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sábado, 8 de agosto de 2015

Aprender y desaprender.


Un bebé normal es un ser genéticamente programado para aprender. No hay necesidad de enseñarle a aprender: localiza rapidamente todo lo esencial, y sabe separar la "paja del grano". Años despues ese saber iniciático se ha perdido. Un adulto suele perderse en los meandros de lo novedoso, tiene métodos ineficaces que lo empantanan y, casi siempre, termina aprendiendo sólo con un gran esfuerzo y voluntad. ¡Un verdadero desastre! 

 ¿Cómo se ha llegado a ese estado tan decandente? La escuela, el instituto y la universidad han tenido su parte importante en el proceso. Ignoro en que proporción, pero presumo que mucha, quizá más de lo que estamos dispuestos a aceptar. Basta con observar un "primitivo", un indio o un analfabeto para comprender que algo no funciona en el adulto normal de principios del siglo XXI: no escucha bien, no mira lo suficiente, no percibe las pautas repetitivas, siempre espera que otro adulto le saque las castañas del fuego en forma de respuestas adecuadas (si quiere aprender), y si no se limita a repetir "tópicos", frases hechas y pensamientos rancios. 

Por lo tanto aquí van algunas sugerencias "para adultos". No se trata de borrar nuestra experiencia (experiencia que por otro lado permite leer este artículo y captar sus ideas esenciales, supongo), sino de reestructurarla para hacerla más eficiente. 

Esa reestructuración puede llevar a la confusión y a la pérdida de cierta capacidad de aprendizaje ya conocida por nosotros. Pero una vez superado el choque inicial estoy convencido que se abren nuevas posibilidades para recuperar aquello que siempre tuvimos y para lo cual estamos biológicamente predeterminados. 

1. Familiarizarse es más importante que entender. Sí, aunque parezca paradoja, uno aprende mejor cuando repasa los temas como quien pasea por una ciudad nueva. 

No se trata de "negarse a entender", sino de no preocuparse cuando uno no entiende lo que lee, o lo que escucha. La frecuentación repetida con las nuevas ideas y el nuevo vocabulario que las expresa hace milagros. 

Esto es algo obvio en el caso de aprendizaje de idiomas, pero no lo es tanto en materias abstractas como lógica o programación informática. Y parece que es, incluso, una pérdida de tiempo en materias humanísticas o científicas. 

Pero no haga caso de los agoreros ni de sus prejuicios (adquiridos en los duros años de trabajo escolar). Acostúmbrese a repasar los temas prestando la atención que pueda, pero simultáneamente relajándose para captar los aspectos globales y no sólo los detalles. 

Si "familiarizarse" es esencial, entonces el repasar los temas leídos es el método por excelencia (igual vale para lo escuchado, pero para sintetizar, haré de cuenta que alguien está intentando aprender sólo por medio de la lectura).

Lea un poco y luego vuelva atrás releyendo. Cuando se aburra (sea porque el tema ya lo conoce, o porque hay partes que no entiende) siga adelante hasta recorrer otro trecho... y vuelva atrás para reiniciar sus sesiones de repaso. 

2. Dejar el tema es bueno para estudiarlo. Conviene hacer descansos, cortas vacaciones donde se abandona totalmente el estudio, para retomarlo luego. Esos dias sin "trabajar" le ayudarán a reposar el conocimiento y cuando vuelva descubrirá que ha adquirido una nueva comprensión (y nuevas preguntas surgirán en su cerebro). 

3. Traduzca lo nuevo a estructuras con vida, dramáticas. Convierta en imágenes todo lo que sea "imaginable". Se trata de "vivir" lo que se aprende. De la misma manera que ayuda (si se aprende un idioma) ver películas o escuchar la radio en ese idioma (actuamente Internet ofrece posibilidades extraordinarias), tambien hay que intentar recrear lo que se estudia aunque sea muy abstracto. 

No hay tema, por muy árido que parezca, que no tenga posibilidades de imaginar aplicaciones o situaciones donde aquel se manifieste. Esto dependerá de la inteligencia y de la experiencia de quien estudia, pero si no encuentra "nada" seguro que lo que está sucediendo es que está estudiando mecánicamente (es decir según las pautas tradicionales escolares). 

