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viernes, 19 de enero de 2018

Emprender es como hacer equilibrismo.


Emprender es como hacer equilibrismo. Sólo hay que preocuparse de dar el siguiente paso, porque si cada paso que das, lo das bien, al final llegarás a la meta. Pero si en lugar de pensar en el paso que estás dando estás pensando en otras cosas, es posible que te distraigas, y te vayas al suelo, y si esto ocurre, … ¡Paf se acabó! 

Ser emprendedor es un ejercicio de equilibrio, en el que hay que acostumbrase a vivir en la cuerda floja sin vacilación. 

El equilibrismo como la emprendeduría es arte o ciencia? Es indudable que hay un aprendizaje que viene con los años, lecciones que se convierten en principios generales, o ciencia, pero es indiscutible que cruzar un precipicio caminando sobre una soga es, en gran medida, un arte. 

Uno de los secretos del equilibrista es no parar. Si frena o duda, se arriesga el abismo. Pero tampoco conviene correr. Hoy, al emprender todos estamos corriendo con el gasto. Pero en las finanzas, correr es arriesgar la trampa del ‘offside’ financiero. El ritmo de la burbuja es insostenible y nos hace recordar que el emprender por ser una actividad de riesgo necesita de una red de seguridad.

Consejos para iniciarte en el equilibrismo que te resultarán útiles a la hora de emprender. 

1. Utiliza zapatillas planas. Lo primero que has de hacer para asegurar tu éxito en este deporte es conseguir unas zapatillas de suela plana que te ayuden a mantener la estabilidad. Ajustándotelas muy bien conseguirás controlar tus pies al 100% y evitar el desequilibrio. A la hora de emprender ándate con pies de plomos y ajusta tus gastos e ingresos a tú realidad. No por tener un grandioso plan de negocio los ingresos van a llegar. El papel lo aguanta y amortigua todo menos tú caída. 

2. Busca un lugar adecuado. El equilibrismo puede practicarse casi en cualquier parte, pero para dar tus primeros pasos lo mejor es comenzar en un terreno plano, especialmente si está cubierto de césped o arena, ya que amortiguará la caída en caso de que pierdas el equilibrio. Lo mismo para emprender, una cosa es arriesgar y otra no tener red de seguridad. 

3. Comienza con un pie. Para comenzar lo mejor es que intentes mantener el equilibrio apoyándote con un pie, escogiendo aquel con el que te sientas más cómoda. Cuando lo tengas más o menos controlado deberás pasar al otro para acostumbrarte. Una vez te sientas seguro, podrás comenzar con tus primeros pasos. Lo dicho a la hora de emprender pasito a pasito y sin prisas y con buen pie.

4. Paciencia. Sabemos que vas a querer aprender muy rápido, pero en este caso eso va a ser imposible. El equilibrismo como la emprendeduría es un deporte de mucha práctica y muchísima paciencia. Cuando comiences deberás tener siempre presente que la auténtica finalidad es relajarte y llegar a controlar cada uno de los movimientos de tu cuerpo, por lo que has de centrarte en disfrutar al máximo durante el proceso¡ Poco a poco alcanzarás tu meta. 

Ponte en Marcha! Pero no te tires al vacío y menos no te dejes que te empujen.

lunes, 23 de enero de 2017

El arte de dirigir tu vida. El liderazgo personal.



Nuestra madre nos parió una vez, pero nosotros tenemos que parirnos cada día", Mario Vargas Llosa.
La educación más importante que recibimos es la auto educación, es decir, la que nos damos a nosotros mismos. El aprendizaje permanente es hoy una necesidad, y no sólo en el campo profesional. La complejidad creciente demanda no sólo buenos profesionales, sino personas que tengan la capacidad de resolver problemas por ellos mismos, que sepan pensar, que tomen decisiones de calidad. La educación que necesitamos es una educación global que atiende el máximo número de aspectos que componen la compleja realidad personal. Cada persona es un ecosistema complejo, un mundo con muchos aspectos interactuando al mismo tiempo: su psicología, sus emociones, su salud, su inconsciente... Las personas también se hallan en sistemas o contextos que les influyen y que condicionan su conducta, como por ejemplo la sociedad o la familia. Por lo tanto, podemos afirmar que hoy es de vital importancia el cultivo de las habilidades directivas.

La administración de nuestros recursos siempre se hace según unos criterios más o menos conscientes. Siempre respondemos a la pregunta "¿A qué vale la pena que dedique mi tiempo y mi dinero?" con nuestros actos. Conviene que dediquemos tiempo a pensar los fines para los cuales administramos. De hecho, la administración de los recursos es sólo un medio que sirve para unos fines que cada uno debe determinar. La administración debe hacerse en función de unos objetivos propios y si no somos conscientes de lo que queremos, de nuestras prioridades, motivaciones, etc. puede pasar fácilmente que administremos nuestro dinero y recursos en función de prioridades ajenas. 

