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viernes, 4 de agosto de 2017

Decidí emprender y esto aprendí, ...


Y así, un día como cualquier otro, decidí emprender. 
Decidí no esperar a las oportunidades, sino buscarlas yo mismo. 
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar la solución. 
Decidí ver cada desierto, como la oportunidad de encontrar un oasis. 
Decidí ver cada noche, como un misterio a resolver. 
Decidí ver cada día, como una nueva oportunidad de ser feliz. 
Aquel día descubrí que mi único rival, no eran más que mis propios miedos. 
Aquel día dejé de temer a perder, y empecé a temer no ganar. 
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. 
Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo". 
Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. 
Por eso, desde aquel día, ya no duermo para descansar. 
Ahora duermo simplemente para soñar. 
No pierdas la esperanza, sobretodo, en los tiempos difíciles ... 

Decídete, aprende y Ponte en Marcha!

martes, 20 de junio de 2017

Ponte en Marcha. Desmontando excusas que impiden el emprendimiento. Tengo miedo.

Tengo miedo. Cuarta excusa que los EMPRENDEDORES argumentan para Poner en Marcha su Proyecto. 

El miedo es un tema que desde hace un tiempo me ha apasionado.  

En su esencia básica cumple una maravillosa función de protección y en tal sentido nos evita situaciones que podrían resultar incómodas y hasta mortales. Si no sientes miedo frente a un precipicio puedes acercarte tanto a él que podrías poner en riesgo tu vida.

Hasta aquí, todo va bien.

Sin embargo, cuando el miedo es el resultado de presunciones tuyas frente a situaciones que pueden provocar un daño, el miedo adquiere características de inmovilización. El miedo en este caso, paraliza. 

Cuando el miedo es producto de tu imaginación, estás prediciendo algo que aún no ha sucedido, y como no alcanzas a ver lo que va a suceder, tu mente te juega una mala pasada. Tu mente, ese mecanismo maravilloso hallado dentro de otro mecanismo excepcional, del cual no se sabe mucho, el cerebro reaccionará haciendo que vivas en tu cuerpo esas sensaciones producto de tus profecías negativas. 

Temblarás, se te dilatarán las pupilas, se te erizará la piel, se te secará la boca, la saliva se volverá pastosa, se te enredará la lengua, se petrificará y por si fuera poco, perderás la lucidez de tus ideas. Y todo porque tu cerebro maravilloso como es, no detecta la diferencia entre un evento real y otro imaginado por ti. 

La mente no tiene sentido del humor. Tú le das una orden a través de tus percepciones y ella simplemente las cumple. 

Por eso es que sentirás lo mismo frente a un león agresivo que saltó para sorpresa tuya detrás de las rejas de una jaula, y el ruido extraño en la noche que "creíste" era un intruso en tu casa. 

Un evento real, otro imaginado, la misma reacción. 

Lamentablemente mientras esas imágenes sigan en tu mente, el miedo con la ayuda de tu cerebro te detendrán. Personas con increíbles capacidades que bien podrían hacerse una vida excelente por ejemplo a través del maravilloso mundo de las ventas y mejorar sustancialmente sus vidas, se petrifican, por el solo hecho de pensar que van a ir a vender. 

La sola idea de hablar con alguien que no conocen, con la que tendrían que negociar y argumentar los lleva a sufrir escalofríos. Tú y yo sabemos que lo peor que te puede pasar con un cliente potencial es que este te diga que NO, pero por lo demás no dejarás de respirar, ni de vivir por eso. Sin embargo un NO para muchos, es como un flechazo fulminante del miedo directo al corazón. No han salido de casa y ya están aterrados. 

La línea divisoria entre el miedo y la realización de tus propósitos es tan delgada que se puede cruzar simplemente con un paso. 

Hace un tiempo se hizo una investigación donde se le preguntaba a la gente cuáles eran sus miedos más profundos. 

