cuatro días de navegación dejo la pequeña canoa que le había conducido a la costa de Cuba. Desapareció por entre los juncales y después de tres semanas se presento al otro lado de la isla; había atravesado a pie un país hostil y había cumplido su misión de entregar a García el mensaje del que era portador.

No es el objeto de este artículo narrar detalladamente el episodio que he descrito a grandes rasgos. Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: McKinly le dio a Rowan una carta para que la entregara a García, y Rowan no preguntó: “¿En donde lo encuentro?”

Verdaderamente aquí hay un hombre que debe ser inmortalizado en bronce y su estatua colocada en todos los colegios del país.

Porque no es erudición lo que necesita la juventud, ni enseñanza de tal o cual cosa, sino la inculcacion del amor al deber, de la fidelidad a la confianza que en ella se deposita, del obrar con prontitud, del concentrar todas sus energías; hacer bien lo que se tiene que hacer. “Llevar un Mensaje a García”.

El general García ha muerto; pero hay muchos otros Garcías en todas partes.

Todo hombre que ha tratado de llevar a cabo una empresa para la que necesita la ayuda de otros, se ha quedado frecuentemente sorprendido por la estupidez de la generalidad de los hombres, por su incapacidad o falta de voluntad para concentrar sus facultades en una idea y ejecutarla.

Ayuda torpe, craso descuido, despreciable indiferencia y apatía por el cumplimiento de sus deberes; tales y ha sido siempre la rutina. Así, ningún hombre sale adelante, ni se logra ningún éxito si no es con amenazas y sobornando de cualquier otra manera a aquellos cuya ayuda es necesaria.

Lector amigo, tu mismo puedes hacer la prueba.

Te supongo muy tranquilo, senado en tu despacho ya tu alrededor seis empleados dispuestos todos a servirte. Llama a uno de ellos y hazle este encargo: “Busque, por favor, la enciclopedia y hágame un breve memorándum acerca de la vida del Correggio”.

¿Esperas que tu empleado con toda calma te conteste: “Si, señor”, y vaya tranquilamente a poner manos a la obra?

¡Desee luego que no! Abrirá desmesuradamente los ojos, te mirara sorprendido y te dirigirá una o más de las siguientes preguntas:

¿Quien fue?

¿Cual enciclopedia?

¿Eso me corresponde a mí?

Usted quiere decir Bismarck, ¿no es así?

¿No seria mejor que lo hiciera Carlos?

¿Murió ya?

¿No seria mejor que le trajera el libro para que usted mismo lo buscara?

¿Para que lo quiere usted saber?

Apuesto diez contra uno, a que después de haber contestado a tales preguntas y explicado como hallar la información que deseas y para que la quieres, tu dependiente se marchara confuso e ira a solicitar la ayuda de sus compañeros para ‘encontrar a García’. Y todavía regresara después para decirte que no existe tal hombre. Puedo, por excepción, perder la apuesta; pero en la generalidad de los casos, tengo muchas probabilidades de ganarla.

Si conoces la ineptitud de tus empleados, no te molestaras en explicar a tu “ayudante”, que Correggio se encuentra en la letra C y no en la K. Te limitaras a sonreír e iras a buscarlo tu mismo.

No parece sino que es indispensable el dudoso garrote y el temor a ser despedido el sábado mas próximo, para retener a muchos empleados en sus puestos. Cuando se solicita un taquígrafo, de cada diez que ofrezcan sus servicios, nueve no sabrán escribir con ortografía y algunos de ellos consideraran este conocimiento como muy secundario.

¿Podrá tal persona redactar una carta a García?

--¿Ve usted este tenedor de libros? --me decía el administrador de una gran fabrica.

--Si, ¿por que?

--Es un gran contador, pero si le confió una comisión, solo por casualidad la desempeñara con acierto. Siempre tendré el temor de que en el camino se detenga en cada cantina que encuentre y cuando llegue a la Calle Real, haya olvidado completamente lo que tenia que hacer.

¿Crees, querido lector, que a tal hombre se le puede confiar Un Mensaje para García?

A ultimas fechas es frecuente escuchar que se excita nuestra compasión para los enternecedores lamentado de los desheredados, esclavos del salario, que van en busca de un empleo. Y esas voces a menudo van acompañadas de maldiciones para los que están “arriba”.

