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jueves, 1 de octubre de 2015

Empresas que matan: ¡Aprenda a reconocerlas y evitarlas!


Es un hecho, así como existen organizaciones que aprenden hay organizaciones que matan. Es un termino rudo y poco académico, pero ofrece al lector una versión directa y sin censura de lo que algunas empresas son capaces de hacer, administrativamente hablando. 

Las empresas no son entidades ajenas a la vida y a la sociedad, por el contrario la componen y la desarrollan de muchas formas pues sin ellas las comunidades vivirían en una constante monotonía y sumidas en el subdesarrollo. 

En los últimos años las empresas pasaron de ser centros de lucro y confort para sus dueños y apoderados (en el pensamiento tradicional) para abrazar un concepto de responsabilidad social que alcanza el seno familiar, por ende el termino “empresas que aprenden” no sonó extraño a la realidad administrativa, se ha comprendido que la gente es la empresa y por lo tanto en la medida que la gente aprende ésta como un todo también lo hace. 

Pero existen organizaciones donde ninguna de estas verdades contemporáneas han calado, incluso en el sentido más básico y elemental, empresas donde el trabajo es una exigencia y no una muestra de la identificación, donde se pretende contratar al talento no para que agregue valor sino para que realice una tarea al más puro estilo de una esclavitud indirecta. Esas son las empresas que matan. 

No obstante, es imperiosamente necesario ampliar el concepto de estas empresas, pues no se trata de la muerte física, como es obvio advertir, si no más bien de elementos claves para una administración exitosa. Se les denomina “empresas que matan” porque echan por tierra, a través del uso de su estilo particular, toda la experiencia acumulada de los profesionales que capta haciéndolos parecer torpes e ignorantes, aun cuando sus operaciones y resultados dejan mucho que desear. Entre otras cosas, estas empresas: 
- Matan la iniciativa y la creatividad: Desaprueban cualquier propuesta, idea o sugerencia que se les haga para cambiar, mejorar o reingeniar un proceso. Obvian las explicaciones y se concretan a manifestar que esa es la forma en que se trabaja en esa empresa, dando con ello por terminada la conversación. 
- Matan la identificación: Exponen de manera abierta y directa el maltrato a propios y a extraños, demuestran poco respeto por la gente y su personal, aún cuando su consigna es la calidad. 
- Matan los sueños y expectativas: Ponen trabas para el desarrollo personal y profesional del individuo, no de manera directa, asignan metas a largo plazo que se yuxtaponen a las que su personal se ha establecido originalmente, basados en los elementos de la contratación, ahogando así deseo de crecimiento y superación que las mismas generaron. 
- Matan el trabajo en equipo: Mantienen una constante subdivisión del personal, haciendo y motivando comentarios negativos o de alerta con respecto a un área de la otra, alimentando con ello desconfianza y desinterés entre los miembros de la misma empresa. 
- Matan la comunicación: Cuestionan, reprenden e incluso amenazan a su personal en cuanto al manejo de la comunicación, impidiendo el intercambio profesional de correspondencia y dudando de la utilidad de la misma. 
- Matan la disponibilidad: Exigen sacrificios innecesarios a sus trabajadores, jornadas que superan las doce horas diarias los siete días a la semana, privando de vida social y descanso a su personal. 
- Matan la planificación: Otorgan a todo el mismo nivel de prioridad, exigiendo los mismos plazos para ofrecer respuesta a diferentes requerimientos, sin importar para ello el nivel de dedicación que cada uno posea. 
- Matan la motivación: Al tratar a los empleados como meros peones en un tablero de ajedrez, sin valorar sus destrezas, potencialidades y habilidades, estas empresas destruyen los lazos que unen a las personas con su actividad y con ello la motivación que el individuo trajo consigo. 

Como ya se ha señalado en el pasado, las organizaciones no son entes distintos a las personas que lo integran, por lo que todas estas practicas deshonestas son obra de la cultura y valores de los responsables de administrarlas, lo que hace casi imposible poder generar un verdadero cambio de actitud, ya que el mismo debe provenir de adentro hacia fuera, y ello resulta particularmente difícil. 
 
