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viernes, 4 de agosto de 2017

Decidí emprender y esto aprendí, ...


Y así, un día como cualquier otro, decidí emprender. 
Decidí no esperar a las oportunidades, sino buscarlas yo mismo. 
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar la solución. 
Decidí ver cada desierto, como la oportunidad de encontrar un oasis. 
Decidí ver cada noche, como un misterio a resolver. 
Decidí ver cada día, como una nueva oportunidad de ser feliz. 
Aquel día descubrí que mi único rival, no eran más que mis propios miedos. 
Aquel día dejé de temer a perder, y empecé a temer no ganar. 
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. 
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo". 
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. 
Por eso, desde aquel día, ya no duermo para descansar. 
Ahora duermo simplemente para soñar. 
No pierdas la esperanza, sobretodo, en los tiempos difíciles ... 

Decídete, aprende y Ponte en Marcha!

miércoles, 19 de agosto de 2015

Emprender es como boxear.


El boxeo es un deporte de alto contacto físico, caracterizado por los combates cuerpo a cuerpo por medio de los golpes. Es un deporte donde la fuerza, la velocidad y la resistencia física están presentes, y en el que los participantes pueden afectar seriamente al contrincante y ser afectados de igual manera. A fin de cuentas, el boxeo es un deporte de combate, donde el peligro es cierto y el daño irreparable es una posibilidad.

El boxeo es una metáfora muy interesante de la vida del emprendedor, porque emprender a veces consiste en levantarse, en no rendirse y, si te tumban, volverte a levantar. Si no tienes mentalidad de boxeador con capacidades de recibir golpes, vas a caer rápido K.O. en el ring del emprendimiento.

Cada proyecto, cada salto al ring dejando una empresa como asalariado para independizarte, cada reunión con proveedores, clientes, socios, equipo o inversores, cada presentación pública o cada decisión importante en la empresa, son como el preliminar de un combate.

Saltar al ring del emprendimiento es sin embargo una opción en la mayoría de las ocasiones, y no puedo imaginar paradigma de riesgo más claro que el del autónomo, emprendedor y pequeño empresario de este país, cuyas únicas cuerdas de protección contra el impacto son las formadas por el entusiasmo, la osadía y el propio esfuerzo. 
 
Lo que una buena estrategia de negocio y el deporte del boxeo tienen en común son las tácticas de la atención, la precisión y la conexión.

En el boxeo, tienes que fijar la atención en las almohadillas o la bolsa que tienes colgando delante sin descanso. Si pierdes la concentración, no darás en el blanco. No puedes dejar que nada de lo que haya a tu alrededor te distraiga.

Para crear una estrategia de negocio, tienes que centrarte en tu público. Primero, tienes que identificar con claridad quiénes son tus clientes. No debes dejarte distraer por los demás o tratar de incluir a demasiadas personas en tu grupo de clientes. Es importante ceñirse al objetivo.

Tienes que poder visualizar claramente tú objetivo y después tienes que mantener tu atención en tu meta en todo momento.

Cuando boxeas, antes de poder lanzar un puñetazo eficaz, tienes que entender cómo mover el cuerpo correctamente y conocer los puntos específicos de la bolsa que quieres golpear.

Para crear una estrategia de negocio, antes de poder conectarte con eficacia con posibles clientes, es necesario entender qué problemas específicos vas a resolver para esta población.
Tienes que identificar cuáles son sus inquietudes, deseos o necesidades insatisfechas y qué cosas les puedes mejorar o cambiar con lo que vendes.

Cuando puedas definir con precisión cómo vas a despertar su interés y cómo tu producto puede afectar aportar valor añadido o lo que es lo mismo solucionar un problema, entonces y solo entonces estarás en una posición perfecta para venderles algo. 

En el boxeo, cuando lanzas un puñetazo limpio haciendo contacto perfecto con la bolsa, se produce un sonido único e inconfundible. 

En una estrategia de negocio, cuando usas las palabras y las imágenes acertadas para comunicarte con tus clientes, se produce una conexión inconfundible con tu proyecto o empresa. Lograrás a que se identifiquen contigo y con lo que les ofreces.

