sábado, 8 de agosto de 2015

Aprender y desaprender.


Un bebé normal es un ser genéticamente programado para aprender. No hay necesidad de enseñarle a aprender: localiza rapidamente todo lo esencial, y sabe separar la "paja del grano". Años despues ese saber iniciático se ha perdido. Un adulto suele perderse en los meandros de lo novedoso, tiene métodos ineficaces que lo empantanan y, casi siempre, termina aprendiendo sólo con un gran esfuerzo y voluntad. ¡Un verdadero desastre! 

 ¿Cómo se ha llegado a ese estado tan decandente? La escuela, el instituto y la universidad han tenido su parte importante en el proceso. Ignoro en que proporción, pero presumo que mucha, quizá más de lo que estamos dispuestos a aceptar. Basta con observar un "primitivo", un indio o un analfabeto para comprender que algo no funciona en el adulto normal de principios del siglo XXI: no escucha bien, no mira lo suficiente, no percibe las pautas repetitivas, siempre espera que otro adulto le saque las castañas del fuego en forma de respuestas adecuadas (si quiere aprender), y si no se limita a repetir "tópicos", frases hechas y pensamientos rancios. 

Por lo tanto aquí van algunas sugerencias "para adultos". No se trata de borrar nuestra experiencia (experiencia que por otro lado permite leer este artículo y captar sus ideas esenciales, supongo), sino de reestructurarla para hacerla más eficiente. 

Esa reestructuración puede llevar a la confusión y a la pérdida de cierta capacidad de aprendizaje ya conocida por nosotros. Pero una vez superado el choque inicial estoy convencido que se abren nuevas posibilidades para recuperar aquello que siempre tuvimos y para lo cual estamos biológicamente predeterminados. 

1. Familiarizarse es más importante que entender. Sí, aunque parezca paradoja, uno aprende mejor cuando repasa los temas como quien pasea por una ciudad nueva. 

No se trata de "negarse a entender", sino de no preocuparse cuando uno no entiende lo que lee, o lo que escucha. La frecuentación repetida con las nuevas ideas y el nuevo vocabulario que las expresa hace milagros. 

Esto es algo obvio en el caso de aprendizaje de idiomas, pero no lo es tanto en materias abstractas como lógica o programación informática. Y parece que es, incluso, una pérdida de tiempo en materias humanísticas o científicas. 

Pero no haga caso de los agoreros ni de sus prejuicios (adquiridos en los duros años de trabajo escolar). Acostúmbrese a repasar los temas prestando la atención que pueda, pero simultáneamente relajándose para captar los aspectos globales y no sólo los detalles. 

Si "familiarizarse" es esencial, entonces el repasar los temas leídos es el método por excelencia (igual vale para lo escuchado, pero para sintetizar, haré de cuenta que alguien está intentando aprender sólo por medio de la lectura).

Lea un poco y luego vuelva atrás releyendo. Cuando se aburra (sea porque el tema ya lo conoce, o porque hay partes que no entiende) siga adelante hasta recorrer otro trecho... y vuelva atrás para reiniciar sus sesiones de repaso. 

2. Dejar el tema es bueno para estudiarlo. Conviene hacer descansos, cortas vacaciones donde se abandona totalmente el estudio, para retomarlo luego. Esos dias sin "trabajar" le ayudarán a reposar el conocimiento y cuando vuelva descubrirá que ha adquirido una nueva comprensión (y nuevas preguntas surgirán en su cerebro). 

3. Traduzca lo nuevo a estructuras con vida, dramáticas. Convierta en imágenes todo lo que sea "imaginable". Se trata de "vivir" lo que se aprende. De la misma manera que ayuda (si se aprende un idioma) ver películas o escuchar la radio en ese idioma (actuamente Internet ofrece posibilidades extraordinarias), tambien hay que intentar recrear lo que se estudia aunque sea muy abstracto. 

No hay tema, por muy árido que parezca, que no tenga posibilidades de imaginar aplicaciones o situaciones donde aquel se manifieste. Esto dependerá de la inteligencia y de la experiencia de quien estudia, pero si no encuentra "nada" seguro que lo que está sucediendo es que está estudiando mecánicamente (es decir según las pautas tradicionales escolares). 

4. Acostumbrese a resumir y llevar una especie de "libro de viaje" de lo que va estudiando. Use esquemas, pero tambien palabras claves, o frases cortas tipo titulares periodísticos. Describase a si mismo el aprendizaje como un paseo por un país nuevo. Comentese las cosas que no entiende, y las cosas que le gustan. Sus emociones frente a esos nuevos "objetos" le ayudarán a entenderlos, aunque le parezca que no los está "estudiando". 