Nadie compadece a el patrón que envejece antes de tiempo, por esforzarse inútilmente para conseguir que el aprendiz chambón ejecute bien un trabajo. Ni nos ocupamos del tiempo y paciencia que pierde en educar a sus empleados para que estén en aptitud de realizar su trabajo, empleados que flojean en cuanto vuelve la espalda.

En todo almacén o fabrica se encuentran muchos zánganos, y el patrón se ve obligado a despedir a sus empleados todos lo días, pero no lo hacen por que la probabilidad de reemplazarlos con otro holgazán es la realidad – también impiden los reglamentos y la burocracia, los sindicatos, etc.

Esta es invariablemente la historia que se repite en tiempos de abundancia. Pero cuando por efecto de las circunstancias, escasea el trabajo, el jefe tiene oportunidad de escoger cuidadosamente y de señalar la puerta a los ineptos y a los holgazanes.

Por propio interés, cada patrón procura conservar lo mejor que encuentra; es decir, a aquellos que pueden llevar Un Mensaje a García.

Conozco un individuo que se halla dotado de cualidades y aptitudes verdaderamente sorprendentes; pero que carece de la habilidad necesaria para manejar sus propios negocios y que es absolutamente inservible para los demás. Sufre la monomanía de que sus jefes lo tiranizan y tratan de oprimirlo. No sabe dar órdenes, no quiere recibirlas.

Si se le confía Un Mensaje a García, probablemente contestaría: “llévelo usted mismo”

Actualmente este individuo recorre las calles en busca de trabajo, sin más abrigo que un deshilachado saco por donde el aire se cuela silbando. Nadie que lo conozca acceda a darle empleo. A la menor observación que se le hace monta en cólera y no admite razones; seria preciso tratarlo a puntapiés, para sacar de el algún partido.

Convengo de buen grado en que un ser tan deforme, bajo el punto de vista moral, es digno cuando menos de la misma compasión que nos inspira un lisiado físicamente. Pero en medio de nuestro filantrópico enternecimiento, no debemos olvidar derramar una lagrima por aquellos que se afanan al llevar a cabo una gran empresa; por aquellos cuyas horas de trabajo son ilimitadas, pues para ellos no existe el silbato; por aquellos que a toda prisa encanecen, a causa de la lucha constante que se ven obligados a sostener contra la mugrienta indiferencia, la andrajosa estupidez y la negra ingratitud de los empleados que, si fuera por el espíritu emprendedor de estos hombres, se verían sin hogar y acosados por el hambre.

¿Son demasiados severos los términos en que acabo de expresarme? Tal vez si. Pero cuando todo mundo ha prodigado su compasión por el proletario inepto yo quiero decir una palabra de simpatía hacia el hombre que ha triunfado, hacia el hombre que, luchando con grandes obstáculos, ha sabido dirigir los esfuerzos de otros, y después de haber vencido, se encuentran con que lo que ha hecho no vale nada; solo la satisfacción de haber ganado su pan.

Yo mismo he cargado la portaviandas y trabajo por el jornal diario; y también he sido patrón de empresa, empleado “ayuda” de la misma clase a que me he referido, y se bien que hay argumentos por los dos lados.

La pobreza en si, no reviste excelencia alguna. Los harapos no son recomendables ni recomiendan por ningún motivo. No son todos los patrones rapaces y tiranos, ni tampoco todos los pobres son virtuosos.

Admiro de todo corazón al hombre que cumple con su deber, tanto cuando esta ausente el jefe, como cuando esta presente. Y el hombre que con toda calma toma el mensaje que se le entrega para García, sin hacer tontas preguntas, ni abrigar la aviesa intención de arrojarlo en la primera atarjea que encuentre, o de hacer cualquier otra cosa que no sea entregarlo, jamás encontrará cerrada la puerta, “Ni necesitará armar huelgas para obtener un aumento de sueldo”.

Esta es la clase de hombres que se necesitan y a la cual nada puede negarse. Son tan escasos y tan valiosos, que ningún patrón consentiría en dejarlos ir.

A un hombre así se le necesita en todas las ciudades, pueblos y aldeas, en todas las oficinas, talleres, fábricas y almacenes. El mundo entero clama por el, se necesita, ¡¡urge… el hombre que pueda llevar un mensaje a García!!

