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martes, 20 de septiembre de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (12) AUTOMOTIVACIÓN.


Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan. 

AUTOMOTIVACIÓN 

Cuando nuestros proyectos van viento en popa, la empresa pasa por un buen momento y se alcanzan los objetivos, no es difícil encontrar la motivación para trabajar. Pero sí lo es cuando hay que mantener la compostura en tiempos de crisis, cuando las ventas caen y el clima de preocupación se instala en la empresa, o incluso en épocas normales, cuando la alta competitividad del mercado genera presiones constantes por mejorar los resultados. 

Encontrar la motivación para trabajar en circunstancias adversas, con el mal humor de una fase crítica y el estrés de conseguir metas cada vez mayores, es vital para un profesional moderno, no pensemos que podemos cambiar de trabajo siempre que el ambiente se caliente. En estos tiempos de economía globalizada, donde el escenario de los negocios puede cambiar radicalmente de un día para otro y la competencia es voraz, es de ingenuos pensar que existe una empresa inmune a la crisis. 

¡No cuentes con la estabilidad y seguridad para tener éxito en la profesión! Los problemas y las turbulencias forman parte del juego, y lo que necesitamos es aprender a automotivarnos para desempeñar nuestro cometido. No importa la situación que estés viviendo, cultiva pensamientos positivos desde que te levantes. Las actitudes que tenemos en los diez primeros minutos del día, determinan la calidad del 80% del resto del día. Dite a ti mismo: “Hoy, a pesar de todo, seré feliz”. Empieza el día con una actividad placentera, como tomar un café, pasear por un parque cerca de casa o cualquier otra cosa que te haga sentir bien. Al llegar al trabajo, saluda a todos con buen humor. Comparte la buena energía que traes y verás como se puede influir en la felicidad de los demás. El humor facilita el modo de encontrar soluciones a los problemas y a superar los desafíos. 

Otra cosa que ayuda mucho es aprender a distanciarse de las situaciones difíciles. En lugar de quedarte estancado con el problema y de luchar contra él, amplía el foco de visión; procura entender todas sus posibles implicaciones y analizarlo desde varios puntos de vista. Suelo decir que alejarse de una situación embarazosa es como sobrevolar un atasco desde un helicóptero: salimos del caos, vemos la extensión y podemos contemplar con tranquilidad las posibles salidas. Después de eso, fragmentamos la solución del problema en etapas y establecemos las metas a cumplir día a día. Sé realista: no se puede resolver todo de una vez. Hay que comprometerse con lo que sí es posible, o lo que es más importante o más urgente. Al final día, haz balance de las metas conseguidas y verás como saldrás aliviado del trabajo. Aún quedan muchos asuntos por resolver, pero el mero hecho de constatar que se están resolviendo algunos, mejorará enormemente tu estado de ánimo. 

Mucha gente se pasa la vida evitando los problemas, crisis y dificultades, pero son esas situaciones las que más fortalecen nuestra capacidad de automotivación. ¿A quién crees que las empresas valoran más: al profesional que vive en busca de un mar de rosas o al que afronta los riesgos?

Busca tu motivación interna y Ponte en Marcha!

lunes, 5 de septiembre de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (8) FORMACIÓN CONTINUA.


Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan. 

FORMACIÓN CONTINUA 

Veo claramente dos extremos en esta cuestión. Uno es el del profesional que cuelga su diploma, consigue un empleo y se olvida. Lo máximo que hace es participar en los cursos que la empresa ofrece, pero si dependiese de su propia voluntad, seguiría hablando su inglés spanglish, repitiendo expresiones llenas de errores y consultando los mismos libros que usó en la facultad. 

Llueve sobre mojado cuando hablo de la necesidad de seguir aprendiendo siempre, pero sé que algunas personas nunca se convencerán de esta idea. ¿Para qué aprender si lo que ya saben es suficiente para desempeñar sus funciones? No se dan cuenta de que necesitan seguir con su formación para desempeñar sus funciones aún mejor, y sobre todo, para abrir la posibilidad de adquirir nuevas responsabilidades. En el mundo laboral el aprendizaje debe ser continuo. En parte porque el conocimiento evoluciona sin parar y el profesional tiene, como mínimo, que mantenerse actualizado con nuevas técnicas, conceptos y prácticas de su profesión. Por otro lado, porque el ser humano necesita continuar evolucionando, adquiriendo habilidades y desarrollando competencias. Todo lo que sirva para mejorar le debe interesar : dominar plenamente un idioma extranjero, perfeccionar sus habilidades sociales y de negociación o saber utilizar nuevas herramientas de gestión, por ejemplo. 