5. Olvídese de los objetivos, si quiere realmente aprender. Un bebé no aprende para ser un adulto "de provecho", simplemente hace lo que le gusta y le gusta aprender. Años después advertirá que esto que le gustaba se convierte en un trabajo... y sentirá rechazo frente a la presión ambiental. Las reacciones que provoca el aprendizaje sistematizado de la institución escolar son muy dispares en lo personal, y no deseo abarcarlas, ni criticarlas, ni justificarlas. Pero si, llegado a adulto, se quiere aprender de verdad, lo que se dice "aprender", hay que hacerlo con disponibilidad de tiempo y sin sentir la presión de los objetivos. 

Es posible que en esta tarea afloren los viejos obstáculos: la falta de atención, la depresión frente a lo imcomprensible, el desespero que produce una tarea de muy largo alcance. Observe que estas reacciones negativas son el resultado de mecanismos de aprendizaje aprendidos. Si uno se dispone a aprender es igual que realizar una actividad fisiológica, no representa para un ser humano una tarea especial o forzada; pero si intentamos hacerlo según las reglas... empiezan los problemas. 

Olvídese de los objetivos y busque el placer de entender por entender. Es la mejor brújula para sortear los escollos que el sistema educativo ha creado en su interior. 

6. ¡No hay aprendizaje sin actividad! Este principio es "de oro". Cuanto más activo esté, más aprende. Y se aprende cuando se es capaz de aplicar creativamente lo que hasta hace un tiempo era nuevo y desconocido. Aprender no es memorizar; aprender no es dar un buen exámen; aprender no es estar en condiciones de dar una conferencia sobre el tema. Aprender es metabolizar lo nuevo de tal manera que ya forma parte de nosotros como cualquier impulso genético. Al aprender, si se hace en serio, uno modifica la naturaleza; crea naturaleza. 

Un adulto necesita aprender por razones diferentes a un niño. Su aprendizaje debe tener más libertad y de esta forma acercarse a sus orígenes. Un adulto está en condiciones de entender que no tiene sentido un aprendizaje memorístico; luego un adulto aunque está machacado por años de escolarización tiene, paradójicamente, mayor libertad para negar el sistema que lo formó. De eso se trata, de recuperar el placer de aprender, lo demás es una consecuencia inevitable de ese proceso. 

¿Debe un adulto tomar notas, si asiste a clase? Personalmente soy un convencido que escribir es lo mejor que podemos hacer con nuestras manos cuando estamos impedidos de movernos. Pero no se trata de copiar lo que el profesor dice, sino de resumirlo mientras habla y de destacar aquello que nos parece digno de pensar a posteriori. Con práctica se puede escribir con velocidad (sobre todo si se emplean muchas abreviaturas) y uno no se preocupa de la "legibilidad" de los apuntes. Lo más importante no está en registrar la información, sino en jugar con ella... por lo tanto es mejor tomar apuntes "libres" que "textuales". 

7. Estándo genéticamente programados para aprender, la mayoría ha hecho voto de castidad, y lo logra. Es un misterio que los seres humanos prefieran mantenerse en la rutina diaria en vez de desarrollarse hasta el momento de su muerte. Nuestra especie tiene un cerebro que, exceptuando graves enfermedades invalidantes (como el Alzheimer) no para de establecer nuevas conexiones y reestructurarse hacia una mayor complejidad. 

Sin embargo los adultos ya cuarentones acusan un interés decreciente por adquirir nuevos conocimientos, y el proceso se acentúa gravemente en décadas posteriores. ¿Cómo es posible? 

Probablemente se deba a nuestra misma capacidad de aprendizaje. 

Sí, paradójicamente la capacidad de aprender puede llevar a detener el impulso genético hacia lo nuevo. Los seres humanos somos así: capaces de dominar nuestros instintos básicos hasta que parezcan que nunca han existido. Podemos hacer voto de castidad, podemos reducir la compañía humana convirtiéndonos en ermitaños, podemos suicidarnos y tambien, ¡como no!, podemos dejar de aprender. 

