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miércoles, 24 de enero de 2018

Emprender es como ser bombero.


Emprender es como ser bombero. Es vocacional, ya que el bombero disfruta con la experiencia de riesgo y la incertidumbre. 

Ambos deben pasar la prueba de fuego: Disfrutar con la incertidumbre; el deseo de moverse en un entorno incierto, asumiendo la responsabilidad de la ausencia de seguridad y rutinas preestablecidas. 

Por ello, “el emprendedor/empresario es la persona que se mueve en un mundo incierto para que los que trabajan para él crean que ese mundo es seguro”. 

Al igual que los bomberos, esos héroes anónimos la emprendeduría está llena de héroes anónimos que todos los días hacen su trabajo sin salir en portadas ni en la prensa de color salmón. 

Apagar incendios puede sonar muy sencillo, pero los bomberos requieren de un entrenamiento complejo, muchas veces ellos corren grandes riesgos y deben ser capaces de organizarse rápidamente y trabajar en equipo. Entre una emergencia y otra, ellos deben limpiar y reparar su equipo, practicar todas sus rutinas, hacer entrenamiento físico y realizar inspecciones en sitios de riesgo. 

La labor del bombero combina saber trabajar en equipo y poseer capacidad de entrega y sacrificio, en definitiva una buena preparación psicológica, con unas cualidades físicas importantes. 

Si los bomberos salvan gente, los emprendedores salvan las economías de los países, trabajando para generar riqueza y empleo, a través de su esfuerzo y cooperación con otros emprendedores. 

Emprender es un acto emocional y por ello “creo que emprender no es cuestión de conocimientos sino de carácter, y en estos casos, como antiguamente se decía, <A quién Dios no da, Salamanca no presta>” 

Un emprendedor es un tipo con afán de bombero pero sin ideas de bombero. 

Ponte en Marcha! pero no actúes en la improvisación del apaga fuegos.

martes, 30 de agosto de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (6) ASERTIVIDAD.



Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan. 

ASERTIVIDAD 

Cuando entré en una librería y me di de bruces con un libro llamado El vendedor pitbull, me pregunté hasta qué punto está difundida la idea de que es necesario ser un vendedor agresivo en los negocios. Sinceramente, no creo que la agresividad sea una característica adecuada del comportamiento dentro del ambiente empresarial o laboral. Una persona hostil es severa, intenta obtener lo que desea a gritos, no sabe escuchar ni tiene consideración con los sentimientos y necesidades ajenas, no sabe esperar, no tolera los errores y atropella a los demás. En fin, es problemático en potencia. 

La cuestión es que mucha gente confunde agresividad con algo completamente diferente, que es la asertividad; ésta sí es una cualidad importante para quien desea tener éxito en su carrera. Ser asertivo es expresar opiniones, necesidades o preferencias de modo franco y directo. Es ser capaz de decir que no a aquello que hiere su integridad y es contrario a sus valores, pero sin agredir ni faltar al respeto al otro. Se trata de una cualidad que denota seguridad y autoconfianza, mientras que la agresividad es generalmente la expresión de una personalidad insegura. 

La persona asertiva defiende sus opiniones con claridad y honestidad, sin recelos acerca de qué dirán. Considero esa actitud fundamental en el mundo corporativo, pues no se pude decir que sí a todo, “traga con todo”, dejar de expresar opiniones por miedo a desagradar o asumir las responsabilidades de otros. Hay quien considera esas actitudes como estrategias políticas, pero para mí son señal de pasividad y de falta de comprensión. Hoy en día, lo que significa ser profesional, lo que se espera, cada vez más, es que las personas sean capaces de tomar decisiones, de asumir riesgos y responsabilidades. 

Creo que es muy difícil que alguien consiga ser asertivo en todas las situaciones de su vida, así como no hay nadie que sea totalmente sumiso o agresivo. Cada uno de nosotros tiene mayor facilidad de actuar así en determinadas situaciones con ciertas personas, lo que significa que podemos ser asertivos también en el trabajo. 

¿Por dónde empezar? Por ser conscientes de que tenemos derecho a recibir un trato respetuoso, (independientemente de nuestra posición social o de nuestra jerarquía dentro de la empresa), derecho a mantener nuestros valores, a expresar lo que queremos y decir “no” sin sentirnos culpables por ello; derecho a equivocarnos, a pensar antes de tomar una decisión, a pedir ayuda.