La falta de tiempo para estudiar y la dificultad de acceso a la información ya no son disculpas para que alguien deje de seguir aprendiendo. Hoy, con una conexión a Internet, se pueden hacer aproximadamente cuatrocientos cursos de e-learning (enseñanza a distancia), ofrecidos por escuelas y universidades. Son clases de perfeccionamiento, ciclos superiores, post-grados e incluso máster en administración de empresas, que el profesional puede recibir en el ordenador de casa o de la oficina. Además, gran parte del conocimiento que se necesita está disponible en libros, y para comprarlos no es necesario ni salir de casa. Podemos hacerlos por Internet. 

En el otro extremo de la cuestión de la formación continua está el profesional que acumula cursos, diplomas y conocimiento de idiomas, porque quiere seguir todas las tendencias del mercado. Pero tampoco es eso, ¿verdad? Con el afán de seguir las tendencias del mercado muchos tienen una sobrecarga de actividades, intereses y focos de atención, que, más que mejorar, puede entorpecer el desempeño de su trabajo. 

Si eres un profesional que vive en busca de formación, te sugiero que te cuestiones hasta qué punto no estás preocupado por acumular conocimientos, más que por presión externa que por convicción propia. Quieres ser competitivo y para ello consideras que necesitas estar en igualdad de condiciones con tus “rivales”. Pero, ¿no será que estás tan empeñado en hacer lo que los otros hacen que nunca te has parado a pensar si realmente es necesario? ¿Si un determinado curso o libro mejorará en algo la forma en la que desempeñas tu trabajo o si te traerá mayores beneficios? 

Cuando se trata de formación continua, es fundamental discernir sobre aquello que en realidad necesitamos para alcanzar nuestro propósito profesional. En el fondo, el conocimiento más importante que se debe tener es sobre uno mismo: puntos débiles que tenemos que suprimir, puntos fuertes que podemos perfeccionar y todo lo que debemos desarrollar para ser un profesional más completo. 

Ponte en Marcha! y no dejes de formarte.

lunes, 4 de enero de 2016

Emprender, Cambio, Excelencia y Mejora Continua.

La excelencia como forma de vida, parte de principios simples y de reglas rígidas, un profundo sentido del liderazgo y la capacidad de reinventarse a uno mismo.

Si alguna vez en la intimidad has sentido la necesidad de hacer un cambio en tu vida porque estás insatisfecho, aprovecha este impulso y dirige ese cambio. 

Algunas veces la necesidad de cambiar surge de la necesidad de estar llenos y de alejar el vacío. 

El vacío es insatisfacción, nace de nuestra incapacidad de vivir con excelencia y nos llena de frustración, que nace de nuestro egoísmo caprichoso. 

La plenitud es vivir la excelencia, es estar satisfecho con uno mismo, es saberse el dueño de uno mismo. 

El cambio es una constante de la vida, la vida es un movimiento constante, pero el tiempo y el destino están en nuestras manos, el cambio debe ser dirigido por nuestra propia voluntad. 

La dirección que tomemos puede acercarnos ó alejarnos de los demás, si el cambio es bueno, nos acercará, si es malo nos alejará. 

Nuestra capacidad de reinventarnos es nuestra capacidad de cambiar, estar más cerca de los demás implica una capacidad de ser deseados a los ojos de las personas; si damos lo mejor de nosotros seremos apreciados y deseados, extrañados y amados, nos habremos reinventado a los ojos de los demás. 

Cuando la gente nos acepta es porque somos agradables, positivos, útiles; la gente desea que estemos cerca porque damos soluciones y nuestra presencia irradia satisfacción, ilusión, alegría; porque somos auténticos y nos mostramos como somos, esto nos acerca a los demás. 

La prueba de fuego llega cuando vemos hacia adentro de nosotros mismos, cuando nos buscamos a nosotros, ahí dentro debemos buscar lo que nos anima, ambición, poder, dinero, placer, nada, vacío la excelencia. 

Si dentro de mi he descubierto lo que me anima, entonces he descubierto quien soy yo, porque lo que me anima es lo que yo soy, si lo que me anima es la pasión por ser excelente entonces seré excelente, es la capacidad de ser mejor. 

El rumbo de la excelencia está trazado por los valores, la verdad, la bondad, la belleza, la superación personal y el bien común. 

La intención de cambiar no es suficiente, el cambio debe pasar del corazón a las manos, para entregar a todos lo mejor de uno mismo, para crear una cultura de excelencia. 

Los hábitos de excelencia deben ser adecuados a las necesidades de aquellos con quienes convivimos. En el darnos a los demás está la excelencia, en el hacerlo hasta que duela, para que esté bien hecho, en el servir, en el hacerlo bien, con pasión, con ilusión. 

