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lunes, 13 de julio de 2015

La importancia de la toma de decisiones en la correcta administración del tiempo.

Lo bien o mal que gestionamos nuestro tiempo en la vida viene determinado por las decisiones que tomamos cada día. Decisiones para decir sí o no. Para empezar un proyecto ahora o para dejarlo para más tarde. Para interrumpir el trabajo y tomar un café o para continuar hasta completarlo. Para escribir nuestras ideas y cosas importantes o para dejarlo todo en nuestra cabeza. Para enfadarnos ante situaciones de estrés o para mantener la calma. 

Cada persona toma decisiones sobre: de que manera planifica su tiempo, con que herramienta lo hace, el papeleo que decide guardar, los libros que desea leer, la comida que come, las personas con las que se asocia, la clase de amigos que tiene. Toma decisiones sobre la manera en que pasa sus fines de semana, y cada momento de su tiempo libre. 

Generalmente, son muchas las personas que constantemente justifican su falta de tiempo echándole la culpa a los demás. Al jefe por haberles dado demasiado trabajo. A los compañeros de trabajo por interrumpirle con tanta frecuencia. A los empleados porque no son lo suficientemente hábiles trabajando... 

Si de verdad deseamos de una vez por todas tomar el control del tiempo en nuestras vidas, lo primero que hemos de hacer, es tomar conciencia de que somos nosotros mismos, en base a nuestras decisiones, quienes marcamos como lo usamos en cada instante de nuestra vida. El verdadero significado de la palabra responsabilidad es habilidad para responder. Debemos esforzarnos por responder adecuadamente a cada situación que se nos presenta tratando de tomar las decisiones más adecuadas. 

Si tu objetivo es terminar un determinado informe hoy antes de las cinco de la tarde, tus decisiones han de respaldar ese compromiso. Si alguien llega solicitando quince minutos de su tiempo, emplácele a reunirse contigo después de las cinco de la tarde. Se consecuente con el objetivo que te has fijado y toma las decisiones en base a tu compromiso. Otras decisiones que puede que sean necesarias para lograr ese objetivo que te ha propuesto pueden ser: conectar el contestador automático de tu teléfono para evitar llamadas inoportunas, cerrar la puerta de tu oficina dando aviso de que no te molesten, delegar otros trabajos menos importantes que no te permitan enfocarte totalmente en su proyecto, evitar con tu disciplina interrumpir a medias tu trabajo, etc… 
 
En resumen, si decides terminar un proyecto, y has hecho de eso tu objetivo más importante para ese día, podrás hacerlo si haces que todas tus decisiones a lo largo del día apoyen ese compromiso. Pero con frecuencia, establecemos un objetivo para hacer algo, y simplemente perdemos el rumbo hacia ese objetivo tomando algunas decisiones incoherentes a lo largo del día que nos impiden realizarlo. Si lo has decidido, ¡hazlo!, Ponte en Marcha!

Muy unido a esto está el problema que tienen muchas personas por su incapacidad para decir “no” a algo, a pesar de que saben que es algo que deberían declinar. Has de tomar conciencia de que decir que “Si” a algo a lo que deberías decir que “No” es una de las formas de comportamiento más frustrantes que existen, ya que lo que estás haciendo realmente es perder el tiempo en algo que no quieres hacer en lugar de dedicarlo a aquello que realmente merece tu atención y tu esfuerzo. Toma de una vez por todas conciencia de que eres el responsable de cómo estás utilizando tu tiempo en base a las decisiones que tomas en cada instante de tu vida. Si no te gusta como lo estás haciendo hasta ahora, simplemente cambie el tipo de decisiones que estás tomando, y pon tu vida en el rumbo adecuado utilizando ese increíble poder que posees. 

Cuando no se toman las decisiones por uno mismo de manera consciente, es como tener la sensación de que nuestra vida está controlada por los acontecimientos o por otras personas. No hay nada peor que tener la sensación de que no tenemos opciones. Muchas personas utilizan constantemente en su mente afirmaciones como: “Me resulta imposible terminar nada” “Nunca consigo encontrar tiempo para mi” “Siempre tengo que trabajar hasta tarde”· Este tipo de expresiones son derrotistas, y le garantizo que no le llevarán a ninguna parte. Simplemente le harán sentirse como incapaz de lograr el control de su vida. 