Se asertivo y Ponte en Marcha!

martes, 23 de agosto de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (4) ADAPTACION.



Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan. 

ADAPTACIÓN 

En cierto sentido, no es una exageración comparar el mercado laboral con la selva. No podemos negar que, en general, hay más demanda de empleo que oferta, y quien quiera conseguir un trabajo, necesita afilar sus garras y demostrar su competencia, habilidades, experiencia y conocimientos. Los mejor preparados ganan la disputa por el empleo, pero después comienza la lucha por la conservación del mismo. Para promocionarse en el inestable ambiente de la “selva” es muy importante tener gran capacidad de adaptación. 

Es normal que hagamos planes para nuestra carrera, que definamos un objetivo a conseguir y los pasos que tenemos que dar para llegar a lograrlos: cursos que debemos hacer, habilidades que es necesario adquirir, responsabilidades que debemos conquistar... Por mucho que te esfuerces en seguir la ruta adecuada puede que, de repente, tu empresa sea comprada por otra y el plan no te sirva de nada. Las reglas cambian, igual que la filosofía corporativa y las personas que te apoyaban. ¿Qué hacer? Adaptarse a las circunstancias. Si no es posible seguir con el plan original, habrá que hacer ajustes y adaptarlo a la nueva realidad de la empresa. 

En situaciones menos drásticas, la adaptación también es importante. El proyecto al cual nos dedicamos puede ser suspendido, un jefe que te da todo el apoyo puede ser sustituido por un hueso duro de roer, pueden cambiarnos de departamento... ¡Pueden surgir tantos imprevistos en nuestro camino! ¿Qué hacemos? Adaptarnos a las circunstancias es partir hacia otro proyecto, ganarnos la confianza dej nuevo jefe, negociar nuevas metas en un nuevo departamento. Es necesario ser flexible dentro del nuevo mundo corporativo, donde los cambios pueden aparecer en cualquier momento; sólo así seguiremos promocionándonos. 

Puedes tener la impresión de que la adaptación solo sirve para enfrentarse a catástrofes, pero no es así. Con ella, podemos aprovechar las oportunidades que aparecen en nuestra carrera y que no imaginábamos ni en nuestros mejores sueños. Conozco a un profesional con mucho éxito que ejerció diecisiete cargos en diversa áreas de la empresa en la que trabajaba hacía más de treinta años. Ahora, pregúntate si él siguió fielmente sus planes cuando le invitaron a ocupar un cargo nuevo. ¡De ningún modo! En la mayor parte de los casos, ni se consideraba capacitado para ejercer la función, pero asumió el riesgo y trató de hacer frente al nuevo desafío. 

Para mantenerse y promocionarse en el mundo empresarial es fundamental entender que puede que no ocurra lo que esperamos, sino más bien que suceda lo que no esperamos. En ambos casos, la adaptación es un preciado recurso. 

Adáptate y Ponte en Marcha!

martes, 28 de junio de 2016

Gerentes ineptos ¿Reconoce alguno en su empresa?


Después de varios años de interactuar con personal base, de coordinación, supervisión y algunos niveles de gerencia, es imposible ignorar uno de los secretos más conocidos de la administración contemporánea: Poco más del 80% del personal considera estar bajo la supervisión de un gerente inepto. O lo que es peor, pareciera ser un requisito indispensable para gerenciar, en ciertas y determinadas empresas, no saber absolutamente nada del negocio, de administración y de aspectos elementales del trato con el personal para ocupar un cargo de tanta relevancia. 

Se debe entender por ineptitud la carencia de aptitud para una cosa, la inhabilidad e incompetencia, e incluso la muestra de necedad o incapacidad para un algo en particular.  

Se es un gerente inepto cuando se es incapaz de aceptar sus limitaciones (pero puede saber que las tiene), de generar un ambiente grato e inspirador en el escenario laboral y cuando, de manera consciente o no, se induce a los subordinados a experimentar un sentimiento de rechazo o desaprobación. 

Con esta expresión no se pretende ofender a nadie, se trata de una realidad a la que cualquier persona se expone, pues la falta de capacidad puede ser debidamente detectada y corregida en la mayoría de los casos. 