Para dejar de aprender hay que aprender a hacerlo. Y la sociedad nos lo enseña proveyendo tanto las herramientas como los objetivos. Las herramientas son los medios de comunicación y entretenimiento (la omnipresente televisión en España, por ejemplo) y los objetivos son la búsqueda del placer inmediato y de bajo costo. El resultado es la conversión de un ser humano en "homo domesticus", en un ser que en sus últimas décadas ha decidido que es mejor recorrer lo conocido, como un mono en su jaula, que aventurarse por parajes ignotos. 

Obviamente las lineas anteriores no van dirigidas a esta parte de la especie que renuncia a sus posibilidades. 

8. Resumiendo. Uno puede aprender, y puede porque tenemos el patrimonio biológico que lo permite. Sin embargo hay que desaprender, a partir de cierta edad, para poder seguir aprendiendo a un ritmo más rápido e intenso. No se trata de negar lo que ya tenemos (conocimientos, métodos y lógica) pero sí de resituarlos en un contexto de libertad que es posible. Una libertad que incluye la pérdida de interés por objetivos inmediatos y por éxitos "de salón" para desarrollar pretensiones más perversas: el placer de conocer y la capacidad de automodificarnos como consecuencia de ese conocimiento hecho carne.

Nunca dejes de aprender y Ponte en Marcha!

viernes, 7 de agosto de 2015

La característica esencial de todos los triunfadores: La Congruencia.


Somos congruentes cuando pensamos, decimos y hacemos lo mismo. Cuando existe sintonía entre nuestro lenguaje verbal y no verbal. Muchas personas dicen una cosa, piensan otra y acaban haciendo otra distinta. La incongruencia lleva a estados emocionales negativos como la depresión, las malas relaciones y la apatía. La falta de congruencia malgasta tu energía. Sin embargo la congruencia es poder. Las personas congruentes inspiran confianza. Son personas en las que nos gusta confiar porque transmiten credibilidad, veracidad y compromiso. Son personas que gozan de estados emocionales plenos y positivos porque saben que están actuando de la manera correcta; de acuerdo a su conciencia. 

La incongruencia es lo que destruye los sueños de las personas. Cuando una persona no es congruente su poder personal desaparece. Son personas que saben que deberían estar haciendo las cosas de otra manera pero continúan haciendo las cosas del mismo modo.
 
Como ejemplo típico tenemos el de la persona que sabe que determinados alimentos que está tomando están minando su salud, pero se mantiene aferrado a ellos. O la persona que sabe que el tabaco le acerca cada día un poco más a su muerte y a pesar de ello continúa fumando. O la persona que te dice que te aprecia, pero con su tono, sus expresiones faciales y su mirada te está diciendo algo muy diferente. 

La incongruencia suele venir de la mano de la comodidad. Todos sabemos que deberíamos estar tomando determinadas acciones o produciendo determinados cambios; pero a pesar de pensarlo jamás nos ponemos en marcha para tomar las acciones necesarias porque nos resulta más cómodo quedarnos como estamos que dar los pasos necesarios y simplemente hacerlo. 

Comienza a actuar a partir de este mismo instante con congruencia absoluta

Actúa como sabes en tu interior que debes hacerlo para alcanzar los resultados que deseas de la vida. Haz que entren en sintonía tus pensamientos, tus actos y tus palabras. 

Uno se libera de muchas tensiones cuando comienza a ser congruente. En ese mismo instante dejas de librar una batalla en tu interior y esa energía que antes desperdiciabas en esa lucha, la puedes dedicar ahora a emprender un proyecto de éxito y un carácter de ganador. 

Ahora mismo es el mejor momento para comenzar a ser congruente de verdad. Es cuestión de una simple decisión por tu parte. Toma de una vez por todas esa decisión y haz de la congruencia parte de tu identidad. 

Se congruente y Ponte en Marcha!

jueves, 6 de agosto de 2015

Usando el fracaso como catapulta hacia el éxito.


“Si quieres incrementar tu nivel de éxito por dos, multiplica por dos tu nivel de fracasos”.Thomas Watson, fundador de IBM.

Es indiscutible que si queremos lograr un gran éxito, en el camino vamos a encontrarnos con algún que otro fracaso. Si sabemos que esto es así, ¿Porqué muchas personas utilizan sus fracasos como excusas para no continuar avanzando hacia sus sueños?

Si no existen fracasos ya sabemos de antemano el resultado que vamos a obtener: ¡Ninguno! Cuando no existe fracaso alguno, implica que no estamos avanzando, que no estamos intentando nuevas cosas. Y eso siempre lleva a la mediocridad, a tener sueños incumplidos y a ser menos de lo que se podría ser. Y todo por temer el fracaso y la incertidumbre.