Como a boxear, perfeccionar el arte de emprender se puede entrenar y aprender.

Puedes ponerte unos guantes perfectamente ajustados, fijar tu atención y lanzar un golpe limpio o puedes ponerte simplemente a dar puñetazos al azar.

En el boxeo, una de las cosas que se aprenden, es a levantarte si te tira el contrario. Se da por echo que antes o después caerás, y lo importante es que esa caída no te suponga perder el combate. 

Emprendedor, prepárate para boxear y que te tumben. Pero también para tener la fuerza para levantarte y triunfar como un héroe.

En este sentido es importante que tomemos conciencia de la alta probabilidad de que todos nuestros planes no salgan bien, que no tengamos éxito en todo aquello que emprendamos, y que lo importante es que saquemos partido incluso de esos fallos, ya que “no importa que falles, pero la siguiente falla mejor”.

El emprendedor como un deportista de competición, actúa por instinto, por pasión, por metas, por algo que no se puede explicar y que le hace estar por encima de sus miedos y de sus fracasos.

El emprendedor tiene hambre, mucha hambre, no se rinde ante nada aunque tenga miedo y es tremendamente competitivo.

El emprendedor pelea diariamente con su entorno, con su competencia, con los mercados y entrena constantemente y se prepara, leyendo, estudiando, observando, probando, experimentando y creando equipo y alianzas.

Tirar la toalla.
Desde la esquina, el equipo de apoyo puede tirar la toalla si lo cree prudente para el cuidado del púgil; esto significa que el entrenador puede detener la pelea por completo en el momento que arroja su toalla, (la cual por lo general es blanca) o esponja, para señalar al arbitraje de esta decisión. Por lo que la frase “tirar la toalla” es equivalente a darse por vencido.
La decisión de arrojar la toalla hacia el centro de la lona, y por consiguiente detener de inmediato la pelea aceptando la derrota, recae en la prudencia del equipo de apoyo del boxeador, y es una decisión que se respeta y se mantiene como resultado final a pesar de que el boxeador participante no esté de acuerdo con ello.

Es ahí donde entra en juego la capacidad para encajar los golpes de ego. Hay emprendedores que, pese a contar con amplios conocimientos y experiencia, se niegan a admitir que su planteamiento es erróneo e insisten en seguir por el mismo camino, obviando las críticas y la realidad del mercado, y entonces otros tirarán la toalla por ti.

Otros, en cambio, valoran como positivo haberse equivocado pronto y buscan la manera de pivotar rápidamente y solucionar esas tareas pendientes. 

Ser “novato” es siempre complicado y más cuando la bisoñez hace de las suyas en las arenas movedizas del emprendimiento. ¿Por qué fracasan algunos emprendedores primerizos? Hay muchas posibles respuestas, pero lo cierto que muchos emprendedores se lanzan al ringdel emprendimiento demasiado “verdes” sin evaluar la viabilidad de su proyecto y quedando KO en el primer intercambio de golpes.

No tires la toalla y Ponte en Marcha!

lunes, 13 de julio de 2015

La importancia de la toma de decisiones en la correcta administración del tiempo.

Lo bien o mal que gestionamos nuestro tiempo en la vida viene determinado por las decisiones que tomamos cada día. Decisiones para decir sí o no. Para empezar un proyecto ahora o para dejarlo para más tarde. Para interrumpir el trabajo y tomar un café o para continuar hasta completarlo. Para escribir nuestras ideas y cosas importantes o para dejarlo todo en nuestra cabeza. Para enfadarnos ante situaciones de estrés o para mantener la calma. 

Cada persona toma decisiones sobre: de que manera planifica su tiempo, con que herramienta lo hace, el papeleo que decide guardar, los libros que desea leer, la comida que come, las personas con las que se asocia, la clase de amigos que tiene. Toma decisiones sobre la manera en que pasa sus fines de semana, y cada momento de su tiempo libre. 