4. Acostumbrese a resumir y llevar una especie de "libro de viaje" de lo que va estudiando. Use esquemas, pero tambien palabras claves, o frases cortas tipo titulares periodísticos. Describase a si mismo el aprendizaje como un paseo por un país nuevo. Comentese las cosas que no entiende, y las cosas que le gustan. Sus emociones frente a esos nuevos "objetos" le ayudarán a entenderlos, aunque le parezca que no los está "estudiando". 

5. Olvídese de los objetivos, si quiere realmente aprender. Un bebé no aprende para ser un adulto "de provecho", simplemente hace lo que le gusta y le gusta aprender. Años después advertirá que esto que le gustaba se convierte en un trabajo... y sentirá rechazo frente a la presión ambiental. Las reacciones que provoca el aprendizaje sistematizado de la institución escolar son muy dispares en lo personal, y no deseo abarcarlas, ni criticarlas, ni justificarlas. Pero si, llegado a adulto, se quiere aprender de verdad, lo que se dice "aprender", hay que hacerlo con disponibilidad de tiempo y sin sentir la presión de los objetivos. 

Es posible que en esta tarea afloren los viejos obstáculos: la falta de atención, la depresión frente a lo imcomprensible, el desespero que produce una tarea de muy largo alcance. Observe que estas reacciones negativas son el resultado de mecanismos de aprendizaje aprendidos. Si uno se dispone a aprender es igual que realizar una actividad fisiológica, no representa para un ser humano una tarea especial o forzada; pero si intentamos hacerlo según las reglas... empiezan los problemas. 

Olvídese de los objetivos y busque el placer de entender por entender. Es la mejor brújula para sortear los escollos que el sistema educativo ha creado en su interior. 

6. ¡No hay aprendizaje sin actividad! Este principio es "de oro". Cuanto más activo esté, más aprende. Y se aprende cuando se es capaz de aplicar creativamente lo que hasta hace un tiempo era nuevo y desconocido. Aprender no es memorizar; aprender no es dar un buen exámen; aprender no es estar en condiciones de dar una conferencia sobre el tema. Aprender es metabolizar lo nuevo de tal manera que ya forma parte de nosotros como cualquier impulso genético. Al aprender, si se hace en serio, uno modifica la naturaleza; crea naturaleza. 

Un adulto necesita aprender por razones diferentes a un niño. Su aprendizaje debe tener más libertad y de esta forma acercarse a sus orígenes. Un adulto está en condiciones de entender que no tiene sentido un aprendizaje memorístico; luego un adulto aunque está machacado por años de escolarización tiene, paradójicamente, mayor libertad para negar el sistema que lo formó. De eso se trata, de recuperar el placer de aprender, lo demás es una consecuencia inevitable de ese proceso. 

¿Debe un adulto tomar notas, si asiste a clase? Personalmente soy un convencido que escribir es lo mejor que podemos hacer con nuestras manos cuando estamos impedidos de movernos. Pero no se trata de copiar lo que el profesor dice, sino de resumirlo mientras habla y de destacar aquello que nos parece digno de pensar a posteriori. Con práctica se puede escribir con velocidad (sobre todo si se emplean muchas abreviaturas) y uno no se preocupa de la "legibilidad" de los apuntes. Lo más importante no está en registrar la información, sino en jugar con ella... por lo tanto es mejor tomar apuntes "libres" que "textuales". 

7. Estándo genéticamente programados para aprender, la mayoría ha hecho voto de castidad, y lo logra. Es un misterio que los seres humanos prefieran mantenerse en la rutina diaria en vez de desarrollarse hasta el momento de su muerte. Nuestra especie tiene un cerebro que, exceptuando graves enfermedades invalidantes (como el Alzheimer) no para de establecer nuevas conexiones y reestructurarse hacia una mayor complejidad. 

Sin embargo los adultos ya cuarentones acusan un interés decreciente por adquirir nuevos conocimientos, y el proceso se acentúa gravemente en décadas posteriores. ¿Cómo es posible? 

Probablemente se deba a nuestra misma capacidad de aprendizaje. 

Sí, paradójicamente la capacidad de aprender puede llevar a detener el impulso genético hacia lo nuevo. Los seres humanos somos así: capaces de dominar nuestros instintos básicos hasta que parezcan que nunca han existido. Podemos hacer voto de castidad, podemos reducir la compañía humana convirtiéndonos en ermitaños, podemos suicidarnos y tambien, ¡como no!, podemos dejar de aprender. 