La capacidad de saber guiar la propia vida, de mejorarla y enriquecerla la llamaremos "LIDERAZGO PERSONAL". Sin ella, todos nuestros movimientos no tienen dirección definida: ¿qué le pasaría a un coche que avanza sin saber dónde se dirige? Debemos dirigir nuestra vida si no queremos que otros la dirijan por nosotros. 

El liderazgo es hacer las cosas correctas y la administración es hacer las cosas bien. 

LIDERAZGO + ADMINISTRACIÓN = Hacer bien las cosas correctas 

Ejercer el liderazgo personal es la clave de nuestra libertad, ya que con el liderazgo tomamos decisiones por nosotros mismos e incrementamos la capacidad de decisión de cada persona. Una persona es más libre cuántas más decisiones importantes toma y la contabilidad es una herramienta de la administración de nuestro dinero, pero lo que da sentido a esa administración es el liderazgo. 

Ejercer el liderazgo personal nos ayuda a no dejarnos llevar por las presiones de la publicidad, de la sociedad, de nuestros impulsos... Aprender a dirigir nuestra vida es un proceso que no se acaba nunca. El liderazgo personal es un rol que todos desarrollamos de una manera u otra. 

Incluye, por ejemplo: 
- Saber lo que queremos. "¿Qué quiero realmente para mí?" es la pregunta clave. Es conveniente aclarar la esencia de lo que queremos: podemos querer un coche, un piso, etc pero sabiendo qué función realizará en nuestra vida, el uso que haremos de él, las necesidades que cubre y sus características. 

- Aclarar lo que nos motiva, nuestras expectativas, nuestras intenciones. Nuestros deseos pueden ser confusos, contradictorios, ambiguos o implícitos (no conscientes). Nuestras intenciones marcan el camino que seguiremos, son como direcciones que seguimos y a las cuales debemos dedicar tiempo y energía. Las direcciones que tomamos en nuestra vida pueden cambiar con el tiempo, por ello, es aconsejable reconocer a tiempo las necesidades de cambio. "No hay ningún viento favorable para aquel que no sabe a qué puerto se dirige", Schopenhauer. 

- Aclarar por qué hacemos lo que hacemos. ¿Por qué hacemos una cosa y no otra? Establecer un por qué nos ayuda a dar un SIGNIFICADO a nuestros actos. Más que reflexionar sobre el sentido de la vida debemos dar un sentido a la vida nosotros mismos. 

- La clave de conducir está en no desviarte de tu camino. Aprender a ejercer la voluntad de seguir una determinada dirección y automotivarnos a seguirla es tan importante como escogerla. 

-Una vez sabemos lo que queremos hay que escoger un orden de prioridades. Lo primero debe ser lo primero, si conocemos lo que es esencial conoceremos lo que es superfluo. "Lo superfluo no debe pasar por encima de lo esencial", dijo Goethe 

-Los objetivos generales deben de ir acompañados de unos objetivos más específicos. Si queremos tener salud, nuestros objetivos deberían ser hacer gimnasia cada día y comer sano. Si no hacemos nada por aquello que queremos conseguir es que en realidad no es tan importante para nosotros. 

-Establecer unos métodos para llegar a lo que queremos (un "cómo") y una estrategia (cómo y cuándo hemos de aplicar los métodos). 

-Determinar los criterios sobre los que basamos nuestros actos. Existe siempre una filosofía detrás de toda acción, una misma filosofía que se repite a través de muchas acciones nos lleva a una filosofía o ética vital. La cuestión es si la escogemos de manera consciente o no. La filosofía nos lleva a unos valores personales, a valorar más unos principios que otros. "Un líder es un filósofo en acción", asegura Antonio Medrano. 

- Ser consciente de los modelos aceptados socialmente y de su posible influencia en nosotros mismos y en los demás. Al mismo tiempo, podemos escoger los modelos de referencia que nos van a ayudar a ir en la dirección que hemos escogido. La vida de Gandhi, de Einstein, de la Madre Teresa de Calcuta o personas conocidas nos pueden inspirar y guiar. 

- Saber distinguir los medios de los fines. Los instrumentos que utilizamos para vivir mejor no tienen que utilizarnos a nosotros. Compramos el coche para ahorrar tiempo, pero no contamos todo el tiempo que hemos de dedicar a trabajar para comprarlo y mantenerlo. Las grandes cosas se consiguen generalmente con medios pequeños pero utilizados de manera sistemática y constante. 
 