De hecho, existe una buena explicación para esos temores que comparten gran número de personas: miedo al fracaso, miedo a no ser suficientemente bueno, miedo a ser desencantado otra vez… El miedo es una de las emociones más fuertes que puede sentir un ser humano. Es un elemento innato que está programado en nuestro sistema nervioso como factor protector. A lo largo de la historia del ser humano como especie, este mecanismo ha jugado un papel fundamental en nuestra supervivencia. Pero en la sociedad actual, ese instinto nos perjudica más que nos beneficia. Y a diferencia de las especies animales, los seres humanos somos capaces de vencer cualquier tipo de miedo con el poder de nuestra mente. 

Así que hagamos algo para reprogramar nuestra tendencia hacia el miedo.

Es sobradamente conocido que los blocks de notas Post It fueron el resultado de un experimento fallido en el que se pretendía conseguir un pegamento de la máxima adherencia. O el famoso ejemplo de Thomas Alva Edison, que en su intento de inventar la bombilla incandescente tuvo que realizar más de cinco mil intentos para lograrlo.

¿Te has dado cuenta de que todo avance importante de la humanidad ha necesitado en el estado previo a lograr el éxito un buen número de intentos y fracasos?

Quizás sería interesante comenzar a llamar a los fracasos lecciones o simplemente resultados. No se considere jamás como una persona que ha fracasado. Simplemente no has obtenido el resultado deseado. Emprende de nuevo la acción con más determinación, aprendiendo la lección de ese tropiezo, y … ¡Logra el éxito! 

Encuentro muy útil para ilustrar esto el ejemplo de un niño cuando está aprendiendo a caminar. ¿Cuánta veces intenta un niño caminar? Todas las que son necesarias hasta lograrlo. No le importa caerse mil veces. Siempre vuelve a intentarlo. Por eso, no vemos a ningún adulto caminando a gatas. Cualquier nuevo proyecto o reto que emprenda es como aprender a andar. Va a tener que hacer intentos y más intentos. Pero el secreto está en no abandonar jamás.

Si tienes la chispa de un sueño prendida en su corazón, no permitas que un simple tropiezo te aparte de convertir ese profundo deseo en realidad. No optes por el camino fácil del abandono y la apatía.

 La próxima vez que creas que ha fracasados en algo, plantéate las siguientes preguntas:
-¿Qué puedo aprender de esta experiencia?
-¿Qué hay de bueno en esto?
-¿Cómo puedo utilizar esta experiencia para transformarme positivamente?
-¿Qué distinciones he hecho que me permitan ser más efectivo en el futuro?

Y ahora solo le queda salir ahí afuera y cometer algunos fracasos. Eso será señal de que estás avanzando con determinación hacia tus mayores sueños. Ponte en Marcha!

martes, 4 de agosto de 2015

Gestionar el compromiso.


El talento en la empresa depende básicamente de dos factores: la capacidad de las personas que forman parte de la misma y el compromiso que tienen con sus objetivos, valores y estrategias. 

Generalmente dedicamos mucho esfuerzo y recursos a tratar de conseguir las más altas capacidades de nuestros colaboradores, a través de los procesos de selección, de formación y de desarrollo, pero tratamos de una manera más superficial los aspectos que permiten que los mismos tengan el más alto grado de compromiso con la organización.

Esto no ocurre sólo en la empresa para desesperación de muchos aficionados al fútbol, que contemplan como sus admirados equipos gastan sumas astronómicas en contratar a los futbolistas más famosos del mercado y luego, en la práctica, estos no corresponden a las expectativas generadas, sencillamente porque están más comprometidos con otras cosas, que con los resultados del equipo que les paga. 
 
¿Pero qué es exactamente el compromiso? Podríamos decir que el compromiso es un conjunto de comportamientos de las personas de una organización, que permiten conseguir los objetivos de la misma. Comportamientos tales como hacer que las decisiones se ejecuten, o tener la dedicación y la integridad necesarias para intentar conseguir siempre lo mejor para la organización, o tener la automotivación suficiente para superar las dificultades que aparecen, o hacer todo lo necesario para conseguir los objetivos marcados. 