Para dejar de aprender hay que aprender a hacerlo. Y la sociedad nos lo enseña proveyendo tanto las herramientas como los objetivos. Las herramientas son los medios de comunicación y entretenimiento (la omnipresente televisión en España, por ejemplo) y los objetivos son la búsqueda del placer inmediato y de bajo costo. El resultado es la conversión de un ser humano en "homo domesticus", en un ser que en sus últimas décadas ha decidido que es mejor recorrer lo conocido, como un mono en su jaula, que aventurarse por parajes ignotos. 

Obviamente las lineas anteriores no van dirigidas a esta parte de la especie que renuncia a sus posibilidades. 

8. Resumiendo. Uno puede aprender, y puede porque tenemos el patrimonio biológico que lo permite. Sin embargo hay que desaprender, a partir de cierta edad, para poder seguir aprendiendo a un ritmo más rápido e intenso. No se trata de negar lo que ya tenemos (conocimientos, métodos y lógica) pero sí de resituarlos en un contexto de libertad que es posible. Una libertad que incluye la pérdida de interés por objetivos inmediatos y por éxitos "de salón" para desarrollar pretensiones más perversas: el placer de conocer y la capacidad de automodificarnos como consecuencia de ese conocimiento hecho carne.

Nunca dejes de aprender y Ponte en Marcha!

miércoles, 17 de junio de 2015

El emprendedor y la selección de ideas y oportunidades. Cómo tomar decisiones


Elegir la idea/oportunidad adecuada.
Ha llegado el momento en el que has recopilado suficiente información y has elaborado una lista de las ideas/oportunidades disponibles. Ahora, sólo falta decidir cuál es la mejor. En algunos casos, al llegar a este punto, estará claro cuál es la idea/solución idónea. De no ser así, lo más probable es que tengas dos o tres favoritas y hayas descartado el resto.
El método ideal para dar con la decisión/solución óptima es seguir el criterio de la eliminación. Imaginemos que, de entrada, dispusieses de seis o siete ideas/oportunidades.
Durante la preparación, es decir, la recopilación de datos y la consulta a los demás, habrás reducido la lista a tres o cuatro ideas/oportunidades viables. A continuación, tendrás que ir repasando cada idea/oportunidad y descartando progresivamente las que consideres menos interesantes. No tardarás en tener una única idea/oportunidad o tal vez dos.

Evita los prejuicios. Al valorar las distintas ideas/oportunidades haz un esfuerzo por dejar a un lado los prejuicios personales. De lo contrario, podrías inclinarte por una idea/oportunidad simplemente por ser la que se te ocurrió a ti. O puede que te incomoden ciertas soluciones porque no favorecerían a tu proyecto.
Olvida tus preferencias personales.

Valorar las ideas/opciones.
Cuando tengas varias ideas/oportunidades y no sepas por cual decidirte, te aconsejamos que valores los puntos positivos y los negativos de cada una de ellas.
Analiza cada posible decisión/solución por separado para descubrir sus virtudes y sus defectos. Consulta las notas que tomaste durante la recopilación de datos (o el resumen de los mismos) para conocer los detalles relevantes. No olvides escribir tu objetivo en una hoja y tenerla a mano durante el proceso de selección para comprobar que la idea/oportunidad elegida es acorde con éste.
Uno de los aspectos que has de valorar es el riesgo y las ventajas de cada una de las alternativas. No podrás saber qué idea/opción es la más indicada si desconoces las consecuencias que tendrá su aplicación. Eso implica valorar los puntos en contra pero también los que tenga a favor. La fórmula más sencilla para lograrlo sería imaginar lo peor y lo mejor que podría ocurrir.

El peso.
No se trata de considerar cada idea/oportunidad aislada, tienes que tener en cuenta qué peso tienen una y otra. Por ejemplo, merece la pena correr un gran riesgo si las ventajas que podrías obtener son igualmente importantes. Por supuesto, si lo peor que podría ocurrir es que algunos de los emprendedores acaben entre rejas, no puedes plantearte esta opción independientemente de las ventajas que pudiese suponer si todo saliese bien.
De hecho, si el riesgo potencial es excesivamente elevado a menudo no merece la pena arriesgarse. Pero no hay regla sin excepción: en ocasiones, asumir un riesgo considerable es la única vía para lograr una ventaja importante.