- Hacernos preguntas, reflexionar. "Las preguntas son la semilla del conocimiento" (Francis Bacon). La reflexión nos permite aprender de los errores y formarnos opiniones propias. La alternativa es dejar que los medios de comunicación o personas influyentes piensen por nosotros. 

- Saber medir las fuerzas y descubrir las posibilidades y los límites de cada cosa, situación o persona (incluidos nosotros mismos). Para ello, es necesario aprender a ver la realidad. A veces confundimos nuestros deseos con la realidad, nos dejamos llevar por ilusiones, fantasías o autoengaños. Podemos engañarnos de muchas maneras, como por ejemplo creer que podemos gastar más de lo que tenemos. 

- Tener mecanismos de autocontrol. La retroalimentación es necesaria siempre para comprobar si vamos en la dirección correcta. Alguien dijo una vez que "la eterna vigilancia es el precio de la libertad". La libertad requiere que estemos atentos, la clave de conducir está en no desviarnos del camino. 

Para no ser esclavos de factores externos o internos, se hace indispensable que cada uno construya su proyecto vital. La educación más importante es la educación para la vida, y comienza con un proyecto vital gratificante, un reto estimulante al cual se orienten nuestros objetivos y nuestras acciones. Ponte en Marcha!

 

miércoles, 13 de julio de 2016

Si quieres emprender conoce las reglas del juego y no te hagas trampas al solitario.



Aunque no lo creas nuestras decisiones no son neutrales, o acertamos o nos equivocamos.

Normalmente lo que nos pasa no es consecuencia de las circunstancias, si no en la manera que abordamos esas situaciones. No dependen del destino, dependen de nosotros y de que alternativas generemos a esas circunstancias. 

Nuestra forma subjetiva de pensar es función de nuestras preocupaciones, lo que nos lleva a crear la historia que encaja con lo que queremos creer. 

Solemos pensar que los pensamientos son incontrolables, pero la solución es analizar el problema, encontrar las causas y buscar el remedio. Para ello debemos preguntarnos ¿qué nos pasa? y dar solución al problema. 

Otro autoengaño es pensar que soy como soy y no puedo cambiar. Y nos auto engañamos por comodidad y porque el cambio cuesta, pero la realidad es la que es, y te golpea con toda su fuerza. No te auto engañes, o lo haces bien o lo haces mal. No te hagas trampas al solitario, toma las decisiones correctas, controla tu destino y no lo dejes en manos del azar ni fruto de las circunstancias. 
 
Si conoces las reglas del juego podrás tomar las decisiones adecuadas, anticipando los obstáculos y superándolos. Conviértete en lo que deseas y atrévete a marcar el rumbo de tu vida. Esta es tu oportunidad, pero recuerda que nada se consigue sin esfuerzo. 

Aprende las reglas, no te hagas trampas y Ponte en Marcha!

lunes, 18 de abril de 2016

El valor de honor y de valor de los samuráis contra el miedo, a la hora de emprender.


Los samuráis tenían un código de honor muy rígido que les servía de guía espiritual, un código basado en la bondad, la justicia, la cortesía, la honestidad, el honor, el valor (entendido como autoconocimiento y coraje para enfrentarse al peor enemigo: uno mismo) y la lealtad. 

El valor es el resultado de varios pasos previos: el coraje (que se obtiene al saber que hay algo por lo que merece la pena luchar), el sentido denotativo de la palabra valor (es decir, generar un valor añadido a la vida), el riesgo que implica traspasar una frontera sin saber a ciencia cierta qué vamos a encontrar al otro lado y la decisión de traspasar el umbral de la comodidad en el que estamos instalados. 

Heinz Körner escribió en su libro Johannes: “En lo más profundo todos sentimos que existe la posibilidad de abandonar el pantano y vivir al sol. Pero el miedo al sol, a la libertad, sí, el miedo a las propias posibilidades nos obliga a permanecer en nuestro entorno habitual. Consigue que nos resulten aceptables el hedor y la inmovilidad, la oscuridad y el lodo. Con cada día que pasamos en él es más difícil salir. Sí, y así todo nos dedicamos a averiguar cómo expulsar el hedor lo mejor posible, cómo soportar lo mejor posible el sucio lodo viscoso y cómo hacer más agradable el paulatino hundimiento. Pero todas las personas que quieran algo mejor deben asumir la responsabilidad y buscar el mejor camino hacia el sol.” 