Rompe esa dinámica negativa. No te permitas creer que las cosas no tienen solución. Toma decisiones poderosas, aunque a veces esas decisiones impliquen riesgos. Si estás absolutamente cansado de hacer constantemente horas extras, solo para encontrar que no te las valoran, toma la decisión de cambiar esa situación. Puede que eso conlleve un riesgo de pérdida de su trabajo. ¿Pero no es peor perder la vida en algo que no te aporta nada de realización, que perder un simple trabajo? Lo que quiero decirle es que tomes conciencia de que tu tienes el control en base a la capacidad de decisión que posees. 

La administración eficaz del tiempo es mucho más que simplemente utilizar una agenda y planificar unas tareas lo más eficientemente posible. Es fundamentalmente el proceso de tomar las decisiones adecuadas en cada momento. Aquellas que nos lleven a avanzar más firmemente hacia nuestros mayores objetivos. Pregúntate constantemente: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo en este instante? Y a continuación, actúa en consecuencia.

Toma decisiones, administra eficazmente el tiempo y Ponte en Marcha!

viernes, 12 de junio de 2015

El Síndrome de Ganímedes: Limitados a una tarea.


En la administración del recurso humano es posible encontrar supervisores que se encargan de etiquetar a sus colaboradores de acuerdo a las cualidades que unilateralmente consideran más resaltantes en cada persona, haciendo caso omiso a las competencias que poseen sus empleados y orientándolas a responder a sus intereses. Esta conducta limitante y egoísta somete al empleado a desarrollar una tarea rutinaria y constante donde posee ventajas competitivas, pero a la vez atrofia e ignora otros elementos que podrían agregar valor a su entorno personal y profesional. 

De acuerdo a la mitología griega, algo similar ocurrió a Ganímedes, un joven que fue llevado al Olimpo por Zeus quien se enamoró de su apariencia y porte con la finalidad de ser lucido ante los demás dioses mientras repartía el vino. El soberbio Zeus limitó de manera inmediata a Ganímides a ser exhibido, basándose únicamente en su belleza, obviando cualquier otra cualidad que el joven pudiera poseer. 

Al comparar el comportamiento de Zeus con relación a Ganímedes y el de los supervisores con respecto a sus subordinados, se puede advertir la existencia de otro síndrome gerencial, el cual puede ser denominado El Síndrome de Ganímedes. 

El Síndrome de Ganímedes es aquella actitud orientada a la explotación de una cualidad del colaborador, limitando su desarrollo a un área específica o parte del proceso, la cual es asumida por el supervisor en beneficio propio. 

La práctica de esta conducta gerencial parece estar completamente en discordancia con la visión que se posee del gerente del siglo XXI, el cual debe orientarse más al concepto de profesional integral. 

Ahora bien, si las organizaciones están dejando a un lado el concepto del especialista y se acercan cada día más al concepto integral, ¿ese mismo requerimiento no debería estar orientado también al personal subordinado? ¿Cómo llegar a poseer supervisores integrales si se parte de la base de un empleado limitado a funciones específicas? 

A diferencia de la administración tradicional en donde el poder y las decisiones se toman de arriba hacia abajo, vale la pena reflexionar en cuanto a la última pregunta realizada en el párrafo anterior. La formación del supervisor emergente viene dada por la cantidad de conocimientos y destrezas que haya logrado desarrollar a lo largo de su permanencia en la organización, esa experiencia le irá dando una visión más amplia de la organización, pero sí y solo sí es capaz de alimentar todas y cada una de las cualidades que pueden serle útiles en la organización, en otras palabras, si desarrolla sus competencias. 

Entre las características más resaltantes que posee El Síndrome de Ganímedes se pueden citar: 
· Se presenta en cualquier tipo de trabajo. 
· No tiene un área específica de aplicación. 
· La competencia explotada beneficia más a la organización que al empleado. 
· El supervisor presenta la realización de la actividad o trabajo específico como la única oportunidad de mantener el empleo. 