Probabilidad.
Es evidente que a la hora de calibrar lo mejor y lo peor que podría ocurrir al tomar una decisión es indispensable conocer las probabilidades de que una u otra cosa se den. Si el riesgo es elevado pero es poco probable que se confirme, no hay razón para descartar esa opción. Por otro lado, las ventajas son importantes y todo parece indicar que podrían darse, la opción ganará puntos. Sin embargo, si los beneficios que podría extraer de esa alternativa no compensan el peligro que implica, la opción no será tan interesante.

Otros métodos de decisión.
Es posible que después de calibrar los riesgos y las posibles ventajas ya tengas clara tu decisión. Por lo menos, habrás reducido considerablemente las ideas/ opciones. En cuanto te des cuenta de que una idea/oportunidad no es la mejor, bórrala de la lista. No tiene por qué ser imposible o de consecuencias catastróficas, basta con que no te parezca lo mejor. Deja en la lista sólo aquellas ideas/opciones que sigan resultando interesantes. A estas alturas, no deberían quedar más de dos o tres.

Modos de decisión. Para elegir sólo una de ellas existen distintos métodos de evaluación y cada persona tiene sus preferencias. A algunos emprendedores les gusta dejarse guiar por su instinto, a otros les gusta calibrar los pros y los contras con cuidado, a unos les condicionan mucho los riesgos mientras que a otros les estimulan sobremanera las posibles ventajas y siempre ven el vaso medio lleno.
Pero ya casi no te queda tiempo y quieres tomar la decisión de una vez por todas. No estás dispuesto a complicarte la vida con métodos de evaluación complejos que implican el uso de los gráficos, de matrices llenas de números o de tablas que ocupan páginas enteras. Así que, lo mejor, será seguir alguno de los siguientes métodos.

Valorar las consecuencias.
El método de valoración de los riesgos y las ventajas se centra en los extremos de la escala de probabilidades y, en esta medida, resulta ideal como primer filtro de eliminación. Sin embargo, también debes fijarte con mayor atención en las consecuencias de cada idea/oportunidad, y no nos referimos sólo a lo que podría ocurrir en el peor o el mejor de los casos sino a las posibilidades internas.
El análisis de las consecuencias no se centra en las posibilidades sino en resultados contrastados. Para ello tienes que anotar lo que sabes que ocurrirá si eliges una u otra opción.
Divide las consecuencias en dos columnas, una para las positivas y otras para las negativas. Intenta pensar en todas las áreas en las que pueden producirse consecuencias. Por ejemplo, puede haber consecuencias:
-para la empresa.
-para el departamento.
-para ti.
-en relación al presupuesto.
-en relación a los planes de producción.
No olvides las consecuencias emocionales ya que si eres consciente de que la decisión puede afectar a alguien, inclúyelo en la lista.
Recuerda que sólo debes anotar lo que sabes que ocurrirá, no lo que piensas que podría pasar.
Céntrate en las consecuencias directas y seguras que tendría la decisión.
Este análisis resulta tan valioso como si tuvieses los resultados reales por anticipado. Y lo más probable es que después de esta segunda reflexión, hayas eliminado una o varias de las ideas/oportunidades restantes.
Elaborar una lista de los pros y los contras.
Esta técnica de pros y contras recuerda a la que acabamos de describir, pero no es la misma. No se trata de elaborar una lista de consecuencias sino de argumentos a favor y en contra. Aunque es evidente que las consecuencias tendrán mucho que ver con esos argumentos.
La lista resultante será más detallada. Pero ten en cuenta que incluirá más predicciones y menos certeza. 
Toda decisión implica cierto componente de incertidumbre. Si pretendes esperar hasta obtener una garantía total nunca tomarás la decisión, lo que puede resultar tan nefasto como lo que temes que pueda ocurrir si escoges la opción incorrecta. Procura obtener el máximo de garantías pero siempre dentro de lo razonable y, luego, lánzate.
Eso sí, aplica siempre la misma técnica de evaluación a todas las opciones. No analices las consecuencias de la opción A y los pros y los contras de la opción B.