Resulta muy difícil tratar este tema sin caer en la subjetividad, de hecho sería contradictorio no hacerlo porque tales afirmaciones provienen de la percepción del gerente por parte de sus subordinados y, por supuesto, la percepción no es objetiva. 

Sentenciar a un gerente de inepto depende de muchos factores, pero en algunos casos tales afirmaciones parecieran tener sentido, situaciones donde resulta evidente la ausencia de conocimientos prácticos e incluso teóricos de personas que poseen la responsabilidad de dirigir una unidad de negocios, las cuales, con una habilidad asombrosa, hacen uso del manejo de la operación que presenta el equipo que supervisan. 

Son situaciones claras y evidentes para quienes las viven y experimentan, pero carecen de ello (de una manera incomprensible) para el resto del personal que labora en la empresa y en especial para la alta gerencia. 

Parece suficiente preguntar a cualquier persona y observar que ocho de cada diez tienen quejas de la manera en que son dirigidas y la misma relación se repite al preguntarles si su supervisor conoce lo suficiente del negocio o del trabajo que ellos realizan. Claro, con relación a la segunda opción, esta proporción no aplica en cadenas de comida rápida ni en franquicias donde el requisito fundamental es conocer suficientemente bien todo el proceso, pero no pareciera haber la misma tendencia, en este tipo de empresas, cuando se indaga sobre la primera opción. 

No es un secreto, los empleados se quejan en los momentos en que sienten que el supervisor no puede escucharlos, lo hacen de manera clandestina en los baños, escaleras, comedores o en cualquier espacio que les proporcione cierta seguridad para expresar de manera abierta y sin censura lo que opinan de su superior. Las quejas van desde simples contradicciones hasta el efecto psicológico que genera saber que se está siendo dirigido por una persona que no posee las competencias mínimas para hacerlo y que, en ciertas ocasiones, están por debajo de sus supervisados. 

Basado en las expresiones de los empleados (sin importar su nivel de reporte) que experimentan este tipo de situaciones, donde el gerente parece ser una clase de ejemplo ambulante de ineptitud, carente de esa capacidad gerencial inspiradora y modeladora propia de quienes deben ser líderes; se pueden listar algunas de las razones por las cuales tales características pasan inadvertidas ante la alta gerencia, estas son: 

- Se les valora porque son personas con una relación longeva en la empresa: El tiempo de permanencia en un mismo cargo hace suponer que lo manejan y conocen a plenitud y más aún si la operación fluye sin errores importantes o los mismos no son del conocimiento de los superiores. 

- No se les evalúa con objetividad porque están relacionados con el dueño o personas influyentes de la empresa: Son parientes, allegados o amigos de alguna persona de peso en la organización, recomendados y vendidos como “buenos profesionales” o son individuos a quienes se le deben favores o existe alguna deuda “moral”, sentimental, política o de cualquier otra índole que obliga a mantenerlos en esos cargos. Usualmente ostentan algún tipo de experiencia que supone la asimilación de las operaciones por contraste. 
 
- Se les considera importante porque son personas con títulos y reconocimientos de envergadura: Poseen, en teoría, todo lo que se requiere para manejar una operación con éxito, sus logros académicos los anteceden y por lo tanto se da por descontada la experiencia. A veces esta situación tan sólo se presume, pues no hay evidencia de la titulación. 

- Se pierde la oportunidad de cuestionarlos porque son individuos con una importante habilidad de palabra: Su increíble capacidad para convencer a la audiencia en situaciones de dudas o conflictos y el apropiado manejo de la información, aun cuando ni ellos mismos la comprendan, hace suponer un nivel de involucramiento propio de los gerentes aptos. 

- Su superior es tanto o más inepto que él: Cuando el desconocimiento de la operación, el negocio o cualquier elemento práctico o teórico está ausente en los niveles de reporte es mucho más difícil identificar la existencia de la ineptitud pues no existen fundamentos para oponerse a los planteamientos o acciones que se presenten. 

La existencia de gerentes ineptos es una realidad, los hay por doquier y, en la mayoría de los casos muestran las mismas características, algunas de ellas son: 

- Confunden la acción de dirigir con la de gobernar: Un gerente capaz se involucra en la operación y busca la manera de facilitar el proceso haciendo uso del trabajo en equipo, en cambio el gerente inepto sólo exige soluciones desde su despacho estableciendo tiempos y especificando el contenido de los resultados sin tener la más mínima idea de lo que pide. 

