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miércoles, 10 de mayo de 2017

Mensaje a García


 Mensaje a García

Helbert Hubbard

Introducción

Esta pequeña narración, “Un Mensaje a García” - fue escrita en una sola hora, por la tarde después de la comida. Esto sucedió, el 22 de febrero de 1899, día en que se conmemora el natalicio de Washington. La edición correspondiente al mes de marzo de la revista “Philistine” iba a entrar en prensa.

Nació como brote entusiasta de mi corazón, escrito después de un día en que había agotado mis fuerzas indolentes, para que abandonasen su estado comatoso por una actividad radial.

Pero la verdadera inspiración broto al calor de la discusión, mientras bebía una taza de te, con mi hijo Bert, quien sostenía que el verdadero héroe de la Guerra de Cuba había sido Rowan, quien, por si solo, había realizado la mas importante hazaña; había llevado El Mensaje a Garcia.

Fue una idea inspiradora. Mi hijo tenia razón porque efectivamente había sido un verdadero héroe el realizador de aquella hazaña, el haber llevado el mensaje a García. Me levante y escribí el relato.

Tan poco importante me pareció el articulo así realizado, que lo publique sin titulo. Salió la edición y en breve vinieron peticiones por mayor número de ejemplares de la edición de marzo de “Philistine”; una docena, cincuenta, cien. Cuando la Compañía de Noticias Americanas pidió mil ejemplares, pregunte a mis ayudantes cual era el artículo que había conmovido en tal forma al público. Era el artículo sobre García.

Al día siguiente George H. Daniels, del Ferrocarril Central de Nueva York, nos mando el siguiente telegrama: “Coticen precio cien mil ejemplares de articulo Rowan en forma de folleto, con un anuncio del Empire State Express al final y digan que fecha pueden entregarlos”.

Contesté dando el precio y añadí que entregaríamos los folletos en dos años. Nuestros talleres eran entonces muy pequeños y cien mil folletos nos parecían una enormidad.

El resultado fue que hube de autorizar al señor Daniels para que reimprimiera el artículo como quisiera. Así fue que se imprimió millón de ejemplares, en forma de folleto.

Por dos o tres veces más los reprodujo el señor Daniels, en cantidades de medio millón y más de dos cientos periódicos y revistas lo reprodujeron también. Posteriormente fue traducido a todas las lenguas.

Cuando el Señor Daniels distribuía el “Mensaje a García”, estaba aquí el Príncipe Hilakoff, Director de los Ferrocarriles de Rusia. Era huésped del Ferrocarril Central de Nueva York y el señor Daniels lo acompaño en su viaje a través del país. El príncipe vio el articulo y se intereso por el, probablemente no por otra cosa que por estarlo distribuyendo en tan grande escala el señor Daniels. Sea de ello lo que se quiera, cuando regreso a su país, lo hizo traducir al ruso y dio un ejemplar a cada empleado de los ferrocarriles de Rusia.

Otros países siguieron el ejemplo y de Rusia paso a Alemania, a Francia, a España, a Turquía, al Indostán y China.

Durante la guerra entre Rusia y el Japón, cada soldado llevaba consigo un ejemplar del “Mensaje a García”. Los japoneses encontraron estos folletos en manos de los prisioneros y, pensando que tenían algún mérito, los tradujeron al japonés. Y por orden del Mikado se dio un ejemplar a cada empleado del gobierno japonés, civil o militar.

“Un Mensaje a García” ha sido impreso, pues, en mas de cuarenta millones de ejemplares, suma que jamás ha alcanzado publicación alguna, quizá gracias a una serie de incidentes afortunados.

Un Mensaje a García

Hay en la historia de Cuba un hombre que destaca en mi memoria como Marte en Perihelio.
A
l estallar la guerra entre los Estados Unidos y España, era necesario entenderse con toda rapidez con el jefe de los revolucionarios de Cuba.
En aquellos momentos este jefe, el general García, estaba emboscado en las esperanzas de las montañas, nadie sabio donde. Ninguna comunicación le podía llegar ni por correo ni por telégrafo. No obstante, era preciso que el presidente de los Estados Unidos se comunicara con el. ¿Que debería hacerse?

Alguien aconsejo al Presidente: “Conozco a un tal Rowan que, si es posible encontrar a García, lo encontrará”.