Cuando se exige realizar una tarea específica de manera rutinaria se tiende a restar interés a la tarea, se obvia el enunciado de Herzberg referente al "trabajo retador" y por ende la productividad tiende a decaer. 

Al igual que en el Síndrome de Cronos la comunicación se ve afectada, ya sea por las mismas razones citadas, o porque se pierde el interés de ofrecer ideas o soluciones puesto que se sabe que no serán escuchadas.
Por lo tanto resulta obvio suponer que un individuo limitado tiende a desmotivarse. Es simple, si el ser humano no satisface la necesidad de "llegar a ser todo lo que es capaz" o casi todo, no puede considerársele como un individuo motivado. 
Las organizaciones no pueden obviar la existencia de una relación directamente proporcional: mientras mayor interés tenga la empresa por el desarrollo del individuo, mayor será el esfuerzo que los empleados con visión pondrán en beneficio tanto de la organización como en sí mismos, lo cual funciona exactamente igual a la inversa. 

Además, una vez que el individuo experimenta la limitación de sus funciones en forma constante y su interés por la realización de la actividad disminuye, suele presentarse un cambio de conducta, pues al encontrarse ante la exigencia de guiarse por un patrón único e invariable, resistirse es la respuesta inmediata. 

 El Síndrome de Ganímedes es una enfermedad común en muchas organizaciones. Su práctica es contraproducente ya que impide la creatividad e innovación y genera una ruptura en la línea comunicacional y funcional del empleado. 

Usualmente el supervisor que desarrolla el Síndrome de Ganímedes posee una serie de características que lo distinguen, estas son: 
· Presencia de la autocracia en el estilo de liderazgo. 
· Interés específico por una sola cualidad del individuo, que lo beneficia de manera directa. 
· Limitación del colaborador a través del uso y abuso del poder. 

Esta práctica o la presencia de este síndrome genera grandes conflictos en el personal, además del sentimiento de limitación, la desmotivación y la pérdida de interés por la calidad y la cantidad de la producción están presentes. El trabajo rutinario ofrece resultados mas no agrega valor debido a la poca participación de los empleados. 

Como suele suceder, parece haber una pequeña paradoja en cuanto al síndrome en sí. En la mayoría de los casos es el supervisor quien limita al empleado a una sola función, no obstante, existen subordinados que de una forma consciente delimitan sus funciones y no aceptan que se les impongan otras que no sean las que él reconoce como tales. A esa actitud inversa se le ha llamado el Efecto del Síndrome de Ganímedes, entendiéndola como la dedicación voluntaria, por parte del individuo, a la explotación de una sola competencia, normalmente causada por la previa aplicación del síndrome, creando en la persona un paradigma dominante que le impide vislumbrar cualquier otro talento que posea. 
 
La paradoja consiste en que cuando es el supervisor quien limita al empleado a una sola actividad este deberá dedicarse a ella porque así se le exige y alegando el motivo de la contratación, la administración tradicional lo entiende como la aplicación del control sobre el recurso humano y la acción misma de supervisar. Pero cuando es el empleado quien asume que ha sido contratado para una actividad específica y delimita claramente sus funciones, esa misma administración califica de incorrecta tal pretensión. 

El Efecto del Síndrome de Ganímedes, entendido como ese cambio de conducta orientado a aceptar el hecho de ser limitado o cuando el individuo se autolimita poniendo barreras a sus funciones; se traduce en impedimentos para alcanzar cambios, adaptarse a ellos y/o desarrollar conductas que propicien la formación de equipos, transferencia del conocimiento y la agregación de valor, lo cual es totalmente contrario a la visión que actualmente posee la empresa contemporánea. 