- Siempre se muestran ocupados y carentes de tiempo: Un buen gerente organiza y administra el tiempo, establece prioridades y sabe que no todo es urgente. Comprende y valora las necesidades de su equipo y está consciente de la curva del agotamiento mental y físico del personal y de la propia organización. Para un gerente inepto se requieren días de treinta y seis horas, todo es urgente y “para ayer”, le coloca a todos los procesos el mismo sentido de prioridad y se justifica señalando que “así es la empresa”, exige el triple de esfuerzo a su personal, los obliga a trabajar sin reparar en el tiempo, pero cuando tiene un compromiso fuera del ambiente laboral no duda en retirarse. 

- Se muestran seguros ante su personal pero nerviosos ante sus supervisores: Un gerente apto conoce a detalle su operación y es capaz de defender sus alegatos y posiciones con explicaciones sólidas e irrefutables. En cambio, un gerente inepto grita y vocifera ante sus subordinados, haciendo uso del poder que le confiere la posición pero duda, vacila o calla ante el cuestionamiento que le realice cualquier superior. 

- No delegan funciones, dependen de su gente: Los buenos gerentes conocen la operación, por lo tanto, ante una situación inesperada, son capaces de tomar las riendas de cualquier parte del proceso para que éste no se detenga. Los gerentes ineptos se dedican a justifican la ausencia de buenos resultados en situaciones donde el personal que ha asignado para una tarea en particular no asiste a sus labores. No sabe cómo mantener el flujo del proceso y depende de su personal para que el mismo se mantenga. 

- Sufren del “Síndrome de Anát”: Los buenos gerentes se preocupan por buscar soluciones ingeniosas a los problemas de su área, están abiertos a escuchar a su personal y reconocen públicamente la autoría de los aportes que estos hagan a su gestión. Un gerente inepto vende las ideas que su personal le ha sugerido como suyas. En algunos casos piden que les envíen la propuesta o el desarrollo de un trabajo en formato electrónico y, tras algunas pequeñas modificaciones, las presentan a sus superiores como si fuera el resultado de su esfuerzo. 

- Son aduladores, serviles y exhibicionistas con sus jefes: Un gerente apto no necesita promocionarse dentro de la empresa, la calidad de sus resultados y el buen ambiente que produce su gestión son elementos suficientemente importantes para ser valorado y considerado por quienes lo supervisan. Pero en el caso de los gerentes ineptos no ocurre lo mismo, siempre andan haciendo eco de lo que realizan, resaltando sólo aquello que considera valioso ante los ojos de sus jefes, a quienes atiende y complace de una manera servil y poco ética, sin importar la imagen que se forjen ante sus subordinados. Frente a sus superiores se muestran incansables y dedicados, manifestando que si no fuera por su “estilo gerencial” la operación no sería un éxito, obviando por completo el esfuerzo de su equipo de trabajo. 

- Sufren del “Síndrome de Cronos”: Un gerente capaz buscará la manera de hacer crecer a su gente, en cambio un gerente inepto siempre estará en la búsqueda de limitaciones para evitar que su personal lo alcance. 

- Para ellos siempre hay una crisis: Los buenos gerentes buscan el equilibrio entre la empresa y su personal, saben que sólo así se logran cosechar buenos frutos. Los gerentes ineptos, de manera constante y repetitiva, dicen a su personal que las cosas van de mal en peor y por lo tanto han de aceptar las condiciones que él les imponga en el ambiente laboral, pues de lo contrario estarían arriesgando sus empleos. Para ellos siempre hay una crisis que requiere de atención y cuidado, siendo ellos los únicos capaces en sortearla. 

- Es necio y obstinado: Un gerente apto maneja el estrés y la inteligencia emocional, escucha recomendaciones y promueve la creatividad y la innovación, en tanto que un gerente inepto constantemente se muestra estresado y malhumorado, se empeña en que las cosas deben hacerse como él lo dice y especifica el más mínimo de los detalles, aún cuando lo que desea expresar no se vea reflejado en sus demandas. Suele emplear expresiones tales como “trate de no ser creativo”. 

Cabe destacar que lo expuesto anteriormente no se cumple en todos los casos, existen gerentes ineptos cuya tipología es única y particular siendo casi imposible encuadrarlos en características similares a las comentadas, pero cuyo impacto en el personal genera la misma clasificación de ineptitud. 