Buscaron a Rowan y le entregó la carta para García.

Rowan tomó la carta y la guardó en una bolsa impermeable, sobre su pecho, cerca del corazón.

Después de cuatro días de navegación dejo la pequeña canoa que le había conducido a la costa de Cuba. Desapareció por entre los juncales y después de tres semanas se presento al otro lado de la isla; había atravesado a pie un país hostil y había cumplido su misión de entregar a García el mensaje del que era portador.

No es el objeto de este artículo narrar detalladamente el episodio que he descrito a grandes rasgos. Lo que quiero hacer notar es lo siguiente: McKinly le dio a Rowan una carta para que la entregara a García, y Rowan no preguntó: “¿En donde lo encuentro?”

Verdaderamente aquí hay un hombre que debe ser inmortalizado en bronce y su estatua colocada en todos los colegios del país.

Porque no es erudición lo que necesita la juventud, ni enseñanza de tal o cual cosa, sino la inculcacion del amor al deber, de la fidelidad a la confianza que en ella se deposita, del obrar con prontitud, del concentrar todas sus energías; hacer bien lo que se tiene que hacer. “Llevar un Mensaje a García”.

El general García ha muerto; pero hay muchos otros Garcías en todas partes.

Todo hombre que ha tratado de llevar a cabo una empresa para la que necesita la ayuda de otros, se ha quedado frecuentemente sorprendido por la estupidez de la generalidad de los hombres, por su incapacidad o falta de voluntad para concentrar sus facultades en una idea y ejecutarla.

Ayuda torpe, craso descuido, despreciable indiferencia y apatía por el cumplimiento de sus deberes; tales y ha sido siempre la rutina. Así, ningún hombre sale adelante, ni se logra ningún éxito si no es con amenazas y sobornando de cualquier otra manera a aquellos cuya ayuda es necesaria.

Lector amigo, tu mismo puedes hacer la prueba.

Te supongo muy tranquilo, senado en tu despacho ya tu alrededor seis empleados dispuestos todos a servirte. Llama a uno de ellos y hazle este encargo: “Busque, por favor, la enciclopedia y hágame un breve memorándum acerca de la vida del Correggio”.

¿Esperas que tu empleado con toda calma te conteste: “Si, señor”, y vaya tranquilamente a poner manos a la obra?

¡Desee luego que no! Abrirá desmesuradamente los ojos, te mirara sorprendido y te dirigirá una o más de las siguientes preguntas:

¿Quien fue?

¿Cual enciclopedia?

¿Eso me corresponde a mí?

Usted quiere decir Bismarck, ¿no es así?

¿No seria mejor que lo hiciera Carlos?

¿Murió ya?

¿No seria mejor que le trajera el libro para que usted mismo lo buscara?

¿Para que lo quiere usted saber?

Apuesto diez contra uno, a que después de haber contestado a tales preguntas y explicado como hallar la información que deseas y para que la quieres, tu dependiente se marchara confuso e ira a solicitar la ayuda de sus compañeros para ‘encontrar a García’. Y todavía regresara después para decirte que no existe tal hombre. Puedo, por excepción, perder la apuesta; pero en la generalidad de los casos, tengo muchas probabilidades de ganarla.

Si conoces la ineptitud de tus empleados, no te molestaras en explicar a tu “ayudante”, que Correggio se encuentra en la letra C y no en la K. Te limitaras a sonreír e iras a buscarlo tu mismo.

No parece sino que es indispensable el dudoso garrote y el temor a ser despedido el sábado mas próximo, para retener a muchos empleados en sus puestos. Cuando se solicita un taquígrafo, de cada diez que ofrezcan sus servicios, nueve no sabrán escribir con ortografía y algunos de ellos consideraran este conocimiento como muy secundario.

¿Podrá tal persona redactar una carta a García?

--¿Ve usted este tenedor de libros? --me decía el administrador de una gran fabrica.

--Si, ¿por que?

--Es un gran contador, pero si le confió una comisión, solo por casualidad la desempeñara con acierto. Siempre tendré el temor de que en el camino se detenga en cada cantina que encuentre y cuando llegue a la Calle Real, haya olvidado completamente lo que tenia que hacer.

¿Crees, querido lector, que a tal hombre se le puede confiar Un Mensaje para García?