Recuerda.  Cuando te dispongas a analizar las probabilidades de éxito de una u otra idea/opción recuerda que siempre es más fácil demostrar lo negativo que lo positivo. Dicho de otro modo, podrás alegar por qué fracasará una alternativa y, sin embargo, te será más difícil concluir que tendrá éxito. Por lo tanto, ten en cuenta que la falta de conclusiones negativas puede ser sinónimo de buenas noticias, aunque no puedas probar que la opción vaya a ser un acierto.

Involucra a los demás. En este momento seguramente estás ya a punto de saber qué idea/opción es la más conveniente. Sin embargo, si todavía te preocupa la elección, nada te impide pedir consejo a terceros. Ya consultaste a los demás a la hora de elaborar la lista de ideas/oportunidades y puedes volver a hacerlo ahora.
Lo más probable, teniendo en cuenta que el tiempo apremia, es que decidas hablar con una o dos personas. También puedes improvisar una reunión rápida con dos o tres emprendedores con experiencia. Decidas lo que decidas, intenta hablar con ellos por teléfono o cara a cara (llámales para preguntarles si creen que alguna es mejor que las otras).
Si te parece oportuno, comenta un poco con ellos la cuestión, pero recuerda que no debes perder tiempo ni malgastar el de los demás hablando por hablar. Lo ideal es que hagas la reflexión posterior tú solo. No alargues innecesariamente la reunión, diez o quince minutos son más que suficientes para que los demás hagan su aportación y te ayuden a aclarar tus ideas.

La elección final.
Has hecho lo mejor que estaba en tu mano para tomar la mejor decisión posible y lo más probable es que ya tengas claro de cuál se trata. Si después de todos los análisis realizados sigues sin poder elegir entre dos ideas/oportunidades...¡Hazlo a cara o cruz!, aunque suene un poco raro. Si no puedes elegir es porque ambas ideas/oportunidades son prácticamente igual de buenas y no importa cuál elijas. No olvides que tomar una decisión es importante y que seguir aplazando ese momento puede ser peor que equivocarse.

En esta fase del proceso puede surgir otro problema: que ninguna de las ideas/oportunidades te satisfaga. Si ninguna parece la ideal, ¿qué debes hacer? Bueno, pues opta por la que te parezca "menos mala". No es agradable, pero no te queda más alternativa. Tienes que tomar una decisión y esa, aunque un poco motivadora, no deja de ser la mejor idea/oportunidad disponible.

No olvides que siempre queda la posibilidad de decidir no hacer nada, es decir, mantener las cosas como están. Pero ten en cuenta que es preferible que decidas no hacer nada a que no hagas nada porque sigas aplazando la toma de decisión. Al decidirte permites que los demás sepan a qué atenerse y también que pueden tomar decisiones que dependían de la tuya. De modo que aunque decidas no hacer nada, comunica a los demás que esa es precisamente tu decisión.

Ahora ya sabes qué vas a decidir y sólo falta una última cosa: que te mantengas firme. Se acabaron las dudas, debes comprometerte por completo con la idea/oportunidad elegida. Sí...aunque llegases a ella lanzando una moneda al aire o porque era la "menos mala" de todas las alternativas. Si tú, que eres quien la elige, no defiendes tu postura, cómo puedes esperar que los demás lo hagan.
Has de estar totalmente convencido para poder transmitir seguridad al comunicar la decisión, que es el paso siguiente y también el que concluye la toma de decisión.
Consúltalo con la almohada. El subconsciente tiene la oportunidad de encajar las piezas del rompecabezas y darle forma. Lo más habitual es que al despertar, tengas claro lo que debes elegir. Y aunque te quede alguna duda, seguro que serán muchas menos. De modo que si puedes dejar la decisión para la mañana siguiente, hazlo.

Para la próxima vez.
Si la decisión es complicada o tiene muchas implicaciones, tendrás que dedicarle más tiempo. Es posible que después de analizar las consecuencias quieras repasarlas aplicando el criterio de "qué pasaría si..." para estar seguro de que las ideas/oportunidades que te planteas son viables.