Ahora bien, y esto es quizás lo más importante, un gerente puede ser inepto para algunas cosas pero mostrar una habilidad única y extraordinaria para otras, pues de lo contrario sería tan evidente su carencia de aptitudes que no duraría el tiempo suficiente en la empresa para poder clasificarlos. Los gerentes ineptos suelen ser muy hábiles en la palabra, en el montaje de escenarios que los favorezcan, en dar una buena impresión a las personas que los desconocen o no son de su área e, incluso, en parecer verdaderas lumbreras en el campo administrativo. Estudian y ordenan las expectativas que sus superiores poseen de ellos y se las ingenian para quedar bien frente a ellos, sin importar el costo en el capital humano que ello genere. En la mayoría de los casos conocen sus limitaciones, aunque no las acepten, por lo que se valen de artilugios para alinearse con las personas que pueden ofrecerles soluciones o ideas que posteriormente mostrarán como el fruto de su experiencia y reflexiones. 

¿Cómo afecta al personal la presencia de gerentes ineptos? Puede decirse que de muchas formas, pero las principales son las siguientes: 

- Generan sentimientos de frustración: Cuando un empleado descubre que su experiencia y su nivel académico están por encina de su supervisor no tarda en experimentar un profundo sentimiento de frustración, esto ocurre debido a que el individuo se esfuerza en alcanzar títulos universitarios y experiencia en diferentes campos pensando que sólo así podrá crecer y ocupar cargos de importancia en las empresas, por lo que le resulta contradictorio un escenario donde él esté mejor preparado que su jefe. No obstante puede ocurrir que aún cuando el nivel académico los separe, sea la actitud y el estilo evidente del gerente lo que genere frustración pues no se encuentra respuesta a la pregunta ¿cómo pudo llegar ese inepto a esa posición? 

- Reduce la motivación: El individuo pierde la motivación cuando el escenario donde se desenvuelve es contrario a sus principios, valores y a los motivos que lo llevaron a ocupar una posición en él. Un principio básico es el que establece que las personas correctas deben estar en los lugares correctos y este se contradice cuando una persona que es incapaz de dirigir posee esa responsabilidad. 

- Produce pérdida del interés por el trabajo: Es simple, si una persona inepta es capaz de ocupar un cargo de envergadura en la empresa ¿para qué esforzarse? 

No obstante, y como se ha comentado, la presencia de gerentes ineptos puede ser de utilidad de acuerdo al tipo de persona que lo experimente, esto se puede observar desde dos ángulos; 

- Personas con orgullo implosivo: Se dejarán consumir por los sentimientos de frustración, desmotivación y desinterés dejando a un lado sus expectativas y sueños para aceptar sin reparos ser dirigidos por personas que carecen de la capacidad elemental para hacerlo. Se limitarán a expresar sus angustias, desacuerdos y opiniones en lugares seguros donde tales comentarios no lleguen a oídos de sus jefes para así garantizar su permanencia en el trabajo. 

- Personas con orgullo explosivo: Fortalecerán sus metas y objetivos para alcanzar sus sueños, lucharán por no dejarse arrastrar por sentimientos adversos que le impidan avanzar en su desarrollo, observarán la situación que experimentan como pasajera y se esforzarán por destacar y demostrar el manejo optimo de la operación, sino pueden hacerlo en el mismo escenario procurarán su participación en otro. 

Quienes tienen la responsabilidad de dirigir una empresa deben mantener la objetividad al hacerlo y procurar la selección de personal realmente capacitado para ocupar cargos gerenciales; en algunos casos puede que funcione por algún tiempo la tenencia de gerentes ineptos al frente de una operación, pero tarde o temprano ello traerá consecuencias negativas a la organización que pueden poner en riesgo su operatividad. 

Es un hecho cierto que un buen número de empleados no renuncian a la empresa sino al gerente de su unidad, lo que debe ser un punto de reflexión para todo aquel que posee personal a su cargo y que sabe, de alguna manera, que no está en condiciones de dirigirlo. 
 
Lo anterior es una de las causas por las que hay fugas de cerebros y buenos empleados en las empresas, personas que deciden retirarse de organizaciones sólidas y prometedoras debido a la existencia de un gerente inepto al frente del área donde trabajaban.