A ultimas fechas es frecuente escuchar que se excita nuestra compasión para los enternecedores lamentado de los desheredados, esclavos del salario, que van en busca de un empleo. Y esas voces a menudo van acompañadas de maldiciones para los que están “arriba”.

Nadie compadece a el patrón que envejece antes de tiempo, por esforzarse inútilmente para conseguir que el aprendiz chambón ejecute bien un trabajo. Ni nos ocupamos del tiempo y paciencia que pierde en educar a sus empleados para que estén en aptitud de realizar su trabajo, empleados que flojean en cuanto vuelve la espalda.

En todo almacén o fabrica se encuentran muchos zánganos, y el patrón se ve obligado a despedir a sus empleados todos lo días, pero no lo hacen por que la probabilidad de reemplazarlos con otro holgazán es la realidad – también impiden los reglamentos y la burocracia, los sindicatos, etc.

Esta es invariablemente la historia que se repite en tiempos de abundancia. Pero cuando por efecto de las circunstancias, escasea el trabajo, el jefe tiene oportunidad de escoger cuidadosamente y de señalar la puerta a los ineptos y a los holgazanes.

Por propio interés, cada patrón procura conservar lo mejor que encuentra; es decir, a aquellos que pueden llevar Un Mensaje a García.

Conozco un individuo que se halla dotado de cualidades y aptitudes verdaderamente sorprendentes; pero que carece de la habilidad necesaria para manejar sus propios negocios y que es absolutamente inservible para los demás. Sufre la monomanía de que sus jefes lo tiranizan y tratan de oprimirlo. No sabe dar órdenes, no quiere recibirlas.

Si se le confía Un Mensaje a García, probablemente contestaría: “llévelo usted mismo”

Actualmente este individuo recorre las calles en busca de trabajo, sin más abrigo que un deshilachado saco por donde el aire se cuela silbando. Nadie que lo conozca acceda a darle empleo. A la menor observación que se le hace monta en cólera y no admite razones; seria preciso tratarlo a puntapiés, para sacar de el algún partido.

Convengo de buen grado en que un ser tan deforme, bajo el punto de vista moral, es digno cuando menos de la misma compasión que nos inspira un lisiado físicamente. Pero en medio de nuestro filantrópico enternecimiento, no debemos olvidar derramar una lagrima por aquellos que se afanan al llevar a cabo una gran empresa; por aquellos cuyas horas de trabajo son ilimitadas, pues para ellos no existe el silbato; por aquellos que a toda prisa encanecen, a causa de la lucha constante que se ven obligados a sostener contra la mugrienta indiferencia, la andrajosa estupidez y la negra ingratitud de los empleados que, si fuera por el espíritu emprendedor de estos hombres, se verían sin hogar y acosados por el hambre.

¿Son demasiados severos los términos en que acabo de expresarme? Tal vez si. Pero cuando todo mundo ha prodigado su compasión por el proletario inepto yo quiero decir una palabra de simpatía hacia el hombre que ha triunfado, hacia el hombre que, luchando con grandes obstáculos, ha sabido dirigir los esfuerzos de otros, y después de haber vencido, se encuentran con que lo que ha hecho no vale nada; solo la satisfacción de haber ganado su pan.

Yo mismo he cargado la portaviandas y trabajo por el jornal diario; y también he sido patrón de empresa, empleado “ayuda” de la misma clase a que me he referido, y se bien que hay argumentos por los dos lados.

La pobreza en si, no reviste excelencia alguna. Los harapos no son recomendables ni recomiendan por ningún motivo. No son todos los patrones rapaces y tiranos, ni tampoco todos los pobres son virtuosos.

Admiro de todo corazón al hombre que cumple con su deber, tanto cuando esta ausente el jefe, como cuando esta presente. Y el hombre que con toda calma toma el mensaje que se le entrega para García, sin hacer tontas preguntas, ni abrigar la aviesa intención de arrojarlo en la primera atarjea que encuentre, o de hacer cualquier otra cosa que no sea entregarlo, jamás encontrará cerrada la puerta, “Ni necesitará armar huelgas para obtener un aumento de sueldo”.

Esta es la clase de hombres que se necesitan y a la cual nada puede negarse. Son tan escasos y tan valiosos, que ningún patrón consentiría en dejarlos ir.