 En otras palabras el compromiso en una organización supone tener los comportamientos necesarios para conseguir el éxito de la misma

Sin embargo, en las circunstancias actuales de la empresa no es fácil conseguir el compromiso de las personas, la dichosa globalización y la necesidad imperiosa de aumentar la competitividad generan un entorno que dificultará las relaciones empresa / colaborador. Podríamos citar, entre otras, algunas causas tales, como inseguridad en el mantenimiento de los puestos de trabajo debidos a reducciones de plantilla, jubilaciones anticipadas hasta edades en las que se supone que la persona está en plena madurez profesional, incrementos salariales con márgenes muy estrechos, dificultades crecientes para compaginar la vida laboral y la familiar y así hasta un largo etcétera, que no ayuda precisamente a conseguir eso tan necesario que se llama compromiso. 

A título de ejemplo de lo anterior, me permito citar una encuesta realizada en U.S.A. según la cual: 
- El 42 % de las personas encuestadas habían vivido una reducción de plantilla en su empresa. 
- El 20 % habían perdido su puesto de trabajo. 
- El 40 % se consideraban estresados al final de la jornada laboral. 

Pero lo que todavía es más importante según otra encuesta es que el 70 % de la satisfacción de los clientes depende del servicio que los mismos reciben de la personas que tratan con él y el 65 % de los problemas en el servicio a los clientes ocurren debido a la indiferencia o trato incorrecto de los empleados, lo cual está claramente relacionado con la falta de compromiso de los mismos. 
Es decir el compromiso es algo absolutamente necesario para el éxito de una empresa, pero parece que hay dificultades exógenas que no facilitan, precisamente, el conseguirlo. 

La conclusión, al menos la mía, es que no se puede conseguir el compromiso de las personas en una organización, si estas no confían en la misma, si no se sienten tratadas adecuadamente, si no están compensadas correctamente, si no hacen lo que saben hacer, si no tienen un trabajo interesante, si no tienen posibilidades de desarrollo y de carrera y si no tienen claro el futuro, tanto el personal como el de la empresa a la que están ligados. 

En otras palabras las personas se comprometen con un proyecto ilusionante que les dé confianza en su futuro y en el que se sientan a gusto. 

Bueno, alguien podría decir, esto ya lo sabíamos y, efectivamente, puede ser así, pero es que lo difícil no es conocer los factores que pueden generar el preciado compromiso con la organización, lo difícil es llevarlos a la práctica y sobre todo que funcionen en el día a día. 

Y efectivamente no debe ser fácil, puesto que en una reciente encuesta realizada en el Reino Unido el 40 % de las personas encuestadas manifestaban no estar comprometidos con su empresa y lo que puede ser más grave: más de la mitad manifestaban que no tenían ningún plan para abandonar su empresa. 

Todo ello me lleva a la conclusión, elemental, de que el compromiso debe de gestionarse muy activamente en toda la organización como una condición necesaria para el éxito de la misma y que el grado de compromiso de los colaboradores debe ser una responsabilidad directa del directivo. 
Creo que un buen directivo tiene, entre otras, cuatro tareas importantes que se relacionan con sus colaboradores. La primera es intentar rodearse de los mejores, nunca he conocido un buen directivo que tuviera un mal equipo. La segunda es clarificar las expectativas para que cada uno sepa donde está y a donde tiene que ir. La tercera es reconocer tanto positiva como negativamente y compensar en consecuencia y finalmente la cuarta es ocuparse de su gente y es, en el conjunto de estas cuatro tareas, a mi juicio básicas, donde hay que insertar el gestionar y obtener el compromiso de los colaboradores. 

No obstante, esta gestión hay que apoyarla en un marco a nivel de toda la empresa para conseguir una coherencia en todas las acciones individuales, es necesario implantar al nivel de la empresa toda una cultura que podríamos llamar la “cultura del compromiso” en la cual las personas de una organización puedan encontrar unos fundamentos que inspiren su compromiso

Los ingredientes básicos de una cultura de este tipo, tampoco son nuevos y también, como siempre, su dificultad mayor, estriba en llevarlos a la práctica. Pero el reto merece la pena a cambio de lo que se puede conseguir, como dijo aquel rey francés “París bien vale una misa”. 

El compromiso de las personas es lo que verdaderamente permite trasformar el potencial de las mismas en resultados para la empresa.

Comprométete y Ponte en Marcha!

lunes, 3 de agosto de 2015

El miedo de los directivos y la cólera de Dios.

D.T. se sintió por enésima vez insatisfecho del trabajo de sus colaboradores y así se lo hizo saber, traicionando de nuevo la promesa que tantas veces se había hecho de no permitirse perder el control y dejar que se desbordase su agresividad. 