Lo que diferencia a las personas, y en última instancia las separa, es la satisfacción y la comodidad. No podemos sucumbir a ambas. 

Nunca veremos un mundo mejor mientas sigamos soñando con él. Nada de lo que soñamos sucederá hasta que todos comencemos a actuar en el marco de nuestras posibilidades. No hablo de intentarlo o de esperar a que algo suceda. Hablo de que asumas la responsabilidad de tus talentos y lleves tus sueños a la práctica.

Nuestra tarea no es hablar y soñar con un mundo sin pantano, sino hacerlo realidad. Necesitamos personas íntegras. Personas que cumplan lo que dicen. Personas que como los samuráis venzan al miedo y  hagan realidad sus sueños.

Se valiente, Ponte en Marcha! pero no te hagas el harakiri.

miércoles, 13 de enero de 2016

Contra el Síndrome de Peter Pan: Madurez, Desarrollo y Responsabilidad.


Mientras somos niños estamos en una etapa en la que somos completamente dependientes y al ser así nos acostumbramos a buscar los motivos de las cosas en nuestro exterior.

Según nos hacemos adultos, si no aprendemos lo contrario, conservaremos esta dependencia y añoraremos lo que se conoce como pseudo-seguridad de la infancia; ese periodo de la infancia en el que alguien nos cuida, nos da de comer y nos viste, nos proporciona un hogar y un colegio, etc. 

En ese periodo no hay que preocuparse porque alguien se ocupa de todo. Cuando llegamos a la escuela allí también hay alguien que se ocupa de nosotros, y si nos descuidamos llegamos al mundo del trabajo donde una vez más alguien se ocupa de nosotros. Siempre hay alguien ajeno a nosotros en última instancia que se responsabiliza de nosotros. 

Hay un momento en la vida de toda persona en donde uno tiene que enfrentarse con la situación de que es responsable de su vida. Ese es un momento clave en donde hay que dar un gran salto... un gran salto que le permitirá a uno entrar en el mundo de la madurez. 

Imaginemos un abismo enorme. A un lado la tierra de la infancia, en donde uno depende de los demás, donde no corre riesgos personales porque siempre está protegido. En el otro lado la tierra de la madurez, en donde uno es responsable de su vida, donde uno corre riesgos reales que dependen de uno mismo. Cada uno de nosotros tiene que tomar la decisión de dar ese salto. 

Si decidimos no saltar permaneceremos en la tierra de la infancia para siempre. 

Si decidimos saltar podremos crecer y desarrollar nuestra plena capacidad como seres humanos. Este salto a veces viene impuesto por las circunstancias y otras veces se hace de forma progresiva, pero siempre hay un momento en el que nos damos cuenta de que somos completamente responsables de nuestra vida, que somos los responsables de nuestro destino y que empezamos a construir nuestro futuro. 

Algunas personas no quieren dar el salto y se casan con alguien que les cuida, buscan un trabajo sin responsabilidades, dicen que no han podido disponer de medios económicos, o que han vivido en una época de dificultades económicas. 

Cuando uno decide tomar sólo algo de responsabilidad lo normal es que se falle, uno se responsabiliza o no se responsabiliza. Si saltamos con poco impulso caemos por ese abismo al valle de las excusas. Las excusas impiden avanzar y debilitan. 

Buscar excusas para justificar nuestros fracasos es fatal para el éxito, para conseguir metas. 

El primer paso para asumir la responsabilidad es olvidarse de las excusas, no hay excusas que valgan. 

Nosotros somos quienes decidimos madurar o no, es decir, asumir responsabilidades o no, pero si queremos desarrollar nuestro potencial humano al máximo hemos de hacerlo. 

La vida es una sucesión de retos, dificultades y obstáculos que hemos de afrontar. 

La diferencia entre las personas que les va bien y las que les va mal no son los problemas, porque todo el mundo tiene problemas (en muchos casos más serios de lo que podemos imaginar). La diferencia está en las respuestas que damos a los problemas. 

Cada persona crece como ser humano en la medida en que hace frente a los retos que se le presentan, en la medida en que responde con eficacia a los problemas que se le plantean, sin excusarse. 

Si decidimos hacer frente a los grandes retos de la vida, debemos empezar a hacer frente a los pequeños retos de todos los días. Para ello hay que aceptar responsabilidades, negarse a buscar excusas y seguir adelante. 

"Si algo ha de cambiar, sólo depende de mí"

Si queremos que nuestra vida cambie somos nosotros quienes hemos de hacerla cambiar. El punto de partida hacia el éxito, hacia nuestras metas, consiste en la aceptación sin reservas de una responsabilidad completa e incondicional. Ponte en Marcha!