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viernes, 2 de junio de 2017

Escuchar o No escuchar, esa es la cuestión


En los últimos años, he observado al participar en congresos, seminarios y simposios relacionados con el Management y la Gestión Empresarial, que se centran en promover corrientes de cambio orientados a mejorar las relaciones interpersonales.

Lamentablemente, seguimos encontrando empresas que practican los malos tratos, las altas exigencias, la explotación, el menosprecio por el ser humano y una comunicación inadecuada de forma persiste, aún reconociendo que estas prácticas inapropiadas afectan significativamente el desempeño y los resultados de la empresa. 

Parece que en este tiempo que nos toca vivir, el buen trato, las efectivas formas de hacer pedidos, el evitar el enjuiciar a otros, utilizar de forma correcta el lenguaje, etc. ha quedado fuera de moda. Hoy nos preocupamos más por tener el último modelo de móvil que por mejorar una mala relación con nuestro Jefe, compañero, cliente o esposa. 

Y no es por falta de preparación o de estudios. A medida que transcurre el tiempo vemos que cada vez nos alejamos más de la idea de mejorar nuestras relaciones. 

¿Podemos hacer algo al respecto?, ¿estamos a tiempo? 

Para muchos de nosotros estas preguntas tienen una respuesta afirmativa y depende del compromiso que destinemos en cambiar esta “realidad”. 
 
En muchas de las entrevistas que mantengo con directores y/o empresarios, ante la pregunta ¿se considera usted un buen oyente?, la mayoría responde que sí, que saben escuchar al otro. 

El problema es que ante esta pregunta confunden el “saber escuchar” con la “educación”, ya que desde muy chicos nos enseñan que cuando una persona habla, el otro por educación debe esperar su turno para responder o para continuar hablando. 

Pero, ¿qué entendemos por escucha? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice: “Prestar atención a lo que se oye”. Por tanto, es oír más interpretar. 

Los seres humanos tenemos la capacidad de percibir, atender y asignarle significado a un estimulo, sea este auditivo o visual. 

Si pensamos que durante nuestra vida, durante muchos años fuimos entrenados en el arte de escribir y otros tantos en el arte de hablar, sea uno o varios idiomas, pareciera que también estamos preparados para escuchar, aunque en la práctica, muchos están solo dispuestos a escuchar aquello que responde a sus intereses o bien a lo que está de acuerdo a lo que piensan. 

Pensemos en la siguiente situación. Estamos en una reunión con nuestro jefe/empleado/compañero de trabajo en la que estamos decidiendo las futuras acciones a implantar en la empresa, sin importar cual sea nuestro rol dentro de la misma. 

Ahora bien, ¿estamos atentos y alertas a lo que se está diciendo o mientras hacemos que escuchamos nuestra mente se encuentra pensando la respuesta que diremos o cuáles serán nuestras próximas palabras? 

Estamos constantemente manteniendo conversaciones internas con nosotros mismos, asignando nuestra propia interpretación a aquello que se nos intenta comunicar y eso nos mantiene alejado de la escucha. 

Bueno, muchos pensaran que esto es habitual y no tiene nada de malo y que no afecta significativamente el mensaje a transmitir. 

Estamos tan acostumbrados a hacerlo que le restamos importancia y no podemos reconocer el impacto nocivo que tiene en las relaciones. 

¿Aún no concuerda conmigo? Pruebe lo siguiente, haga este sencillo experimento: 

Colóquense frente a un amigo y pídale que le relate algún hecho reciente, cualesquiera que sea, pero que mantengan ese relato por lo menos un minuto y que por ningún motivo se detenga. 

Simultáneamente comience ustedes también a relatarles alguna historia o lo que se les ocurra, sin interrumpir su relato. Durante ese minuto conversen ambos en vos alta manteniendo cada uno la atención a su propio relato. 
 
Al finalizar la experiencia pregúntenle a su amigo y pregúntense ustedes mismos cómo se sintieron, cómo sintieron la experiencia de estar hablando los 2 simultáneamente, ¿tal vez se sintió confundido?, ¿con ganas de finalizar el relato?, ¿incómodo?, ¿irrespetuoso?, ¿Perdió la noción de lo que estaba diciendo? 

Tal vez todas estas sensaciones se hicieron presentes, o tal vez, no pudieron mantener este ejercicio ni siquiera un minuto. 

Esto es lo que habitualmente nos pasa, aunque no nos demos cuenta, la habilidad de escuchar afecta a la calidad de las conversaciones que mantenemos y a nuestras relaciones con los demás. A este tipo de escucha podemos llamarla “escucha previa” ya que nos escuchamos a nosotros mismos y a los juicios que tengo de la otra persona. 