La excelencia es una manera permanente de ser, es hacer las cosas bien, sin errores, con actitud y voluntad de servir. 

El liderazgo comienza con nuestro propio convencimiento de que buscamos la excelencia como forma de vida, por el bien que nos otorga a nosotros mismos y los que nos rodean.

Si nos convencemos de adoptar la excelencia como forma de vida, con pasión, entonces ya está en nosotros la capacidad de ser líderes. 

La perfección no existe, no es propia de los hombres, pero la excelencia y la mejora continua son capacidades a nuestro alcance. 

El cambio empieza por nuestras actitudes, pero si cambiamos de actitud nos acercamos al cambio de hábitos. Esta es la clave para ser líderes del siglo XXI. 

Si quieres emprender, lidérate, buscando la excelencia a trabés del cambio y la mejora continua. Ponte en Marcha!

lunes, 2 de noviembre de 2015

Claves para una comunicación efectiva con sus empleados.

La comunicación con sus empleados paradójicamente puede ser sencilla y compleja a la vez. Todos los días nos comunicamos con nuestros empleados, a veces directamente contestando preguntas, e indirectamente a través de correos electrónicos, informes, etc. Además, otras veces nos comunicamos sin darnos cuenta, pero nuestras acciones han sido observadas por nuestros empleados.

Quizás porque el proceso de comunicación tiene lugar de manera natural, frecuentemente nos olvidamos de considerar el proceso de comunicación de una forma más seria, como consecuencia, a menudo fracasamos en una comunicación efectiva con nuestros empleados.

Es importante dar énfasis a la comunicación efectiva con empleados. La plantilla de su empresa representa el canal directo a sus clientes y al mundo exterior. Si los empleados entienden claramente sus objetivos y mensajes corporativos, pueden cumplir un papel como valerosos embajadores. Si no poseen este entendimiento o si tienen percepciones negativas acerca de la compañía y sus productos y servicios, pueden dañar a su compañía.

Además, una comunicación efectiva puede aumentar los ánimos y mejorar la productividad. Los empleados que comprendan su papel en la organización y entiendan como su trabajo contribuye al éxito global de la empresa estarán más satisfechos que los empleados que no perciban un enlace entre su trabajo y el que realiza la organización.

Es importante mantener los canales de comunicación abiertos, estar visible, disponible, mostrar interés y compartir información.

Entonces, ¿cómo se realiza una comunicación efectiva con sus empleados desde una perspectiva práctica? Veamos algunos consejos:

- Definir los Objetivos. Hay que tener una idea clara de cuales son los objetivos de comunicación para cualquier acción que se quiera realizar aunque sea “pequeña”, como la incorporación de un nuevo empleado o “grande”, como la comunicación a los empleados acerca de una fusión inminente.

- Comprender los factores críticos de éxito del negocio. Los comunicadores tienen que entender como sus acciones de comunicación encajan con la estrategia global del negocio. Además, un entendimiento de los factores fundamentales para el éxito del negocio por parte de los responsables de la comunicación puede ayudarles a conseguir una credibilidad con la alta dirección de la empresa. Las comunicaciones no se deberían enfocar sólo hacía lo agradable, sino también en lo necesario, para ayudar a la empresa a avanzar.
 
- Integración e Interrelación. Es recomendable aprovechar todas las oportunidades para encajar los mensajes dentro de un marco consistente. Por ejemplo, si realiza un cambio en una ventaja social para los empleados, debería explicar como este cambio encajará en el contexto global de la gestión de ventajas sociales. Si, por ejemplo, Vd. incorpora un nuevo empleado, puede explicar como este empleado nuevo contribuirá al equipo y cuales son las características profesionales del empleado que encajan con la cultura de la compañía.

- Enfocar los mensajes y segmentar las audiencias.
Hay que tener en cuenta el número de herramientas de comunicación (boletines, e-mails, etc.), distribuidas dentro de su organización y las audiencias. Tenga en consideración también que la gente recibe los mensajes de maneras diferentes. Algunas personas prefieren mensajes electrónicos, otras verbales y otras en papel. Una mezcla de mensajes planificados estratégicamente puede ayudar asegurar que todos los empleados reciban la información que necesitan.

- Ser realista y honesto. Aunque esté bien ser positivo en sus mensajes, es importante que sean claros. Básicamente su credibilidad y la de la dirección, puede depender de estos mensajes. A veces habrá malas noticias, pero hay que comunicarlas claramente.

- Escuchar más que hablar.

- Priorizar sus mensajes. Hay que ser selectivo. Es mejor comunicar algunos puntos claves y no muchos. Sino hay un riesgo de perder la atención de su audiencia.