A un hombre así se le necesita en todas las ciudades, pueblos y aldeas, en todas las oficinas, talleres, fábricas y almacenes. El mundo entero clama por el, se necesita, ¡¡urge… el hombre que pueda llevar un mensaje a García!!

Helbert Hubbard

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (14). ANTICIPARSE A LOS ACONTECIMIENTOS.


Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseña.

ANTICIPARSE A LOS ACONTECIMIENTOS 

Me gusta esta palabra, anticiparse, porque combina una serie de características esenciales en el profesional moderno. Pero tal vez por ser tan completo, muchas veces el concepto no es entendido por la mayoría de las personas, que habitualmente lo confunden con iniciativa. 

El significado de anticiparse, tal como aparece en el diccionario, es la capacidad de anticipar las situaciones, necesidades y problemas futuros. Eso significa, para empezar, que alguien que se anticipa tiene sentido de prontitud. Antes de participar en una reunión prevé las cuestiones que la gente formulará y prepara la información necesaria para responderlas. Antes de que el cliente llame para reclamar una entrega que llega con retraso ya le ha llamado para renegociar el plazo de entrega. Antes que el jefe le pregunte sobre el progreso de algún proyecto ya tiene preparados los informes para ponerle al día. Al tanto de lo que ocurre a su alrededor, es capaz de analizar el contexto de las situaciones e imaginar futuros escenarios, lo que le permite adoptar la actitud adecuada en cada ocasión. La persona se anticipa a lo que va a ocurrir con prontitud. La capacidad de iniciativa, sin duda, forma parte de este comportamiento, pero se basa en la perspicacia y en un agudo sentido de la urgencia. 

Muchas veces, anticiparse implica agilidad, pues de nada serviría prever el problema y tomar la iniciativa si no hay rapidez a la hora de actuar. El que se anticipa es el opuesto al que se demora: no deja las cosas para otro día sino que intenta resolverlas lo más rápido posible. 

Dos características importantes son: responsabilidad y constancia. Sin ellas, el sentido de la necesidad y la agilidad del que se anticipa podrían ocasionar momentos de confusión, imprudentes incluso. Pero como él es un sujeto responsable, trata de encaminar las situaciones con el cuidado necesario y el tiempo necesario, sin precipitarse. Y como es constante, sus actitudes son apropiadas, firmes, se ajustan a la realidad. 

La prontitud, anticipación, perspicacia, sentido de la necesidad, iniciativa, agilidad, responsabilidad y constancia están implícitos en el concepto de anticipar los acontecimientos. Es necesario hablar de uno más: comprometido, pues una persona que posee todas esas características está profundamente comprometido con lo que hace y con la empresa en la que trabaja, ¿cierto?. 

Anticípate y Ponte en Marcha!


lunes, 26 de septiembre de 2016

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseñan (12+1) CREATIVIDAD.

Lo que las empresas y los emprendedores buscan y las universidades no enseña.

CREATIVIDAD

La innovación es el motor del mundo corporativo, ya que para sobrevivir en un mercado tan competitivo, las empresas necesitan constantemente buscar productos nuevos, servicios, soluciones, procesos, mercado... Ahora bien, si la innovación es el motor, el combustible que lo hace funcionar es la creatividad. 

Las empresas necesitan gente creativa. Siempre habrá quien piense que esa característica es un don, una cualidad con la que se nace. Si tú también piensas eso, abandona esa idea limitadora. 

Cualquier persona puede desarrollar la creatividad si adopta algunas actitudes y prácticas.

Para empezar, mira a tu alrededor. Las personas creativas son generalmente atentas, detallistas, curiosas y preguntonas. Son capaces de obtener mucha información a partir de cualquier cosa: desde personas y objetos hasta escenarios y situaciones. Esa es una habilidad fundamental para la solución creativa de problemas que requieren un análisis de la cuestión desde todos los puntos de vista posibles. Cuanta más información se tenga, mayores serán las posibilidades de producir ideas. 

Practicando la capacidad de observación aumentamos la posibilidad de resolver más allá de las apariencias y de aquello que todo el mundo ve. 

Hay que cultivar el hábito de estar abierto a ver, escuchar y percibir todo. Entonces, podrá ocurrir algo inesperado. 