¿Cuál es el miedo que ocupa el primer lugar en la lista de ese estudio?, ¿A qué es a lo que le tienen más miedo las personas? Las respuestas son diversas. Mencionan la soledad, el fracaso pero casi todos coinciden en afirmar a la muerte como la que produce más miedo. 

Tienen razón, pero la muerte no está en primer lugar, está en segundo. ¿Qué es aquello a lo que las personas le pueden temer más que a la misma muerte? Aunque parezca increíble según el estudio, las personas le temen más a hablar en público. En otras palabras, la gente prefiere morirse antes que hablar en público. 

Cuando tienes un nuevo proyecto en mente salen disparados como un rayo una serie de pensamientos que al parecer pretenden alertarte de los riesgos posibles de tu decisión. Muchos de tus pensamientos no son del todo fundamentados y es necesario que los analices, antes de dejarte afectar, pues algunos son fatalistas y esos son los que te van a detener. 

¿Y si me sale mal?, ¿Y si tropiezo?, ¿Y si se me olvida?, ¿Y si me dice que no?, ¿Y si no le gusta? Preguntas premonitorias de algo que nunca sabrás cómo van a salir si no lo averiguas. Lo interesante de este juego paralizador no termina allí. Continúa cuando respondes estos interrogantes con imágenes. Es decir, cuando te ves a sí mismo en esa situación incómoda, como por ejemplo cuando recibes una negativa, las consecuencias de esta respuesta que además exageras, ves también la reacción de algunas personas, también ves como a consecuencia de esto recibes otras negativas y por eso no vas a poder cumplir con tus compromisos económicos, lo que te llevarán a perderlo todo y ... 
 
Créeme, no estoy exagerando. Al ver esta escena mental, no tardarás en temblar y dejarás de lado la posibilidad de proyectos que seguramente te iban a beneficiar muchísimo. El miedo adquiere características irracionales cuando por evitar una situación incómoda futura, abandonas cualquier acción que te lleve hacia adelante. 

La línea que separa la realización del miedo se llama acción. El miedo siempre lo vas a tener. Si quieres liberarte de él, pues muérete. No hay de otra. El miedo es tan natural como respirar. 

Analizada la situación debes lanzarte, cruzar la barrera del temor. Cuando des los primeros pasos, es más cuando comiences a ver los primeros resultados positivos ya nada te hará volver al estancamiento producto del miedo irracional. 

La única fórmula que conozco que sirve para vencer la barrera del miedo: "arriésgate". Identifica eso a lo que más temes, y vete y haz eso que te aterra. 

Lo más interesante es que muchas personas que han llegado muy alto en la vida, le deben mucho al miedo que sentían. De no haberse enfrentado a lo que les producía temor como lo hicieron, hoy estarían frustrados por no haberse movido. En otras palabras, se desafiaron a sí mismos enfrentando sus temores, y eso les abrió las puertas a la cristalización de sus propósitos. 

Es muy normal encontrar personas muy brillantes hablando en público, con un fuerte temor a impartir clases y conferencias. Es usual encontrar a vendedores campeones en ventas, con gran miedo a hablar con personas desconocidas. 

Como notarás, ellos y tú sois muy parecidos, también sienten miedo. Con la diferencia de que ellos se arriesgan, enfrentan sus temores y van por lo que quieren, ¿Y tú?   

No tengas miedo, y Ponte en Marcha!

martes, 8 de marzo de 2016

El miedo y la toma de decisiones a la hora de emprender.


La toma de decisiones es la elección racional entre alternativas caracterizándose este proceso por la indecisión ante el riesgo y el temor a lo desconocido. 

Todos a lo largo de nuestras vidas estamos tomando continuamente decisiones, incluso aunque no las tomemos ya que en este caso no deja de ser también una toma de decisión. 

En mi contacto con estudiantes he detectado que las nuevas generaciones, mejor preparadas y con mejores medios que las anteriores, adolecen sin embargo de falta de decisión, se resisten a hacer un juicio o alcanzar una conclusión, siendo el miedo el obstáculo más grande en la toma de decisiones. 
 