Generalmente, son muchas las personas que constantemente justifican su falta de tiempo echándole la culpa a los demás. Al jefe por haberles dado demasiado trabajo. A los compañeros de trabajo por interrumpirle con tanta frecuencia. A los empleados porque no son lo suficientemente hábiles trabajando... 

Si de verdad deseamos de una vez por todas tomar el control del tiempo en nuestras vidas, lo primero que hemos de hacer, es tomar conciencia de que somos nosotros mismos, en base a nuestras decisiones, quienes marcamos como lo usamos en cada instante de nuestra vida. El verdadero significado de la palabra responsabilidad es habilidad para responder. Debemos esforzarnos por responder adecuadamente a cada situación que se nos presenta tratando de tomar las decisiones más adecuadas. 

Si tu objetivo es terminar un determinado informe hoy antes de las cinco de la tarde, tus decisiones han de respaldar ese compromiso. Si alguien llega solicitando quince minutos de su tiempo, emplácele a reunirse contigo después de las cinco de la tarde. Se consecuente con el objetivo que te has fijado y toma las decisiones en base a tu compromiso. Otras decisiones que puede que sean necesarias para lograr ese objetivo que te ha propuesto pueden ser: conectar el contestador automático de tu teléfono para evitar llamadas inoportunas, cerrar la puerta de tu oficina dando aviso de que no te molesten, delegar otros trabajos menos importantes que no te permitan enfocarte totalmente en su proyecto, evitar con tu disciplina interrumpir a medias tu trabajo, etc… 
 
En resumen, si decides terminar un proyecto, y has hecho de eso tu objetivo más importante para ese día, podrás hacerlo si haces que todas tus decisiones a lo largo del día apoyen ese compromiso. Pero con frecuencia, establecemos un objetivo para hacer algo, y simplemente perdemos el rumbo hacia ese objetivo tomando algunas decisiones incoherentes a lo largo del día que nos impiden realizarlo. Si lo has decidido, ¡hazlo!, Ponte en Marcha!

Muy unido a esto está el problema que tienen muchas personas por su incapacidad para decir “no” a algo, a pesar de que saben que es algo que deberían declinar. Has de tomar conciencia de que decir que “Si” a algo a lo que deberías decir que “No” es una de las formas de comportamiento más frustrantes que existen, ya que lo que estás haciendo realmente es perder el tiempo en algo que no quieres hacer en lugar de dedicarlo a aquello que realmente merece tu atención y tu esfuerzo. Toma de una vez por todas conciencia de que eres el responsable de cómo estás utilizando tu tiempo en base a las decisiones que tomas en cada instante de tu vida. Si no te gusta como lo estás haciendo hasta ahora, simplemente cambie el tipo de decisiones que estás tomando, y pon tu vida en el rumbo adecuado utilizando ese increíble poder que posees. 

Cuando no se toman las decisiones por uno mismo de manera consciente, es como tener la sensación de que nuestra vida está controlada por los acontecimientos o por otras personas. No hay nada peor que tener la sensación de que no tenemos opciones. Muchas personas utilizan constantemente en su mente afirmaciones como: “Me resulta imposible terminar nada” “Nunca consigo encontrar tiempo para mi” “Siempre tengo que trabajar hasta tarde”· Este tipo de expresiones son derrotistas, y le garantizo que no le llevarán a ninguna parte. Simplemente le harán sentirse como incapaz de lograr el control de su vida. 

Rompe esa dinámica negativa. No te permitas creer que las cosas no tienen solución. Toma decisiones poderosas, aunque a veces esas decisiones impliquen riesgos. Si estás absolutamente cansado de hacer constantemente horas extras, solo para encontrar que no te las valoran, toma la decisión de cambiar esa situación. Puede que eso conlleve un riesgo de pérdida de su trabajo. ¿Pero no es peor perder la vida en algo que no te aporta nada de realización, que perder un simple trabajo? Lo que quiero decirle es que tomes conciencia de que tu tienes el control en base a la capacidad de decisión que posees. 