Pero no todas las “empresas que matan” son fáciles de reconocer, poseen una fachada atractiva y longeva que atrae buenos perfiles, personas con valiosas ideas, dispuestas a dar todo cuanto puedan y con una considerable experiencia, pero cuyo paso por esas organizaciones es corto e infructífero, pues la misma naturaleza de la empresa impide su desenvolvimiento y uso de sus destrezas. 

He aquí las características más comunes de las empresas que matan: 
1- Suelen ser organizaciones con una amplia historia o que en el corto tiempo se han hecho notar en su mercado. 

2- Aunque poseen distintos niveles supervisores la responsabilidad reposa exclusivamente en una o dos personas que son las únicas que pueden tomar decisiones. 

3- Dan la impresión de ser prosperas u organizadas pues suelen contar con gratos ambientes o alta tecnología, aunque no es necesariamente un elemento diferenciador. 

4- Sus procesos de selección se encuentran en los extremos: O son muy rápidos, lo cual impide coestimar correctamente, o son demasiado lentos, impidiendo de igual manera establecer apropiadamente el nivel de expectativas. 
 
5- Aprovechan la necesidad de estabilidad, ingresos o expresiones de su personal para someterlos a presiones, horarios y exigencias inusuales. 

6- Casi siempre poseen un alto índice de rotación a todo nivel, acompañado de explicaciones elaboradas e incluso inverosímiles de las razones que motivaron la salida (voluntaria o no) del empleado. 

Es importante señalar que el paso por este tipo de organizaciones no es del todo traumático para los profesionales que la experimentan, ofrecen la oportunidad de conocer el tipo de administración que debe ser erradicada del mundo contemporáneo y los enfrenta a todos los elementos que originaron verdaderas revoluciones en el pensamiento gerencial, las mismas que permiten hoy diferenciar a este tipo de empresas de las que verdaderamente merecen ser reconocidas.

Si no quieres morir. ni que te maten Ponte en Marcha!

viernes, 7 de agosto de 2015

La característica esencial de todos los triunfadores: La Congruencia.


Somos congruentes cuando pensamos, decimos y hacemos lo mismo. Cuando existe sintonía entre nuestro lenguaje verbal y no verbal. Muchas personas dicen una cosa, piensan otra y acaban haciendo otra distinta. La incongruencia lleva a estados emocionales negativos como la depresión, las malas relaciones y la apatía. La falta de congruencia malgasta tu energía. Sin embargo la congruencia es poder. Las personas congruentes inspiran confianza. Son personas en las que nos gusta confiar porque transmiten credibilidad, veracidad y compromiso. Son personas que gozan de estados emocionales plenos y positivos porque saben que están actuando de la manera correcta; de acuerdo a su conciencia. 

La incongruencia es lo que destruye los sueños de las personas. Cuando una persona no es congruente su poder personal desaparece. Son personas que saben que deberían estar haciendo las cosas de otra manera pero continúan haciendo las cosas del mismo modo.
 
Como ejemplo típico tenemos el de la persona que sabe que determinados alimentos que está tomando están minando su salud, pero se mantiene aferrado a ellos. O la persona que sabe que el tabaco le acerca cada día un poco más a su muerte y a pesar de ello continúa fumando. O la persona que te dice que te aprecia, pero con su tono, sus expresiones faciales y su mirada te está diciendo algo muy diferente. 

La incongruencia suele venir de la mano de la comodidad. Todos sabemos que deberíamos estar tomando determinadas acciones o produciendo determinados cambios; pero a pesar de pensarlo jamás nos ponemos en marcha para tomar las acciones necesarias porque nos resulta más cómodo quedarnos como estamos que dar los pasos necesarios y simplemente hacerlo. 

Comienza a actuar a partir de este mismo instante con congruencia absoluta. 