A veces lo que parece obvio puede ser simplemente una ilusión o la consecuencia de la acción de un paradigma que impide ver la realidad, por lo que se aconseja estar atento al estilo gerencial del personal que se posee en esos niveles y prestar atención al ambiente y a los índices de rotación de esas áreas pues, una empresa puede estar perdiendo talento humano por causa del ejercicio de un gerente inepto.

No seas un inepto, ni trabajes para uno. Ponte en Marcha!

lunes, 13 de junio de 2016

¿Tocar los timbales como mérito para el currículum?


Últimamente los medios de comunicación se hacen eco de prácticas “vanguardistas” de selección y motivación de los recursos humanos, basadas en dinámicas de grupo. Desde mostrarnos a una jauría de ejecutivos encorbatados, acompasando como enloquecidos el toque de timbales, hasta aspirantes a oficinistas intentando superar una prueba de… escalada, o simulando una guerra de comandos con pistolas que disparan pelotitas de pintura.

Pese a considerarme, profesionalmente, del sector de los Recursos Humanos, dudo sinceramente de la eficacia de la aplicación de estas prácticas, importadas del mundo anglosajón, para cualquier ámbito y circunstancia. 

A un paisanaje como el nuestro, marcadamente individualista y “socarrón”, en el que el jefe, más que “mandar”, debe “convencer” si quiere que sus colaboradores movilicen todo su potencial al servicio de la empresa, la aplicación de este tipo de técnicas a la ligera no siempre obtiene los resultados esperados, salvo que sean los de ofrecer momentos de esparcimiento. 

Por el contrario, su aplicación generalizada parece responder a un esnobismo que, llevado al extremo, desvirtúa seriamente los fines que se persiguen, por mucho que algún psicólogo laboral pueda ver un montón de valores implícitos en la forma en que las personas realizan estas prácticas. 

Cuando han intentado conmigo alguna dinámica de grupo de este estilo me he sentido, sinceramente, ridículo. Recuerdo una en la que nos obligaban a visualizar una gaviota (y no fue auspiciado por ningún partido político, que conste) mientras, con los ojos cerrados, movíamos nuestros brazos como si fueran alas.

El que no me acuerde de cuál era el fin de esta práctica creo que es la mejor prueba de su ineficacia. Eso sí, fue bastante divertido entreabrir un poco los ojos y observar a un montón de compañeros ya entrados en años, serios y profesionales en otras circunstancias, haciendo el ganso desatadamente (algunos, tan puestos en el papel, incluso daban graznidos). 

Ciertamente, los expertos coinciden en que los factores para el éxito en el desempeño laboral dependen no sólo de los conocimientos y de las habilidades, sino también de las actitudes, los valores y comportamientos. Ahora bien, para analizar y evaluar estos últimos deben utilizarse técnicas contrastadas y, sobre todo, ajustadas a un análisis riguroso que identifique previamente los factores de desempeño eficaz, las competencias necesarias para cada tipo de puesto, función, proyecto. 

Las habilidades comunicativas y el carácter extrovertido son aspectos de lo más valorados para desempeñar con éxito un puesto de atención al público, pero no tienen por qué tener la misma valoración en otro de analista financiero en el departamento de contabilidad, por ejemplo. 

Intentar potenciar la interacción personal, la cultura del trabajo en equipo entre el personal, dedicando una jornada a la realización de esta clase de dinámicas, cuando a la vuelta a la oficina nos encontramos con un entorno que no expresa reconocimiento a la comunicación interna, que tampoco favorece la participación del personal en la toma de decisiones ni recompensa la entrega de conocimientos individuales al grupo, es un verdadero contrasentido. 

Por ello, la importación de estas prácticas no debe hacerse a la ligera, pues ponen en peligro la toma en consideración de los “valores” y “actitudes” como factores importantes a tener en cuenta en los procesos selectivos, de promoción, motivación y formación de las personas de la organización. 

De lo contrario, le recomiendo que inserte en el currículum esa habilidad suya para pintar el gráfico de la cuenta de resultados en una pizza, a fin de que el Director pueda compensar su disgusto a base de bocados. Quizá esa habilidad para la interacción pronto sea más valorada que el curso de especialización técnica que tanto esfuerzo le costó.

Ponte en Marcha!