La administración eficaz del tiempo es mucho más que simplemente utilizar una agenda y planificar unas tareas lo más eficientemente posible. Es fundamentalmente el proceso de tomar las decisiones adecuadas en cada momento. Aquellas que nos lleven a avanzar más firmemente hacia nuestros mayores objetivos. Pregúntate constantemente: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo en este instante? Y a continuación, actúa en consecuencia.

Toma decisiones, administra eficazmente el tiempo y Ponte en Marcha!

miércoles, 17 de junio de 2015

El emprendedor y la selección de ideas y oportunidades. Cómo tomar decisiones


Elegir la idea/oportunidad adecuada.
Ha llegado el momento en el que has recopilado suficiente información y has elaborado una lista de las ideas/oportunidades disponibles. Ahora, sólo falta decidir cuál es la mejor. En algunos casos, al llegar a este punto, estará claro cuál es la idea/solución idónea. De no ser así, lo más probable es que tengas dos o tres favoritas y hayas descartado el resto.
El método ideal para dar con la decisión/solución óptima es seguir el criterio de la eliminación. Imaginemos que, de entrada, dispusieses de seis o siete ideas/oportunidades.
Durante la preparación, es decir, la recopilación de datos y la consulta a los demás, habrás reducido la lista a tres o cuatro ideas/oportunidades viables. A continuación, tendrás que ir repasando cada idea/oportunidad y descartando progresivamente las que consideres menos interesantes. No tardarás en tener una única idea/oportunidad o tal vez dos.

Evita los prejuicios. Al valorar las distintas ideas/oportunidades haz un esfuerzo por dejar a un lado los prejuicios personales. De lo contrario, podrías inclinarte por una idea/oportunidad simplemente por ser la que se te ocurrió a ti. O puede que te incomoden ciertas soluciones porque no favorecerían a tu proyecto.
Olvida tus preferencias personales.

Valorar las ideas/opciones.
Cuando tengas varias ideas/oportunidades y no sepas por cual decidirte, te aconsejamos que valores los puntos positivos y los negativos de cada una de ellas.
Analiza cada posible decisión/solución por separado para descubrir sus virtudes y sus defectos. Consulta las notas que tomaste durante la recopilación de datos (o el resumen de los mismos) para conocer los detalles relevantes. No olvides escribir tu objetivo en una hoja y tenerla a mano durante el proceso de selección para comprobar que la idea/oportunidad elegida es acorde con éste.
Uno de los aspectos que has de valorar es el riesgo y las ventajas de cada una de las alternativas. No podrás saber qué idea/opción es la más indicada si desconoces las consecuencias que tendrá su aplicación. Eso implica valorar los puntos en contra pero también los que tenga a favor. La fórmula más sencilla para lograrlo sería imaginar lo peor y lo mejor que podría ocurrir.

El peso.
No se trata de considerar cada idea/oportunidad aislada, tienes que tener en cuenta qué peso tienen una y otra. Por ejemplo, merece la pena correr un gran riesgo si las ventajas que podrías obtener son igualmente importantes. Por supuesto, si lo peor que podría ocurrir es que algunos de los emprendedores acaben entre rejas, no puedes plantearte esta opción independientemente de las ventajas que pudiese suponer si todo saliese bien.
De hecho, si el riesgo potencial es excesivamente elevado a menudo no merece la pena arriesgarse. Pero no hay regla sin excepción: en ocasiones, asumir un riesgo considerable es la única vía para lograr una ventaja importante.

Probabilidad.
Es evidente que a la hora de calibrar lo mejor y lo peor que podría ocurrir al tomar una decisión es indispensable conocer las probabilidades de que una u otra cosa se den. Si el riesgo es elevado pero es poco probable que se confirme, no hay razón para descartar esa opción. Por otro lado, las ventajas son importantes y todo parece indicar que podrían darse, la opción ganará puntos. Sin embargo, si los beneficios que podría extraer de esa alternativa no compensan el peligro que implica, la opción no será tan interesante.