Con la finalidad de identificar y corregir la presencia del Síndrome de Ganímedes, o su Efecto, en las organizaciones es preciso: 
1. Implementar instrumentos que permitan monitorear el comportamiento de los supervisores con la finalidad de evitar conductas que limiten el desempeño de sus subordinados. 
2. Estimular el crecimiento basado en el desarrollo de las competencias. 
3. Alentar el progreso de las personas que poseen un perfil orientado a la innovación, creatividad y relación para optar por cargos supervisores. 
4. Orientar el perfeccionamiento del personal, en beneficio de la organización y de ellos mismos.
5. Evitar la concentración del poder en una sola persona, facilitar la participación de los empleados en los procesos y orientarlos a una visión integral de su desempeño. 

Tanto el Síndrome de Ganímedes como su efecto en los individuos han de ser diagnosticados en la administración contemporánea, orientando los esfuerzos a combatir su práctica y minimizar su alcance, de no hacerlo cualquier intento por implementar programas de desarrollo de competencias quedará reducido a la teoría.

No te límites, Ponte en Marcha!

jueves, 23 de abril de 2015

¿Esfuerzo o resultados? La potencia sin control no sirve de nada.

Siempre he creído en la capacidad de esfuerzo y superación como unas de las virtudes fundamentales en la vida y por tanto en todos los ámbitos de la misma. (Como por ejemplo en el campo profesional, empresarial y del emprendimiento).
 
Considero que uno de los pecados capitales o faltas fundamentales que pueden cometerse es no apoyar ni fomentar o premiar a alguien que tiene esta excelente cualidad. Nunca me perdonaría no haber sabido ayudar, habiendo podido hacerlo, a alguien que tuviese interés o empeño en conseguir un objetivo lógico y loable. 
  
Tras lo comentado debo decir que la capacidad de esfuerzo debe ir acompañada en todos los ámbitos y especialmente en el ámbito del emprendimiento, de la consecución de unos resultados o el logro de unos objetivos tangibles o cuantificables, es decir, debe aportar un valor al proyecto o negocio que se pone en marcha.

Hago estas matizaciones y aclaraciones porque en más de una ocasión encontramos emprendedores que al preguntarle, suelen utilizar expresiones del tipo: no paro, trabajo mucho, echo muchas horas, estoy siempre liado, pero cuando se le pregunta: ¿qué haces?, como mucho conseguimos que nos conteste, de todo, ¿pero de todo qué? Y suelen no saber concretar ni definir una tarea concreta, una obra o aportación acabada o finalizada; esto puede deberse fundamentalmente a dos causas: no se tiene un conocimiento claro y preciso de las tareas desarrolladas y logros conseguidos o es que las tareas finalizadas o logros conseguidos no existen.
 
Ante tales circunstancias considero que es fundamental dejar claro y bien sentado que el desarrollo de una determinada tarea debe tener un fin concreto y aprovechable de alguna manera, el moverse por moverse, carece de sentido, como dice ese dicho promovido por el dúo humorístico Cruz y Raya: “Si hay que ir se va, pero ir pa na, no tiene sentido”, parafraseándoles podríamos decir: “Si hay que esforzarse nos esforzarnos, pero esforzarse por esforzarse sin conseguir resultados no tiene sentido”.

Las empresas viven de los resultados y no de lo calientes que estén los asientos de sus instalaciones, aunque también es verdad que conseguir buenos resultados sin dedicarle tiempo y esfuerzo es algo excepcional o casi milagroso.


Trasladado esto al mundo emprendedor; la organización como redistribuidora de los bienes conseguidos basa su desarrollo, no en el esfuerzo realizado, sino en el resultado conseguido, por ello no debemos considerarla como un purgatorio donde lo importante es la penitencia o el esfuerzo realizado sin más, sino como un lugar vivo, dinámico, que precisa de resultados o logros. Quizás esto se deba a que las entidades financieras todavía no admiten como depósitos el sufrimiento o la penitencia y nuestros proveedores, no nos admiten como pago en estas especies.

En definitiva lo que cuenta no es lo que en ella se ha sufrido sino lo que se ha luchado y conseguido. No tiene sentido valorar y reconocer lo que se ha sufrido sin valorar lo que se ha conseguido ni valorar el esfuerzo sin valorar el resultado y la utilidad del mismo.

Como también decía la un anuncio de publicidad, la potencia sin control no sirve de nada.

Ponte en Marcha!, pero monitoriza tus resultados.