Es nuestra decisión comenzar a generar cambios significativos, el comenzar a tener resultados sin precedentes. 

El entrenar la “escucha activa o atenta” permite enfocarnos en el otro, en acallar nuestras conversaciones internas; desarrollar nuestra capacidad de escucha nos permitirá recibir y aceptar las opiniones de los demás no como “verdades” sino como información valiosa para la coordinación de acciones. 

Significa aceptar al otro como un autentico otro y no como a nosotros nos gustaría que fuera, implica tomarnos tiempo para poder sacar nuestra conclusiones y acostumbrarnos a comprobar aquello que creemos haber oído. 

 "Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo." André Gide.

Como todo arte, la escucha no se desarrolla leyendo un libro. Para lograr la maestría se necesita práctica, práctica y más práctica. 

Solo es cuestión de animarnos y tal vez esta sea la oportunidad. 

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Ahora es el mejor momento, práctica la escucha activa y Ponte en Marcha!

lunes, 12 de septiembre de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (10) BUENA COMUNICACIÓN.


Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan. 

BUENA COMUNICACIÓN 

En el anterior post vimos cómo las habilidades sociales son importantes para el éxito profesional Ahora trataremos sobre la principal herramienta para relacionarnos: la comunicación. 

Comunicarse es compartir algo con otra persona: una información, una idea, un sentimiento... Y para que capte bien lo que estamos comunicando es imprescindible que tengamos sensibilidad para ponernos en su lugar, que nos expresemos de modo que nos podamos entender, y que le demos la oportunidad de expresarse también. 

Para promover el perfecto entendimiento entre las personas, creo que todo diálogo debe tener opiniones objetivas, claras y transparentes. Pero no basta con saber hablar. Del mismo modo es importante saber escuchar, dando la oportunidad a los demás de preguntar lo que no hayan entendido o de opinar sobre el asunto. En teoría estos conceptos son básicos, obvios, pero en la práctica no siempre son tenidos en cuenta. La gente no siempre se preocupa de que la entiendan y mucho menos se muestra receptiva para escuchar.

La cuestión se complica un poco más en estos tiempos en que los contactos personales están siendo sustituidos por los electrónicos: e-mail, videoconferencia y programas de chat. Incluso el teléfono se está dejando a un lado con las nuevas tecnologías. Lo que antes solamente se podía resolver con una reunión, hoy puede ser perfectamente discutido a través de programas de mensajería instantánea, como el Messenger. Cada vez con mayor frecuencia, la gente usa la tecnología como un intermediario en sus relaciones personales. 

El problema es que al intercambiar correos electrónicos limitamos la interacción a un puñado de caracteres en una pantalla. Todos aquellos aspectos subjetivos de la comunicación no verbal –como el tono de voz, la expresión corporal y facial- quedan de lado. Debido a la prisa por resolver las cosas, la gente abrevia las palabras, elimina acentos, no pone las mayúsculas, los puntos ni las comas...Con un breve mensaje, frío e impersonal, solucionan lo que antes requeriría una conversación telefónica o una reunión personal. 

También existe el agravante de que muchas personas tienen dificultades para organizar sus ideas en un texto, para escribir correctamente y con claridad; el intercambio de mensajes se ha convertido en una fuente de confusiones y polémicas. Además, las dificultades con el lenguaje escrito de los profesionales de la prensa escrita son una de las grandes preocupaciones de las empresas actualmente, ya que traen consigo una serie de problemas que van desde simples malos entendidos, a problemas de relación y pérdidas de productividad o de negocios. 

Piensa que, si no estamos atentos, todo esto está empobreciendo y truncando nuestra comunicación. Así que, para el bien de tus relaciones en el ambiente de trabajo, mantente atento a la forma en que te comunicas. Valora el diálogo, expresando tus opiniones con claridad y permitiendo que los demás también lo hagan. Siempre que sea posible, elige el contacto personal, o el pregunta y responde, el cruce de miradas, o el apretón de manos, porque una buena conversación en persona es la mejor manera de fomentar el entendimiento entre los seres humanos. Y si tienes alguna dificultad en expresar tus ideas a los demás, cuídalo. Mejora tu lengua, usa la expresión oral, deshazte de tus complejos al hablar. Como decía el sabio Chacrinha: “Al que no se comunica, no le van bien las cosas”. 

Comunica y Ponte en Marcha!

viernes, 12 de febrero de 2016

Claves para una comunicación efectiva con sus empleados.