Otros métodos de decisión.
Es posible que después de calibrar los riesgos y las posibles ventajas ya tengas clara tu decisión. Por lo menos, habrás reducido considerablemente las ideas/ opciones. En cuanto te des cuenta de que una idea/oportunidad no es la mejor, bórrala de la lista. No tiene por qué ser imposible o de consecuencias catastróficas, basta con que no te parezca lo mejor. Deja en la lista sólo aquellas ideas/opciones que sigan resultando interesantes. A estas alturas, no deberían quedar más de dos o tres.

Modos de decisión. Para elegir sólo una de ellas existen distintos métodos de evaluación y cada persona tiene sus preferencias. A algunos emprendedores les gusta dejarse guiar por su instinto, a otros les gusta calibrar los pros y los contras con cuidado, a unos les condicionan mucho los riesgos mientras que a otros les estimulan sobremanera las posibles ventajas y siempre ven el vaso medio lleno.
Pero ya casi no te queda tiempo y quieres tomar la decisión de una vez por todas. No estás dispuesto a complicarte la vida con métodos de evaluación complejos que implican el uso de los gráficos, de matrices llenas de números o de tablas que ocupan páginas enteras. Así que, lo mejor, será seguir alguno de los siguientes métodos.

Valorar las consecuencias.
El método de valoración de los riesgos y las ventajas se centra en los extremos de la escala de probabilidades y, en esta medida, resulta ideal como primer filtro de eliminación. Sin embargo, también debes fijarte con mayor atención en las consecuencias de cada idea/oportunidad, y no nos referimos sólo a lo que podría ocurrir en el peor o el mejor de los casos sino a las posibilidades internas.
El análisis de las consecuencias no se centra en las posibilidades sino en resultados contrastados. Para ello tienes que anotar lo que sabes que ocurrirá si eliges una u otra opción.
Divide las consecuencias en dos columnas, una para las positivas y otras para las negativas. Intenta pensar en todas las áreas en las que pueden producirse consecuencias. Por ejemplo, puede haber consecuencias:
-para la empresa.
-para el departamento.
-para ti.
-en relación al presupuesto.
-en relación a los planes de producción.
No olvides las consecuencias emocionales ya que si eres consciente de que la decisión puede afectar a alguien, inclúyelo en la lista.
Recuerda que sólo debes anotar lo que sabes que ocurrirá, no lo que piensas que podría pasar.
Céntrate en las consecuencias directas y seguras que tendría la decisión.
Este análisis resulta tan valioso como si tuvieses los resultados reales por anticipado. Y lo más probable es que después de esta segunda reflexión, hayas eliminado una o varias de las ideas/oportunidades restantes.
Elaborar una lista de los pros y los contras.
Esta técnica de pros y contras recuerda a la que acabamos de describir, pero no es la misma. No se trata de elaborar una lista de consecuencias sino de argumentos a favor y en contra. Aunque es evidente que las consecuencias tendrán mucho que ver con esos argumentos.
La lista resultante será más detallada. Pero ten en cuenta que incluirá más predicciones y menos certeza. 
Toda decisión implica cierto componente de incertidumbre. Si pretendes esperar hasta obtener una garantía total nunca tomarás la decisión, lo que puede resultar tan nefasto como lo que temes que pueda ocurrir si escoges la opción incorrecta. Procura obtener el máximo de garantías pero siempre dentro de lo razonable y, luego, lánzate.
Eso sí, aplica siempre la misma técnica de evaluación a todas las opciones. No analices las consecuencias de la opción A y los pros y los contras de la opción B.

Recuerda.  Cuando te dispongas a analizar las probabilidades de éxito de una u otra idea/opción recuerda que siempre es más fácil demostrar lo negativo que lo positivo. Dicho de otro modo, podrás alegar por qué fracasará una alternativa y, sin embargo, te será más difícil concluir que tendrá éxito. Por lo tanto, ten en cuenta que la falta de conclusiones negativas puede ser sinónimo de buenas noticias, aunque no puedas probar que la opción vaya a ser un acierto.