- Mantener la objetividad con las herramientas de comunicación. La creación de un boletín interno es bastante común pero a veces uno se pierde en la maravilla de su diseño o títulos llamativos para después encontrar que no ha logrado el resultado deseado. Es importante mantener el objetivo en mente más que la herramienta.

- Medir y controlar la efectividad de sus acciones. La comunicación no es fácil. Es un reto constante porqué los entornos internos y externos están cambiando continuamente además de las actitudes de nuestros empleados.

Como “comunicador” su trabajo nunca termina y tampoco se logra un 100% de éxito. Sin embargo, con la ayuda de algunas sugerencias se pueden mejorar sus esfuerzos y trabajar hacia una comunicación interna más efectiva. Ponte en Marcha!

martes, 15 de septiembre de 2015

La falsa garantía de lo mediocre.


Aquel exitoso gerente de ventas me invitó a pasar a su oficina. En aquel lugar se respiraba solamente éxito, desde el color de los pisos hasta las manillas de las puertas. Su oficina era impecable, como lo era el resto de su empresa, según lo pude comprobar cuando hice un recorrido por sus instalaciones, todo estaba perfectamente ordenado y se transpiraba un ambiente muy distinto del de las muchísimas empresas que conozco día a día. 
  
Yo estaba allí porque sabía de su éxito, el cual era además reconocido ampliamente en la comunidad. Yo estaba allí por el secreto de su éxito, también por la relación de amistad que nos unía, pero fundamentalmente yo había aceptado su invitación a visitarlo para descubrir qué hacía él para tener el éxito que tiene. 

Mientras me hablaba y atendía cortas llamadas telefónicas mi mirada hacía un recorrido de espía por todas las superficies de su acogedor y sobrio ambiente de trabajo. Había muchas condecoraciones. Todas se referían al MEJOR. El era un campeón en ventas y él lo sabía. El era uno de esos que escasean en nuestra sociedad, de aquellos a quienes desearíamos tener como socios. Y la pared llena de condecoraciones atestiguaban que siempre había llevado una vida de triunfador en sus asuntos de negocios. 

Pero no terminaba de adivinar qué tenía aquella personalidad arrolladora, si cuál era la fórmula secreta que él practicaba. Y al final, ya vencido, tuve que preguntársela. 

Sé que eres de origen humilde, le dije, y ahora todo lo que tocas se vuelve oro, qué fórmula milagrosa te dieron, qué misterioso secreto conoces tú que los demás ignoramos. 

 Ni es secreto, ni es misterioso me dijo con su hablar seguro; aquí en la pared, detrás de mi cabeza siempre ha estado la regla con la que enfrento mi destino, mientras me señalaba con su mano un cuadro que contenía la siguiente frase: 

“Si de verdad estás decidido a triunfar, tarde o temprano tendrás que rechazar la FALSA SEGURIDAD QUE OFRECE LA MEDIOCRIDAD QUE TE MANTIENE ATRAPADO DONDE ESTÁS, y tendrás que salir en pos de tus sueños, asumiendo los riesgos que tengas que asumir”. 

Dame un papel, le dije, déjame anotar la sabiduría de estas palabras que seguramente podrán ser de utilidad para muchas personas que permanecen atadas a empleos que no les agradan, a ingresos que no los satisfacen, a estilos de vida llenos de tedio y de rutina, a grupos de amistades que no les aportan nada a su crecimientos, a profesiones saturadas de estatus, a clases medias que se pasan la vida compitiendo por tener más cosas que el vecino, a ejércitos de ejecutivos que llevan una vida llena de facturas y de tarjetas de crédito que nunca terminan de pagar. 
 
No te vayas, me pidió mi amigo, déjame decirte algo, antes de que te vayas. Durante muchos años estuve repitiendo esta frase a mis amigos, como queriéndoles enseñar lo que debían hacer y todos me miraban y se reían. Años después, mucho después de que mis amigos han visto que no solo lo digo, sino que además lo hago y lo pongo en práctica, mis amigos me respetan. No le digas esta frase a nadie sin antes chequear cómo está la calidad de vida que está llevando, pues corres el riesgo de no tener autoridad para decirla y recomendarla. 

ACCIÓN: Toma un papel y contesta a estas preguntas: 
¿Qué estoy haciendo? ¿Para qué lo estoy haciendo? ¿Qué sentido tiene aquello que hago todos los días? ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué estoy haciendo en forma intencional para llegar a donde quiero? 

Y debes preguntarte muy sinceramente: ¿De qué esta disfrazada mi mediocridad? ¿Cuál es la falsa garantía que me está ofreciendo?.

No seas mediocre, Ponte en Marcha!