Helbert Hubbard

martes, 15 de marzo de 2016

Competencias globalizadas a la hora de emprender.


Igualmente, el mercado es distinto y los recursos también deberán serlo para satisfacer al mercado cada día más exigente en calidad de servicio y costo del mismo.Hoy en día gracias a la globalización, contamos con mucha información en forma permanente. 

Esto nos lleva a implementar y crear nuevas maneras de emprender, de llevar adelante nuevos proyectos y de necesitar nuevas habilidades en la gestión de los recursos.

Los emprendedores deben adaptarse, anticiparse a los cambios, este factor de anticipación es el que ayuda a tomar las decisiones correctas.

Cuando le preguntaron a Wayne Gretzky, leyenda del hockey canadiense, el porqué de su extraordinaria habilidad como jugador, él respondió: “La mayoría de las personas patinan hacia donde esta el disco…Yo patino hacia donde el disco va a estar”. 

Las actitudes personales de los emprendedores cobran mayor peso en el desarrollo de su proyecto que en épocas anteriores, ya que no sólo importan las habilidades técnicas como antes. 

Un negocio no es una mera acumulación de tareas, hoy en día se tiene en cuenta otras competencias, como son las características del emprendedor que está relacionada con su forma de desarrollar su proyecto. 

Hoy en día a nivel mundial se necesita:

1. Capacidad para aprender. Las personas que poseen ésta habilidad se caracterizan porque: 
- Captan y asimilan con facilidad conceptos y nueva información. 
- Realizan capacitación permanente. 
- Tienen espíritu investigativo. 
- El conocimiento que poseen lo ponen al servicio de su trabajo. 

2. Iniciativa propia. Autonomía, independencia.

3. Compromiso con el trabajo.

4. Tolerancia a la presión. Tienen recursos para soportarla y manejarla.

5. Visión Global. Visión global del negocio y de su propia área.

6. Vocación de Servicio. Orientación al cliente y a resultados. Las personas que poseen este valor se caracterizan porque: 
- Poseen un trato cordial y amable. Son empáticos, se pueden poner en lugar del otro.
- Se interesan por el cliente como persona y se preocupan por entender sus necesidades y darles una solución.
- Exceden las expectativas de los clientes.

7. Creatividad e Innovación. Las personas que poseen esta habilidad se caracterizan porque: 
- Proponen y encuentran formas nuevas y eficaces de hacer las cosas. 
- Son prácticos y actúan, entran en actividad.
- Buscan nuevas alternativas de solución.

8. Rapidez en la búsqueda de soluciones. Detectar el problema y buscarle enseguida una solución muchas veces con más de una alternativa. 

9. Capacidad de Decisión. Pensar rápidamente y anticipar tendencias.

10. Sentido Común.

Pero sobre todo, Entusiasmo. Quieren lo que hacen y lo demuestran, tienen energía y pasión por lo que hacen. Ponte en Marcha!

sábado, 7 de noviembre de 2015

La multitarea, rival del rendimiento En aras de la eficiencia, lo mejor es hacer una sola cosa a la vez.

Confiados multiatareados del mundo, ¿podríais prestarme atención? ¿Pensáis que podéis hacer malabarismos entre llamadas telefónicas, correos electrónicos, mensajes instantáneos y trabajo por ordenador a fin de hacer más cosas en un mundo hambriento de tiempo? Seguid leyendo, preferiblemente apartándoos por un momento del ruido de la parafernalia digital. 

Varias investigaciones aportan pruebas sobre los límites de la realización de múltiples tareas. Los resultados, de acuerdo con neurocientíficos, psicólogos y profesores de gestión empresarial, indican que muchos harían mejor en aminorar su comportamiento multitarea mientras trabajan en un despacho, estudian o conducen.

Estos expertos ofrecen ciertos consejos básicos. Revisar el correo electrónico una vez por hora, como máximo. Escuchar música suave y relajante durante el estudio puede mejorar la concentración. Pero otras distracciones —la mayoría de las canciones con letra, la mensajería instantánea, los programas de televisión— disminuyen el rendimiento. Hablar por el móvil mientras se conduce, incluso con un manos libres, es mala idea. En resumen, la respuesta parece consistir en administrar adecuadamente la tecnología, en lugar de rendirse sin más a su incesante llamada. 