Si dispones de tiempo podrás pensar qué harías si eso ocurriera. No dediques demasiado tiempo a pensar en qué "pasaría si..." porque lo más probable es que la mayor parte de las situaciones que barajas no se lleguen a dar, pero ese análisis te ayudará a decidir si la opción elegida es o no viable.

Siempre es bueno poder consultar con la almohada una decisión, aun la menos trascendente. Disponer de un margen de tiempo entre la decisión y el momento de comunicarla puede ser de gran ayuda. El retomar el análisis después de una pausa disipa muchas dudas sin esfuerzo. Así, siempre que te sea posible, deja un margen de uno o dos días entre el proceso de valoración y el momento de la toma de decisión final.

Analiza, toma decisiones y Ponte en Marcha!

miércoles, 10 de junio de 2015

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”


¿Cuántas veces hemos oído esta frase? ¿Cuántas veces la empleamos para motivar a los demás? ¿Cuántas para motivarnos a nosotros mismos?  

Tenemos que reconocer que no siempre damos lo mejor de nosotros mismos, que nuestro trabajo no es tan bueno como podría ser; en definitiva, que no nos empleamos a fondo. Lógicamente no se trata de matarse, pero sí de planificar, optar por la eficacia como la única clave posible para conseguir lo que nos proponemos.

Lo peor de todo es que el mañana es más incierto de lo que pensamos. Las circunstancias que nos rodean hoy pueden no estar presentes al día siguiente, aunque sólo hayan pasado unas horas. Los imprevistos pueden surgir de la noche a la mañana, y entonces, ¿qué? Nuestro sueño se habrá disipado.

Es cierto que siempre surgirán nuevas posibilidades, pero si siempre adoptamos la misma actitud hacia ellas, es muy probable que nunca lleguemos a disfrutar de nuestra vida. 

No utilices la compasión para defenderte. Quizás tenías previsto para hoy, día anterior a la presentación de un proyecto o idea, preparar power point, pero te levantas con un dolor de cabeza increíble. La única excusa posible, lo único que te tranquiliza, es pensar que tú no tienes la culpa, pero no lo utilices para intentar justificar que el examen te haya salido peor; en tus cálculos debía estar previsto lo imprevisto. 

Es cierto que en algunas ocasiones parece que la mala racha nos persigue, pero si la utilizamos continuamente para compadecernos de nosotros mismos, no sólo nos estancaremos, sino que todo lo que suceda pasará a ser visto desde un punto de vista negativo y pesimista. Ponte las gafas del optimismo y acepta de forma inteligente lo que te sucede para poder, incluso de ello, sacar el máximo partido.

No por mucho madrugar ... 

Parece que este post va de refranes y es que realmente encontramos expresiones que nos ayudan a ver la vida desde la realidad y la objetividad. ¿Para qué preocuparnos si hasta mañana no podemos ir al banco a protestar por un recibo que nos han cobrado dos veces? Si hasta mañana no puedes hacerlo, intenta relajarte. Está bien que imagines en tu mente los pasos que vas a dar para solucionar tu problema: qué vas a decir, qué papeles te ayudarán a justificar tus derechos, ... Todo esto te hará las cosas más sencillas. Pero ¿qué pasa cuando tu mente se empieza a llenar con pensamientos como los siguientes: seguro que no me quieren devolver el dinero, no van a querer comprobar los otros justificantes ...? Nadie nos asegura que no puedan surgir nuevas dificultades, pero ¿para qué anticiparlas si todavía no ha amanecido? 

Un nivel adecuado de activación puede ser esencial para realizar con éxito la actividad que tienes programada para el día siguiente. Un emprendedor que se acuesta pensando en la presentación del proyecto o idea que tiene que hacer, que empieza a imaginar lo que hará y que repasa mentalmente aquellos contenidos fundamentales, conseguirá una mayor eficacia que aquel emprendedor que se repite constantemente que la presentación le irá mal. Ni yo ni nadie podemos asegurarle que la presentación vaya a ir bien, pero te puedes convertir en el profeta de tus fracasos si, antes de hacer el examen, anticipas el fracaso. No te preocupes si estás algo nervioso, es algo completamente normal. Esta actividad te permitirá estar más atento y receptivo para apreciar mejor las cosas. Tienes que darle su justa importancia y no intentar luchar contra ella, pues es posible que te pusieras más nervios. 