Otra cosa que favorece la creatividad es la actitud de intentar hacer siempre cosas diferentes, fuera de la rutina. Prueba un camino nuevo hasta el trabajo, siéntate delante de algún programa de TV que nunca hayas visto, compra una revista nueva, habla con un desconocido, en fin, data la posibilidad de sorprenderte con algo nuevo todos los días. En el trabajo, cambia la forma de encaminar las cosas, busca alternativas para simplificar tareas, crea nuevos procedimientos. No hacer las cosas del mismo modo, siguiendo siempre caminos razonables, hace que nuestra mente trabaje. Al hacerle espacio a las nuevas experiencias, abrimos caminos nuevos. Para que eso funcione, hay que perder el miedo a experimentar. Es natural que gran parte de las ideas que se tienen no funcionen; otras, incluso pueden producir resultados indeseables. Pero si sentimos miedo al hacer cosas mal acabaremos reprimiendo el potencial creativo. Experimentando nuevos procedimientos desarrollaremos la tolerancia al riesgo y al fallo. 

Meditar favorece la creatividad. Es una práctica milenaria asociada a las religiones orientales y que busca la iluminación espiritual. La meditación se ha usado, en el mundo occidental, como recurso para el equilibrio mental y emocional. Cuando meditamos, la mente se calma, el cuerpo se relaja y el corazón late con menor frecuencia. Por unos instantes, nos libramos de los pensamientos, preocupaciones, de la sobrecarga mental que acumulamos a lo largo del día a día. Ese relax para la mente nos permite organizar mejor nuestros pensamientos y le hace sitio a las ideas, que surgen con mayor facilidad cuando estamos con la “cabeza fresca”. 

Entre todas las técnicas de meditación que existen, una de las más simples consiste en buscar un sitio silencioso donde podamos sentarnos cómodamente con la columna recta, los pies bien estirados en el suelo y las manos sobre las piernas. Cierra los ojos, presta atención a la respiración y no pienses en nada. Cuando surjan pensamientos, basta dejarlos correr e intentar conseguir de nuevo el silencio. Quince minutos diarios de esta práctica, te ayudarán a estar más centrado y preparado para tener ideas creativas. 

La meditación es un canal para la intuición, la información surge de la nada, como si una lámpara se encendiera en nuestra cabeza. Se trata de un nivel de percepción que todos tenemos, que nos conecta con nuestra sabiduría interior y da respuesta a las preguntas, certeza a las dudas, solución a los problemas. Para algunas personas, se manifiesta como una voz interior que transmite calma y seguridad. Para otras, es un feeling o un sentimiento de convicción. Hay quien tiene una sensación de bienestar cuando la intuición se manifiesta. Hace algún tiempo, el tema era tabú en el medio corporativo, ya que se creía que lo profesional tenía que ser ponderado y racional. Hoy, la intuición no solo está valorada, sino que también es estimulada, ya que gracias a ella tenemos insights creativos y podemos discernir cuál es la mejor decisión a tomar. 

Se creativo y Ponte en Marcha!

martes, 6 de octubre de 2015

El Trabajo "¿Cueces o Enriqueces?” Un compromiso con la calidad


Este post nos habla del significado del trabajo, de la creación de nuestro autoconcepto, de la responsabilidad de los líderes, de la motivación, de la actual calidad en la atención al cliente y de nuestro compromiso con la calidad de servicio y con la calidad de las personas que hay detrás de éstos.  
Todo lo aquí dicho, si es sabido no por ello parece cambiar la realidad que vivimos. Animo al lector a que asuma el compromiso de cambiar su entorno desde el cambio de su propia actuación personal y profesional.  
El trabajo es para todas las personas un elemento más de dignificación social, es un medio para conocer a otras personas y relacionarnos, aprender una profesión y una disciplina de trabajo, un importante manantial de refuerzo constante que mantiene y enriquece nuestro autoconcepto (la imagen que tenemos de nosotros mismos), además de una fuente de ingresos que nos permiten alcanzar otros muchos logros.

Trabajar es enriquecedor, es una experiencia única que todas las personas deberían conocer; sin embargo, si esto es así:

- ¿Cómo es que un gran porcentaje de problemas mentales vienen originados por conflictos en el trabajo?

- ¿Por qué hay personas que no sienten deseos de trabajar?

- ¿Por qué algunos empleados reciben de mala gana a sus clientes?

- ¿Por qué hay directivos y mandos intermedios que maltratan a sus colaboradores?