"La multiplicidad de tareas hace que uno avance más lento, y multiplica la posibilidad de cometer errores", "Las interferencias y las interrupciones aminoran la capacidad de asimilar información". 

El cerebro humano, con sus cientos de miles de millones de neuronas y sus cientos de billones de conexiones sinápticas, parece una central cognitiva. "Pero una de sus limitaciones básicas es la incapacidad para concentrarse en dos cosas al mismo tiempo". 

Marois y otros tres investigadores de Vanderbilt narran, en un artículo publicado en la revista Neuro, que usaron imágenes por resonancia magnética para localizar el obstáculo en el cerebro y medir cuánta eficacia se pierde al intentar hacer dos cometidos al mismo tiempo. A los participantes del estudio se les dieron dos tareas y se les pidió que respondieran a sonidos e imágenes. La primera era pulsar la tecla correcta en un teclado de ordenador al oír uno de ocho sonidos. La segunda era pronunciar la vocal correcta después de ver una de ocho imágenes. 

Los investigadores dicen que no veían ningún retraso si a los participantes realizaban cada tarea por separado. Pero sí descubrieron que la respuesta a la segunda tarea se retrasaba hasta un segundo cuando hacían ambas a la vez. Naturalmente, en muchas tareas diarias, un segundo perdido carece de importancia. Pero algo que se deduce de la investigación de Vanderbilt, dice Marois, es que hablar por teléfono mientras se conduce es peligroso. A 100 kilómetros por hora, un segundo de retraso en el tiempo de respuesta podría ser mortal. 

"Tenemos la impresión de que el cerebro puede hacer más de lo que a menudo es capaz",. 

Los jóvenes, de acuerdo con la idea convencional, son los más aptos para compaginar tareas. Sólo hay que observar a los adolescentes y trabajadores veinteañeros enviando correos electrónicos, chateando y escuchando su iPod, todo al mismo tiempo. Una investigación reciente del Institute for the Future of the Mind, de la Universidad de Oxford, indica que la percepción popular es cuestionable. Se dio a un grupo de 18-21 años y a un grupo de 35-39 años, 90 segundos para traducir imágenes a números mediante un sencillo código. Los jóvenes obtuvieron un resultado un 10% mejor cuando no se les interrumpía. Pero cuando ambos grupos eran interrumpidos por una llamada telefónica, un SMS o un mensaje instantáneo, el grupo de más edad igualaba al joven en velocidad y precisión. 

"Los mayores piensan con más lentitud, pero tienen una inteligencia más rápida y fluida, de modo que son más capaces de bloquear las interrupciones y escoger en qué centrarse", comenta Martin Westwell, subdirector del instituto. Westwell tiene 36 años, y por lo tanto debería llevar mejor las interrupciones. Pero ha modificado sus hábitos laborales desde que finalizó el proyecto de investigación en febrero. "Reviso mi correo electrónico con mucha menos frecuencia", dice. "Las interrupciones pueden despistarlo a uno". En un estudio reciente, un grupo de trabajadores de Microsoft necesitaban, de media, 15 minutos para volver a tareas mentales serias, como redacción de informes o códigos informáticos, después de responder a los correos o a los mensajes instantáneos entrantes. Se entretenían respondiendo a otros mensajes u ojeando webs informativos, deportivos o de ocio. 

"Me sorprendió la facilidad de distracción y cuánto tiempo les llevaba volver a centrarse en su tarea", comenta Eric Horvitz, científico investigador de Microsoft y coautor, con Shamsi Iqbal de la Universidad de Illinois, de un artículo sobre el estudio que se publica este mes. "Si es así de malo en Microsoft", añade Horvitz, "también debe serlo en otras empresas". 

La productividad perdida por trabajadores con un exceso de tareas no puede medirse con precisión, pero probablemente sea mucha. Jonathan B. Spira, analista jefe de Basex, empresa de investigación empresarial, calcula que el coste de las interrupciones para la economía estadounidense es de 500.000 millones de euros al año. Pero investigadores universitarios y empresariales afirman poder ayudar. Exploraciones cerebrales, algoritmos de redes sociales y otras herramientas nuevas deberían proporcionar un conocimiento más profundo sobre los límites y el potencial del cerebro. 