Las generaciones universitarias de hace tan solo diez años no se parecen en nada a las actuales en este sentido. Excepto alumnos con habilidades de liderazgo, que los hay y muy buenos, muchos de los universitarios de hoy tienen miedo a tomar decisiones. Lo tienen casi todo: una sólida formación, conocen idiomas, han salido al extranjero con los programas de estudios internacionales o por su cuenta, conocen y les gustan las nuevas tecnologías. Sin embargo son muchos los que acuden a los despachos con grandes dudas a la hora de tomar decisiones. Sienten miedo a la incertidumbre y al riesgo que conlleva. ¿Dónde radica el problema? ¿Cuál es el origen del mismo? Parece que se debe al proteccionismo excesivo en la propia familia, en los propios centros educativos y en el entorno social, que acomoda a las personas a que las decisiones las tomen otros por ellas. 

Independientemente de la edad, tanto para las nuevas generaciones como para cualquier otra persona, el mensaje frente al miedo para la toma de decisiones es que cuando se toma una decisión habiendo realizado un análisis detallado del problema no existe la equivocación como tal. La decisión ha sido correcta en el momento. Sin embargo el resultado de la decisión puede ser malo como consecuencia de la alteración, desviación o interpretación errónea de los parámetros del escenario que sirvió de modelo. 

En la vida profesional muchas personas ponen a prueba su capacidad para elegir entre el deber, el poder o el querer tomar determinadas decisiones. 

Hasta hace poco, cuando las organizaciones estaban estructuradas funcionalmente con modelos verticales y muchas jefaturas, la toma de decisiones estaba muy ligada a los cargos directivos. Actualmente en que la estructura empresarial tiende a la organización por procesos, cualquier persona de la organización tiene que tomar cada vez más decisiones, de ahí la necesidad de utilizar frente al miedo un proceso adecuado para decidir, cuyas fases se enumeran a continuación. 

1) Definir con claridad el problema. Es el punto fundamental ya que de este punto de partida depende todo el proceso para la toma de decisiones. Si la definición es errónea los pasos siguientes se apoyarán en una incorrección de partida. 

2) Identificar las limitaciones del proceso. En muchos procesos de toma de decisiones existen limitaciones tales como la falta de recursos materiales y humanos, disponibilidad de tiempo, cualificación de las personas del equipo del proceso, movilidad de las mismas, financiación del proyecto, etc. Así, por ejemplo, la decisión de comprar una máquina puede estar condicionada por la falta de dinero y hacerla inviable. Un trabajador puede tener la posibilidad de cambiar de empresa y ocupar un puesto mejor, pero puede estar condicionado por el hecho de que su mujer trabaje y no sea posible el traslado. 

3) Analizar y desarrollar todas las alternativas potenciales. En este apartado no debe desecharse en principio ninguna alternativa teniendo siempre en cuenta la historia de hechos análogos o relacionados con el mismo, opiniones de expertos en el tema, consultas a directores o personas de otras organizaciones y publicaciones existentes. 

4) Análisis de las alternativas. Se determinan los puntos fuertes y débiles de las mismas utilizando todas las técnicas que se conocen: datos estadísticos, análisis de riesgos, simulaciones, dinámica de sistemas, árboles de decisión y programas informáticos. 

5) Elección de la mejor alternativa. Se elige la solución que más puntos fuertes tenga frente a los débiles.

Posteriormente a la elección de la mejor alternativa es muy importante que todas las personas del equipo que se encargue de la implantación conozcan a fondo la decisión y como y cuando deben actuar. 

La evaluación de la toma de la decisión proporcionará la información en cuanto a resultados positivos o negativos pero recuerda que si los pasos enunciados anteriormente los realizaste con criterio y profesionalidad has tomado adecuadamente tú decisión. Ponte en Marcha!

martes, 15 de septiembre de 2015

La falsa garantía de lo mediocre.