- Y de una forma más global: ¿Puede presumir este país de ofrecer un servicio de calidad a sus clientes?

Cuando yo: oigo, miro, siento, veo, huelo lo que sucede a mi alrededor, no tengo una visión objetiva de la realidad sino una interpretación subjetiva de lo que estoy viviendo. O lo que es lo mismo, “hay tantas realidades como personas en el mundo” Incluso mi propio autoconcepto, es una interpretación que yo hago de mi realidad y mis circunstancias. Soy bonito o feo, listo o tonto, rico o pobre, simpático o arisco en función de qué o de quién. Como diría el cantante: “Depende...”

Lo que yo pienso de una persona se lo transmito sin decírselo, incluso sin intención expresa de querer hacerlo: ¿Le miro, le sonrío, le pregunto, le escucho, le ofrezco, le ignoro?...

También nosotros transmitimos a los demás lo que pensamos de nosotros: ¿miro a los ojos, asumo responsabilidades, tomo iniciativas, me escondo de los demás, cómo reacciono ante las críticas? ...
Nos etiquetamos y nos etiquetan también, y esto condiciona básicamente nuestro comportamiento e incluso, en gran medida nuestros éxitos y nuestros fracasos. ¿Recuerdan la película de My Fair Lady o Pretty Woman?

Volviendo al tema laboral. Se supone que si te seleccionan para un puesto es porque te ven capacitado para ejercerlo. A veces, ésta obviedad no nos parece suficiente para creérnoslo, y otras no se nota que así sea tal cual nos tratan en nuestro puesto de trabajo.

Cuándo me incorporo a un puesto de trabajo ¿tengo jefes o líderes? Es decir, personas de mayor status, rango o categoría que me dice lo que tengo que hacer (en el mejor de los casos); o me encuentro ante un líder, es decir aquel que es capaz de sacar todo mi potencial (emocional e intelectual) para ponerlo al servicio de los demás, en beneficio del propio individuo y de toda la compañía.

Sin duda lo mejor que nos puede pasar profesionalmente hablando es que la persona que nos dirija sea decente, madura, disponible, creíble, competente profesionalmente, admita las críticas constructivas y ejerza la disciplina correctamente, yo añadiría que sepa reconocer y expresar el esfuerzo y el trabajo bien hecho. No es necesario que tenga todas las respuestas ni que sea perfecto, pero sí que confié en nosotros y que esté comprometido con la calidad.

Los mandos que dirigen a las personas que ocupan su primer empleo tienen una responsabilidad muy grande. Sin duda éstos deberían estar tanto o más preparados que los directivos del más alto nivel, ya que tienen en sus manos auténticas “simientes”, de ellos dependerá en gran medida que esa “planta” crezca sana y fuerte o se llene de “bichos”, entendiendo éstos como complejos, frustraciones, miedos e inseguridades, que pueden condicionar toda su carrera profesional de aquí en adelante. Aunque el impacto será mayor o menor en función del “poder” que la persona le otorgue a su superior.

Es un perfecto afortunado aquel que tiene un superior que cree en él, le potencia y le vive desde su primer contacto con él como una persona de enormes posibilidades, que se fija tanto o más en lo que posee en lugar de en lo que carece, y se apoya en sus fortalezas para trabajar desde ahí con él. Como indica el “efecto Pigmalión” (ejemplificado en las películas antes comentadas), el empleado cuyo jefe confíe en sus capacidades llegará a ser el buen profesional que se espera de él.

No cargamos al mando de culpa sino de responsabilidad. A veces nos encontramos con empresas donde predomina una cultura de supervivencia, no de profesionalidad, una cultura de miedo y no de superación, una cultura de hacer dinero y no de ser competitivos. Ética y calidad, ética y ventaja competitiva, no están reñidos, y ya se irán viendo los resultados de aquellas empresas que no lo entiendan así.

Esperamos que los buenos profesionales, sin prisa pero sin pausa, huyan de aquellos trabajos que, si bien han tenido que escoger por no encontrar a corto plazo mejores oportunidades laborales, no les están beneficiando a nivel personal ni profesional.

De cualquier modo el buen profesional será capaz de hacer bien su trabajo, o al menos de hacerlo lo mejor posible independientemente de cómo éste siendo tratado él. Por ejemplo: un excelente camarero trabajará eficientemente y tratará con educación y respeto al cliente aunque lleve un mes sin cobrar. Esto mantendrá a salvo su autoestima y su profesionalidad, si además asume su responsabilidad en la solución de los acontecimientos que no le son favorables, solucionando de este modo el conflicto.