“El hábito que hace de la vida un proverbio” Ponte en Marcha!

martes, 9 de junio de 2015

Blancanieves o los siete enanitos. 7 Razones para NO Emprender y sólo una para hacerlo


En España se crean miles de negocios al día. ¿Por qué no el tuyo? Hay muchas y buenas razones para emprender tu propio negocio, – seguro que puedes pensar unas cuantas – pero también hay razones que no deberían ser las que te lleven a iniciar ese camino. Aquí te detallo siete: 

1- NO EMPRENDAS SI QUIERES HACERTE RICO EN DOS DÍAS: JUEGA EUROMILLONES. 
Habrás encontrado mucha documentación, sobre todo por internet y algunos libros, que tratan el tema de hacerte rico en una semana si “te lo montas bien”. No los he probado, pero si las pautas que ofrecen son reales, ¿cómo es que no se corre la voz? Cierto que hay unos cuantos que han dado en el clavo con una idea genial (Mark Zuckerberg – Facebook; Larry Page y Sergey Brin – Google; Juan Roig o Amancio Ortega – Mercadona e Inditex respectivamente) pero detrás de esa idea hay mucho trabajo y esfuerzo (bueno, quizá no tanto en el caso de Facebook y Google!).

De modo que no esperes tener grandes beneficios hasta bien entrado el tercer año, si te va bien, trabajas las horas necesarias y, muy importante, eres capaz de administrar y gestionar tu empresa adecuadamente. Aun haciendo todo bien, la gran mayoría de emprendedores no se hace rico, lo que se dice “rico”.  Si ese es tu objetivo, juega a la lotería o “hazte un Dioni”. 

2- NO EMPRENDAS SI ESTÁS HARTO DE TU TRABAJO COMO ASALARIADO: NO ES SUFICIENTE QUERER DESPEDIR A TU JEFE. 
Cuando un trabajo por cuenta ajena es aburrido, o demasiado exigente, o no te llevas bien con compañeros/jefes, etc., se convierte en algo sumamente desmotivador que te puede llevar a cometer errores. ¿Cuántas veces has escuchado a alguien que conoces que no aguanta ser un asalariado y que le gustaría ser su propio jefe? Una cosa es ser tu propio jefe para no tener a nadie que te diga lo que tienes que hacer, ni cuándo, y otra es ser emprendedor. 

Emprender no es un camino de rosas, ni siquiera de margaritas (sin intención de desmerecerlas). Y aunque tu jefe sea un cardo, has de pensártelo muy bien antes de despedirle. 

3- NO EMPRENDAS SI NO PUEDES SUPERAR TUS MIEDOS: QUÉDATE EN TU PEQUEÑA PARCELA DEL MUNDO. 
El miedo es una emoción que surgió en la evolución del ser humano para una de dos cosas: paralizarte o hacerte huir. Así no se puede emprender. Si no vas a ser capaz de superar tus miedos y las limitaciones que, casi siempre, te pones tú mismo, evita emprender y busca un trabajo acorde con tus habilidades. Cuando se emprende, lo más lejano es la seguridad. La incertidumbre y el riesgo acompañan al emprendedor desde que se levanta hasta que se acuesta. Si no estás dispuesto a sacar tus armas para hacer frente a tus temores, es mejor que no salgas de tu zona de confort. 

4- NO EMPRENDAS SI NO ERES DISCIPLINADO Y ORGANIZADO: EN LUGAR DE UN NEGOCIO, CREARÁS UN CAOS. 
Ser emprendedor requiere, como mínimo, creatividad, esfuerzo, tenacidad, capacidad de creer en uno mismo, de superar obstáculos, de dejar atrás los temores, de organización y disciplina. Mucha disciplina. Ese jefe que acabas de despedir ya no estará revoloteando a tu alrededor para decirte con la mirada lo que tienes que hacer o que dejes de hacer viajes a la máquina de café o que tienes una deadline que cumplir antes del jueves o antes de las 5pm. 

Ahora tienes que trabajar para ti, has de organizar tus propios horarios, planificarte con la máxima precisión posible, para optimizar tu rendimiento, y has de crear nuevos hábitos. Es lo que tiene. Ahora llega el lunes y piensas “ayyyn, que horror. Si pudiera quedarme en casita hoy…”. Sin embargo, sientes que tienes la obligación, es como si la empresa que te paga tirase de ti para que llegues hasta tu puesto de trabajo. ¿Tirarás de ti mismo cuando seas tu propio jefe? 