Aquel exitoso gerente de ventas me invitó a pasar a su oficina. En aquel lugar se respiraba solamente éxito, desde el color de los pisos hasta las manillas de las puertas. Su oficina era impecable, como lo era el resto de su empresa, según lo pude comprobar cuando hice un recorrido por sus instalaciones, todo estaba perfectamente ordenado y se transpiraba un ambiente muy distinto del de las muchísimas empresas que conozco día a día. 
  
Yo estaba allí porque sabía de su éxito, el cual era además reconocido ampliamente en la comunidad. Yo estaba allí por el secreto de su éxito, también por la relación de amistad que nos unía, pero fundamentalmente yo había aceptado su invitación a visitarlo para descubrir qué hacía él para tener el éxito que tiene. 

Mientras me hablaba y atendía cortas llamadas telefónicas mi mirada hacía un recorrido de espía por todas las superficies de su acogedor y sobrio ambiente de trabajo. Había muchas condecoraciones. Todas se referían al MEJOR. El era un campeón en ventas y él lo sabía. El era uno de esos que escasean en nuestra sociedad, de aquellos a quienes desearíamos tener como socios. Y la pared llena de condecoraciones atestiguaban que siempre había llevado una vida de triunfador en sus asuntos de negocios. 

Pero no terminaba de adivinar qué tenía aquella personalidad arrolladora, si cuál era la fórmula secreta que él practicaba. Y al final, ya vencido, tuve que preguntársela. 

Sé que eres de origen humilde, le dije, y ahora todo lo que tocas se vuelve oro, qué fórmula milagrosa te dieron, qué misterioso secreto conoces tú que los demás ignoramos. 

 Ni es secreto, ni es misterioso me dijo con su hablar seguro; aquí en la pared, detrás de mi cabeza siempre ha estado la regla con la que enfrento mi destino, mientras me señalaba con su mano un cuadro que contenía la siguiente frase: 

“Si de verdad estás decidido a triunfar, tarde o temprano tendrás que rechazar la FALSA SEGURIDAD QUE OFRECE LA MEDIOCRIDAD QUE TE MANTIENE ATRAPADO DONDE ESTÁS, y tendrás que salir en pos de tus sueños, asumiendo los riesgos que tengas que asumir”. 

Dame un papel, le dije, déjame anotar la sabiduría de estas palabras que seguramente podrán ser de utilidad para muchas personas que permanecen atadas a empleos que no les agradan, a ingresos que no los satisfacen, a estilos de vida llenos de tedio y de rutina, a grupos de amistades que no les aportan nada a su crecimientos, a profesiones saturadas de estatus, a clases medias que se pasan la vida compitiendo por tener más cosas que el vecino, a ejércitos de ejecutivos que llevan una vida llena de facturas y de tarjetas de crédito que nunca terminan de pagar. 
 
No te vayas, me pidió mi amigo, déjame decirte algo, antes de que te vayas. Durante muchos años estuve repitiendo esta frase a mis amigos, como queriéndoles enseñar lo que debían hacer y todos me miraban y se reían. Años después, mucho después de que mis amigos han visto que no solo lo digo, sino que además lo hago y lo pongo en práctica, mis amigos me respetan. No le digas esta frase a nadie sin antes chequear cómo está la calidad de vida que está llevando, pues corres el riesgo de no tener autoridad para decirla y recomendarla. 

ACCIÓN: Toma un papel y contesta a estas preguntas: 
¿Qué estoy haciendo? ¿Para qué lo estoy haciendo? ¿Qué sentido tiene aquello que hago todos los días? ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué estoy haciendo en forma intencional para llegar a donde quiero? 

Y debes preguntarte muy sinceramente: ¿De qué esta disfrazada mi mediocridad? ¿Cuál es la falsa garantía que me está ofreciendo?.

No seas mediocre, Ponte en Marcha!