Un buen jefe, también será capaz de actuar eficientemente con independencia de si sus superiores hacen lo que deben para ser a su vez buenos jefes, y no descargará sobre sus subordinados la no profesionalidad de sus superiores, si es ese el caso. De nuevo esto mantendrá a salvo su autoconcepto, su autoestima y su profesionalidad, más aún si busca la manera de acabar con esta situación injusta.

Las empresas que se mueven por criterios que no tienen como prioridad la excelencia, trabajan a espaldas de la calidad y, equivocadamente, recortan esfuerzos en todo lo relacionado con el personal.

Da igual que los expertos digan, repitan, griten, que el 80% de la calidad está en los recursos personales de las empresas, más que en los elementos de tipo técnico. Y que de esos recursos personales el 80% de la calidad del personal está más en la actitud que en los conocimientos. Se continúan las políticas empresariales que no posibilitan la compatibilidad real del trabajo y de la familia, que no gestionan la diversidad, que recortan salarios y demás condiciones laborales, y que no tratan a las personas como iguales, sino que hacen diferencias de trato en función de su poder dentro de la organización.

Un buen profesional trabajará siempre en lo que se viene llamando “nuestro círculo de influencia”, se planteará la vida y el trabajo desde “lo que depende de mí”, tratando así de cambiar sus circunstancias en la medida que sea capaz de ir ampliando su círculo de influencia.

No se puede asumir que la falta de medios la asuman los trabajadores con su buena cara y su profesionalidad, pero, volviendo al “círculo de influencia” del que hablábamos antes, sólo desde ahí podemos trabajar para cambiar nuestra realidad social. Es mi responsabilidad apoyar a aquellos partidos políticos que desarrollen favorablemente su función, es mi responsabilidad mantenerme o cambiar de actividad laboral (cuando me sea posible) si no va en la dirección que persigo, es mi responsabilidad comprometerme con la calidad en mi trabajo.

La motivación parte de las necesidades y deseos. A veces nos encontramos con personas que tienen “dormida” esta parcela de su interior, por falta de autoconocimiento, por inmadurez, por represión, etc. El caso es que tienen un grave problema, ellos y la sociedad en su conjunto.

Cuando escucho decir a un joven desempleado: “me da igual”, “si me sale algo”, “de lo que sea”, pienso: ¿qué espíritu de superación, qué compromiso de calidad, qué proyecto de vida tendrá? Y cuando a muchos de ellos les escucho historias tremebundas de sus puestos de trabajo anteriores (sin contrato, horarios abusivos, despidos improcedentes, etc.) entiendo que se han hundido sin despegar primero. Arañando un poquito debajo de esas palabras, nos encontramos con personas que carecen de confianza en sí mismas, y que incluso han perdido la imaginación para pensar qué tipo de trabajos podrían desarrollar y cómo tratar de encontrar un empleo por algún otro medio que no sea estar apuntado a la oficina del Servicio Público de Empleo.

No parece haber correlación entre nivel de estudios y actitud ante el trabajo. Hay licenciados que se encuentran derrotados sin acabar siquiera la carrera y gente sin estudios que “se comen el mundo” y a los que no les faltan oportunidades de trabajo visto su CV. El trabajo es un recurso escaso y difícil para todos (para unos más que otros, sin duda), pero la actitud ante él, y sobre todo la confianza en las propias capacidades para salir adelante, son la clave del éxito.

Nos agobiamos o nos enamoramos del proyecto que supone vivir y dar vida, dirigir y ser dirigidos, servir y dar servicio. Eso depende de nosotros, de nuestra actitud.

Pero hagas lo que hagas recuerda:

· SÍ IMPORTA lo que piensas de ti mismo, condiciona tus posibilidades en la vida.

· SÍ IMPORTA lo que piensas de los demás, se lo transmites quieras o no.

· SÍ IMPORTA lo que votas en las urnas, las leyes se aprueban en el Parlamento.

· SÍ IMPORTA lo que admites y no admites de los demás, es tu responsabilidad pedir que te respeten.