“Sois un desastre. No valéis para nada. En cuanto se os pide algo... os ahogáis. Mira que me esfuerzo en deciros lo que quiero... Pongo todo el empeño en dejar claro cada punto para que no haya errores... Os lo doy mascado... Pues ni aun así... Chapuza tras chapuza y vuelta a empezar...,” vociferaba histérico en medio del silencio sepulcral que presidía la inmensa sala de reuniones de la Corporación y en la que se encontraban reunidos los ocho Directores y Jefes de Área del equipo de D.T.

Los presentes avergonzados (tal vez más que con su propio miedo con el bochorno ajeno que les producía el tono de su jefe) mantenían la cabeza algo inclinada y la mirada perdida hacia un punto indeterminado. No era la primera vez que ocurría esto, ni, con toda seguridad, seria la ultima visto que el problema claramente no tenía solución. D.T. era así y así seguiría siendo mientras no le hicieran cambiar, lo cual resultaba bastante menos probable que la opción de marcharse uno mismo de la compañía o buscar el traslado a otra División... Ya lo habían hecho tantos y parecía la única manera de escapar de aquel personaje que hicieras lo que hicieras te amargaba la existencia. Porque, en efecto, en esto residía la paradoja: nunca se podían satisfacer plenamente las instrucciones de D.T. ... Si procurabas atenerte fidedignamente a sus directrices... MALO... le parecía insuficiente y poco creativo... Si te atrevías a aportar a las orientaciones algunas ideas e iniciativas propias... MALO... porque “no habías entendido nada de lo que te había pedido y te habías ido por los cerros de Úbeda”. 

¿Solución? Procurar pasar desapercibido; hacer piña con los compañeros de fatigas y cuando te caiga una instrucción, asumir el marrón, procurar adaptarse al máximo a los deseos de D.T. y prepararte para el chaparrón llegado el momento. “Pobre tipo,” pensaban todos... “Por mas que tenga un puesto tan elevado en la organización... no es Dios, por mucho que el antipático infeliz así se lo crea”. 
Curiosamente D.T. veía las cosas de manera radicalmente distinta... Y así se lo contaba quejicoso a su D.G., desoyendo los consejos y sugerencias que este, aunque hacia tiempo que había tirado la toalla, le seguía intentando transmitir. 

“Esta gente”, decía desahogándose D.T., “me tienen harto... Ya no son como antes... Como éramos nosotros... Les digas lo que les digas, hacen las cosas sin ganas... No son creativos... No aportan... Parecen máquinas... Mira que procuro darles todo claro y mascado para que les resulte sencillo... Pues, ni por esas... Intentas apoyarles, enseñarles... darles ánimo... Es igual... Van a lo suyo... Y en el fondo la empresa, los objetivos, sus responsabilidad les importan bien poco... Y es que por más paciencia que me impongo... acabas harto y quemado... Y encima vienen esos de formación y te dicen que más delegación y todas esas pamplinas... Pues es lo que faltaba”. 

Y a partir de aquí D.T. se extendía exhaustivamente contando la de veces que los temas tenían que ir y venir, y el esfuerzo improbó de supervisión y correcciones continuas que se veía obligado a efectuar, hasta conseguir que quedaran mínimamente correctos y en condiciones de ser puestos en marcha... El D.G. aguantaba resignado el relato, confiando pasaran rápido los 30 minutos de desahogo semanal que le tenia asignado... Hiciera lo que hiciera, estaba convencido de que nada cambiaria del estilo directivo de D.T., por lo demás un profesional conocedor, experto y abnegado. 
 
Lo que nadie sabía, salvo su mujer, ni podían imaginar era el secreto que D.T. le había confiado a esta hacia un par de meses, aunque todavía no se sintiese capaz de afrontarlo... “Tengo miedo de estas nuevas generaciones... cada vez tienen mejor formación... Tengo miedo de llegar a resultar prescindible... Tengo miedo de que puedan actuar sin recurrir a mi...” 

“¿Cómo crees que podrías afrontar ese miedo? ¿Cómo imaginas serian tus relaciones con tus equipos si ya lo hubieras superado?”... Estas y otras preguntas constituían las únicas herramientas de trabajo que ponían sobre la mesa su mujer/coach ... 

Pero para D.T. aun no había llagado el momento de tomar conciencia y responsabilidad sobre su problema... En consecuencia, mañana volvería a intentar taparlo poniendo a caldo a los directivos de las Áreas 5 y 6. 

No seas un Directivo Temeroso, y Ponte en Marcha!