La comunicación con sus empleados paradójicamente puede ser sencilla y compleja a la vez. Todos los días nos comunicamos con nuestros empleados, a veces directamente contestando preguntas, e indirectamente a través de correos electrónicos, informes, etc. Además, otras veces nos comunicamos sin darnos cuenta, pero nuestras acciones han sido observadas por nuestros empleados.

Quizás porque el proceso de comunicación tiene lugar de manera natural, frecuentemente nos olvidamos de considerar el proceso de comunicación de una forma más seria, como consecuencia, a menudo fracasamos en una comunicación efectiva con nuestros empleados. 

 Es importante dar énfasis a la comunicación efectiva con empleados. La plantilla de su empresa representa el canal directo a sus clientes y al mundo exterior. Si los empleados entienden claramente sus objetivos y mensajes corporativos, pueden cumplir un papel como valerosos embajadores. Si no poseen este entendimiento o si tienen percepciones negativas acerca de la compañía y sus productos y servicios, pueden dañar a su compañía.

Además, una comunicación efectiva puede aumentar los ánimos y mejorar la productividad. Los empleados que comprendan su papel en la organización y entiendan como su trabajo contribuye al éxito global de la empresa estarán más satisfechos que los empleados que no perciban un enlace entre su trabajo y el que realiza la organización. 

Es importante mantener los canales de comunicación abiertos, estar visible, disponible, mostrar interés y compartir información.
 
Entonces, ¿cómo se realiza una comunicación efectiva con sus empleados desde una perspectiva práctica? Veamos algunos consejos: 

- Definir los Objetivos. Hay que tener una idea clara de cuales son los objetivos de comunicación para cualquier acción que se quiera realizar aunque sea “pequeña”, como la incorporación de un nuevo empleado o “grande”, como la comunicación a los empleados acerca de una fusión inminente. 

- Comprender los factores críticos de éxito del negocio. Los comunicadores tienen que entender como sus acciones de comunicación encajan con la estrategia global del negocio. Además, un entendimiento de los factores fundamentales para el éxito del negocio por parte de los responsables de la comunicación puede ayudarles a conseguir una credibilidad con la alta dirección de la empresa. Las comunicaciones no se deberían enfocar sólo hacía lo agradable, sino también en lo necesario, para ayudar a la empresa a avanzar. 

- Integración e Interrelación. Es recomendable aprovechar todas las oportunidades para encajar los mensajes dentro de un marco consistente. Por ejemplo, si realiza un cambio en una ventaja social para los empleados, debería explicar como este cambio encajará en el contexto global de la gestión de ventajas sociales. Si, por ejemplo, Vd. incorpora un nuevo empleado, puede explicar como este empleado nuevo contribuirá al equipo y cuales son las características profesionales del empleado que encajan con la cultura de la compañía.

 - Enfocar los mensajes y segmentar las audiencias. Hay que tener en cuenta el número de herramientas de comunicación (boletines, e-mails, etc.), distribuidas dentro de su organización y las audiencias. Tenga en consideración también que la gente recibe los mensajes de maneras diferentes. Algunas personas prefieren mensajes electrónicos, otras verbales y otras en papel. Una mezcla de mensajes planificados estratégicamente puede ayudar asegurar que todos los empleados reciban la información que necesitan. 

- Ser realista y honesto. Aunque esté bien ser positivo en sus mensajes, es importante que sean claros. Básicamente su credibilidad y la de la dirección, puede depender de estos mensajes. A veces habrá malas noticias, pero hay que comunicarlas claramente. 

- Escuchar más que hablar. 

- Priorizar sus mensajes. Hay que ser selectivo. Es mejor comunicar algunos puntos claves y no muchos. Sino hay un riesgo de perder la atención de su audiencia. 

- Mantener la objetividad con las herramientas de comunicación. La creación de un boletín interno es bastante común pero a veces uno se pierde en la maravilla de su diseño o títulos llamativos para después encontrar que no ha logrado el resultado deseado. Es importante mantener el objetivo en mente más que la herramienta. 

- Medir y controlar la efectividad de sus acciones. La comunicación no es fácil. Es un reto constante porqué los entornos internos y externos están cambiando continuamente además de las actitudes de nuestros empleados.

 Como “comunicador” su trabajo nunca termina y tampoco se logra un 100% de éxito. Sin embargo, con la ayuda de algunas de estas sugerencias se pueden mejorar sus esfuerzos y trabajar hacia una comunicación interna más efectiva. Ponte en Marcha!