· SÍ IMPORTA el compromiso que adquieres con el mundo y con las personas por el hecho de estar vivo. Seamos profesionales.

Todo lo que nos pasa en la vida, lo bueno y lo malo, nos está enseñando cosas y nos está dando la oportunidad de conocernos y superarnos. No tengas miedo a equivocarte, ese es el primer “pecado” de los perfeccionistas.
Enriquece y Ponte en Marcha!

sábado, 18 de julio de 2015

Alcanzando la Excelencia


Desde hace algunos años nos hemos esforzado día tras día en ser mejores profesionales dentro de nuestras organizaciones. Recurrimos desde hace algún tiempo atrás a diversas técnicas, herramientas, procesos y métodos que avalados por autores reconocidos a nivel mundial nos han mostrado parte del camino que debemos recorrer para distinguirnos y hacernos sentir por nuestro aporte efectivo, entusiasta y prometedor.

Durante el año 2015 debemos identificar y reafirmar algunos valores y principios que pueden favorecer nuestro camino al éxito y potenciar todas aquellas cosas que consideramos importante conseguir para nosotros y para el equipo que nos rodea. Quiero compartir contigo algunos valores que particularmente considero serán trascendentales en los próximos años.

Excelencia: Sin duda, debemos creer en el principio de perfectibilidad de cualquier ser humano. No existen barreras más allá de las que decidamos tener a nivel personal, familiar, profesional y organizacional. Buscar ser cada día mejores a través de la reflexión compartida con otros y el seguimiento constante de nuestras acciones es un reto importante para el tercer milenio, los triunfadores solitarios son cosa del pasado.

Proactividad: La circunstancia ideal, NO EXISTE. Seremos líderes de excelencia si nos mantenemos por encima de las circunstancias que nos rodean. Este es realmente lo que nos hace diferente de los eternos perdedores, si tienes uno cerca en este momento, obsérvalo, no pierde oportunidades para responsabilizar a otros o a situaciones de lo que sucede a su alrededor. Debemos practicar día a día el querer hacer las cosas versus el tener que hacerlas, buscando nuestra libertad de decidir y hacernos responsables de nuestras acciones. 

Integridad: Seria importante para todos el hecho que valoremos como un equipo la congruencia entre lo que se piensa, lo que se siente y se hace. Hay que asociarse, aliarse y establecer relaciones solo con quien demuestre claridad y coherencia entre estos tres elementos, quien tenga dificultades acá podemos ayudarlo, pero, siguiendo muy de cerca los resultados de sus acciones, la integridad como valor esta asociada a nivel mundial a la producción de bienestar personal, organizacional y social. 

Creatividad: Para la obtención del triunfo empresarial en el tercer milenio, la creatividad será la diferencia para aquellas organizaciones que enfrenten los desafíos como retos estimulantes, debemos decidir ser creativos, la capacidad la tenemos todos en nuestro cerebro por igual. La historia contemporánea ha demostrado que es necesario e importante tomar en cuenta las ideas de cualquier persona dentro de nuestro equipo, familia y organización. 

Innovación: Debe movernos de ahora en adelante, la creación constante de nuevas alternativas personales y organizacionales que contribuyan al logro de la excelencia. Realicemos esfuerzos importantes para romper con lo ya establecido, buscando mejorar hoy los resultados del día de ayer. Declaremos la guerra a la rutina, comienza por identificar que cosas haces igual desde algún tiempo atrás y rétate hoy a hacerlo diferente y mejor. 
 
Sinergia: Ten presente que somos un sistema y toma conciencia de la importancia de cada uno de nosotros en él. Busca que todos ganen en las relaciones y escenarios donde te desenvuelvas, y plantéate la confianza como el resultado de creer y predecir acertadamente el actuar de quienes te rodean. Recuerda, ¡Uno para todos y todos para uno!. 

Prosperidad: Debemos buscar ser generadores de riqueza económica, social y espiritual en nosotros y en aquellos que se benefician de nuestras acciones. Busca siempre que la prosperidad no sea un discurso para el futuro, esfuérzate para que sea una condición del presente en todos los que te acompañan en esta carrera hacia la excelencia. 
 
Estos valores unidos a los que día a día demuestras con tus acciones y que sin duda son importantes para ti, te aseguran un lugar en el equipo de triunfadores. 

Tu decides! Ponte en Marcha en busca de la excelencia.