Involucra a los demás. En este momento seguramente estás ya a punto de saber qué idea/opción es la más conveniente. Sin embargo, si todavía te preocupa la elección, nada te impide pedir consejo a terceros. Ya consultaste a los demás a la hora de elaborar la lista de ideas/oportunidades y puedes volver a hacerlo ahora.
Lo más probable, teniendo en cuenta que el tiempo apremia, es que decidas hablar con una o dos personas. También puedes improvisar una reunión rápida con dos o tres emprendedores con experiencia. Decidas lo que decidas, intenta hablar con ellos por teléfono o cara a cara (llámales para preguntarles si creen que alguna es mejor que las otras).
Si te parece oportuno, comenta un poco con ellos la cuestión, pero recuerda que no debes perder tiempo ni malgastar el de los demás hablando por hablar. Lo ideal es que hagas la reflexión posterior tú solo. No alargues innecesariamente la reunión, diez o quince minutos son más que suficientes para que los demás hagan su aportación y te ayuden a aclarar tus ideas.

La elección final.
Has hecho lo mejor que estaba en tu mano para tomar la mejor decisión posible y lo más probable es que ya tengas claro de cuál se trata. Si después de todos los análisis realizados sigues sin poder elegir entre dos ideas/oportunidades...¡Hazlo a cara o cruz!, aunque suene un poco raro. Si no puedes elegir es porque ambas ideas/oportunidades son prácticamente igual de buenas y no importa cuál elijas. No olvides que tomar una decisión es importante y que seguir aplazando ese momento puede ser peor que equivocarse.

En esta fase del proceso puede surgir otro problema: que ninguna de las ideas/oportunidades te satisfaga. Si ninguna parece la ideal, ¿qué debes hacer? Bueno, pues opta por la que te parezca "menos mala". No es agradable, pero no te queda más alternativa. Tienes que tomar una decisión y esa, aunque un poco motivadora, no deja de ser la mejor idea/oportunidad disponible.

No olvides que siempre queda la posibilidad de decidir no hacer nada, es decir, mantener las cosas como están. Pero ten en cuenta que es preferible que decidas no hacer nada a que no hagas nada porque sigas aplazando la toma de decisión. Al decidirte permites que los demás sepan a qué atenerse y también que pueden tomar decisiones que dependían de la tuya. De modo que aunque decidas no hacer nada, comunica a los demás que esa es precisamente tu decisión.

Ahora ya sabes qué vas a decidir y sólo falta una última cosa: que te mantengas firme. Se acabaron las dudas, debes comprometerte por completo con la idea/oportunidad elegida. Sí...aunque llegases a ella lanzando una moneda al aire o porque era la "menos mala" de todas las alternativas. Si tú, que eres quien la elige, no defiendes tu postura, cómo puedes esperar que los demás lo hagan.
Has de estar totalmente convencido para poder transmitir seguridad al comunicar la decisión, que es el paso siguiente y también el que concluye la toma de decisión.
Consúltalo con la almohada. El subconsciente tiene la oportunidad de encajar las piezas del rompecabezas y darle forma. Lo más habitual es que al despertar, tengas claro lo que debes elegir. Y aunque te quede alguna duda, seguro que serán muchas menos. De modo que si puedes dejar la decisión para la mañana siguiente, hazlo.

Para la próxima vez.
Si la decisión es complicada o tiene muchas implicaciones, tendrás que dedicarle más tiempo. Es posible que después de analizar las consecuencias quieras repasarlas aplicando el criterio de "qué pasaría si..." para estar seguro de que las ideas/oportunidades que te planteas son viables.

Si dispones de tiempo podrás pensar qué harías si eso ocurriera. No dediques demasiado tiempo a pensar en qué "pasaría si..." porque lo más probable es que la mayor parte de las situaciones que barajas no se lleguen a dar, pero ese análisis te ayudará a decidir si la opción elegida es o no viable.

Siempre es bueno poder consultar con la almohada una decisión, aun la menos trascendente. Disponer de un margen de tiempo entre la decisión y el momento de comunicarla puede ser de gran ayuda. El retomar el análisis después de una pausa disipa muchas dudas sin esfuerzo. Así, siempre que te sea posible, deja un margen de uno o dos días entre el proceso de valoración y el momento de la toma de decisión final.

Analiza, toma decisiones y Ponte en Marcha!