5- NO EMPRENDAS SI TE RINDES FÁCILMENTE: TENDRÁS QUE CONTRATAR DE NUEVO A TU ANTIGUO JEFE. 
Más del 50% de las empresas fracasan durante el primer año, el 80% en los cinco primeros años y el 90% antes de los diez. Si antes tenías dudas, ¿tienes ahora menos? :) Estas cifras hacen a uno reflexionar (espero) sobre si merece la pena todo el esfuerzo de emprender, siendo la probabilidad de éxito es tan baja. Tampoco así. Si es tan baja es precisamente porque el 100% de esas empresas no han leído antes este artículo. No, en serio. 

En realidad hay algo de cierto en eso, y es que el ratio tan elevado es debido precisamente a que muchas, muchísimas veces, se emprende por las razones equivocadas como las que estamos describiendo. No se analizan bien los recursos, las amenazas, las herramientas con las que uno cuenta… Si no estás preparado interiormente para emprender, es posible que te rindas antes de tiempo… :( Es imprescindible ser consciente de que emprender puede ser sumamente frustrante a veces y que hay que estar listo, sacar los recursos necesarios para capear cientos de situaciones que te pondrán a prueba. Esto es clave para no tener que volver a contratar a tu jefe. 

6- NO EMPRENDAS SI LO QUE QUIERES ES TRABAJAR MENOS HORAS: HAZTE REPARTIDOR DE PIZZA. 
Si esta es una de las razones por las que deseas ser emprendedor, más te vale que vayas olvidándote de emprender o preparándote para el fracaso. Al contrario: al principio sobre todo, y si quieres que la cosa funcione, tendrás que echar más horas que un reloj de pared. Ten en cuenta que ahora eres el jefe de atención al cliente, de operaciones, de producción, marketing, administración, recursos humanos, desarrollo, sistemas, tecnología, community management… lo cual significa que desearás (o deberías) que el día tenga 240 horas para poder dar abasto. Si esto te pone los pelos de punta, siempre te queda Pizza Bella. 

7- NO EMPRENDAS SI LO QUE QUIERES ES TENER UN HORARIO FLEXIBLE: AVÓN TODAVÍA EXISTE. 
Teniendo en cuenta el punto anterior, y que la media de horas de trabajo que un emprendedor dedica al principio de su proyecto es de entre 70 y 80 horas a la semana, es decir, unas 14 a 16 al día, y tomando una media de 6 horas de sueño diarias, todavía te quedan entre dos y cuatro horas de flexibilidad. 

Una vez tu negocio sea un éxito, que lo será con toda seguridad al cabo de unos cuantos años, gozarás de unos horarios tan flexibles como le sea posible a tu empresa, pero hazte a la idea de que la flexibilidad durante los primeros años será más bien una quimera… Para flexibilidad horaria, hazte distribuidor de cosmética. 

EMPRENDE SI ES LO QUE DESEAS CON TODA TU ALMA: NUNCA FRACASARÁS. 
Este post no trata de desanimar a aquellos que verdaderamente desean emprender. Pretendo únicamente darte una visión más realista, aunque sea en un tono desenfadado, de lo que significaría ser emprendedor, así como indicar las razones por las cuales uno NO debería emprender (a no ser que esté forrado y no le importe lo que ocurra con ese emprendimiento). 

Si te animas a entrar en el mundo del emprendimiento, has de hacerlo con los ojos muy abiertos, consciente de sus pros y sus contras, pero sobre todo de tus propias capacidades y recursos. Esto aumentará tus opciones de tener éxito. La mayoría de los emprendedores que conozco aman apasionadamente y disfrutan lo que hacen y ni siquiera se les pasa por la cabeza ser asalariados. 
 
La verdadera cuestión no es ser o no ser (emprendedor), sino en caso de desearlo, saber exactamente cuáles son los valores que te mueven, tus fortalezas y áreas de mejora y tus recursos. Una vez conozcas todos estos aspectos de ti mismo, te será mucho más sencillo identificar qué es lo que verdaderamente quieres hacer con tu vida profesional, y Ponerte en Marcha!