Actúa como sabes en tu interior que debes hacerlo para alcanzar los resultados que deseas de la vida. Haz que entren en sintonía tus pensamientos, tus actos y tus palabras. 

Uno se libera de muchas tensiones cuando comienza a ser congruente. En ese mismo instante dejas de librar una batalla en tu interior y esa energía que antes desperdiciabas en esa lucha, la puedes dedicar ahora a emprender un proyecto de éxito y un carácter de ganador. 

Ahora mismo es el mejor momento para comenzar a ser congruente de verdad. Es cuestión de una simple decisión por tu parte. Toma de una vez por todas esa decisión y haz de la congruencia parte de tu identidad. 

Se congruente y Ponte en Marcha!

lunes, 15 de junio de 2015

La ética en la dirección de empresas ¿Son compatibles ética y resultados?

Dejadas a un lado las tópicas bromas (“si hay ética, no hay negocios”, “si hay negocios, no hay ética”), actuar con justicia y honradez, éticamente, es algo común a cualquier acción humana, en lo familiar, en lo profesional, en lo político y en lo mercantil. 

El ámbito de los negocios se basa en valores morales: la confianza, la libre (y honesta) competencia, la justicia en los contratos. Cuando una empresa hace esfuerzos de todo tipo para tener “buena imagen”, no sólo le interesa la imagen de eficacia; también la de confianza y honradez. Una empresa no es nada si la gente no se fía de ella.

Entre algunos directivos de empresa se advierte una cierta insensibilidad, abierta antipatía o cierto cinismo, hacia los planteamientos éticos. Tendrían que preguntarse qué entienden por ética. La ética no es una perspectiva de límites, de negaciones, de rechazo a las novedades y a las innovaciones. Lo ético es afirmación, introducción de calidad (humana, en primer lugar), visión amplia. Por eso no hay nada más falso que contraponer la ética a la eficacia. Si la eficacia lleva a hacer las cosas bien, lo ético impulsa a hacer bien el bien. 

A veces se ha comentado que las grandes innovaciones de todo tipo (técnicas, teóricas, organizativas, de internacionalización de la economía, etc.) convierten en obsoletas las normas éticas, pensadas para un mundo más estático. Pero basta traer aquí las normas que recogía Ulpiano (honeste vivere, alteri non laedere, suum cuique tribuere, vivir con honradez, no dañar al prójimo, dar a cada uno lo suyo), para darse cuenta de que la naturaleza humana es la misma a lo largo de los siglos. Elemental es también la llamada regla áurea de la ética (“No quieras para otros lo que no quieres para ti”), de imperturbable vigencia: bastaría su práctica generalizada para solucionar la mayor parte de los problemas humanos. 

Un buen gestor de empresa no necesita grandes estudios para dar con soluciones éticas. Le basta poner en práctica las normas hasta aquí recogidas (y alguna otra como que el fin no justifica los medios). 
 
Buen gestor: ese calificativo tiene los dos sentidos, de excelencia en la dirección y en lo moral. Las dificultades de las soluciones éticas son prácticas: superar la tentación de la trampa, en sentido amplio. Todo el que hace trampa piensa que ha tomado un atajo; y lo es, pero un atajo hacia la injusticia y la inmoralidad. 

Decía San Agustín que si no había justicia, los grandes reinos no eran otra cosa que grandes latrocinios. Si no hay ética en la empresa, sigue siendo empresa, pero ya no es de fiar. 

Eso sí: la ética es una de esas realidades que se desgastan cuando se habla demasiado de ella. La ética quiere realidades positivas, sin necesidad de autoseñalarse indicando que así son. La ética es, por eso, una brújula interior, una concepción de fondo; alumbra, desde dentro, cualquier realidad de la vida de la empresa. 

La ética debería ser una práctica sistemática en la Dirección de la empresa. No sólo ayuda a producir buenos resultados, además es una garantía de buen futuro.

Práctica la ética, Ponte en Marcha! y luego vendrán los resultados.