Eso enseñará a los que trabajan en grupo a gestionar la sobrecarga de comunicaciones digitales. El nuevo Instituto para la Innovación y la Productividad de la Información, entre cuyos patrocinadores están Hewlett-Packard, Microsoft y Johnson & Johnson, investiga cómo crear una tecnología, como sensores o programas inteligentes, para hacer de "vigilantes del tiempo" de los trabajadores. 

Lo inteligente es hacer solo una cosa a la vez y terminarla. Ponte en Marcha!


sábado, 18 de julio de 2015

Alcanzando la Excelencia


Desde hace algunos años nos hemos esforzado día tras día en ser mejores profesionales dentro de nuestras organizaciones. Recurrimos desde hace algún tiempo atrás a diversas técnicas, herramientas, procesos y métodos que avalados por autores reconocidos a nivel mundial nos han mostrado parte del camino que debemos recorrer para distinguirnos y hacernos sentir por nuestro aporte efectivo, entusiasta y prometedor.

Durante el año 2015 debemos identificar y reafirmar algunos valores y principios que pueden favorecer nuestro camino al éxito y potenciar todas aquellas cosas que consideramos importante conseguir para nosotros y para el equipo que nos rodea. Quiero compartir contigo algunos valores que particularmente considero serán trascendentales en los próximos años.

Excelencia: Sin duda, debemos creer en el principio de perfectibilidad de cualquier ser humano. No existen barreras más allá de las que decidamos tener a nivel personal, familiar, profesional y organizacional. Buscar ser cada día mejores a través de la reflexión compartida con otros y el seguimiento constante de nuestras acciones es un reto importante para el tercer milenio, los triunfadores solitarios son cosa del pasado.

Proactividad: La circunstancia ideal, NO EXISTE. Seremos líderes de excelencia si nos mantenemos por encima de las circunstancias que nos rodean. Este es realmente lo que nos hace diferente de los eternos perdedores, si tienes uno cerca en este momento, obsérvalo, no pierde oportunidades para responsabilizar a otros o a situaciones de lo que sucede a su alrededor. Debemos practicar día a día el querer hacer las cosas versus el tener que hacerlas, buscando nuestra libertad de decidir y hacernos responsables de nuestras acciones. 

Integridad: Seria importante para todos el hecho que valoremos como un equipo la congruencia entre lo que se piensa, lo que se siente y se hace. Hay que asociarse, aliarse y establecer relaciones solo con quien demuestre claridad y coherencia entre estos tres elementos, quien tenga dificultades acá podemos ayudarlo, pero, siguiendo muy de cerca los resultados de sus acciones, la integridad como valor esta asociada a nivel mundial a la producción de bienestar personal, organizacional y social. 

Creatividad: Para la obtención del triunfo empresarial en el tercer milenio, la creatividad será la diferencia para aquellas organizaciones que enfrenten los desafíos como retos estimulantes, debemos decidir ser creativos, la capacidad la tenemos todos en nuestro cerebro por igual. La historia contemporánea ha demostrado que es necesario e importante tomar en cuenta las ideas de cualquier persona dentro de nuestro equipo, familia y organización. 

Innovación: Debe movernos de ahora en adelante, la creación constante de nuevas alternativas personales y organizacionales que contribuyan al logro de la excelencia. Realicemos esfuerzos importantes para romper con lo ya establecido, buscando mejorar hoy los resultados del día de ayer. Declaremos la guerra a la rutina, comienza por identificar que cosas haces igual desde algún tiempo atrás y rétate hoy a hacerlo diferente y mejor. 
 
Sinergia: Ten presente que somos un sistema y toma conciencia de la importancia de cada uno de nosotros en él. Busca que todos ganen en las relaciones y escenarios donde te desenvuelvas, y plantéate la confianza como el resultado de creer y predecir acertadamente el actuar de quienes te rodean. Recuerda, ¡Uno para todos y todos para uno!. 

Prosperidad: Debemos buscar ser generadores de riqueza económica, social y espiritual en nosotros y en aquellos que se benefician de nuestras acciones. Busca siempre que la prosperidad no sea un discurso para el futuro, esfuérzate para que sea una condición del presente en todos los que te acompañan en esta carrera hacia la excelencia. 
 
Estos valores unidos a los que día a día demuestras con tus acciones y que sin duda son importantes para ti, te aseguran un lugar en el equipo de triunfadores. 

Tu decides! Ponte en Marcha en busca de la excelencia.