lunes, 19 de octubre de 2015

"El decálogo de alguien; cualquiera; todos y nadie"


Este es un decálogo que escribió ALGUIEN; para que CUALQUIERA lo haga suyo. Ya que aparentemente TODOS, deseamos ser mejores. Sin embargo NADIE lo logra sin mantener el esfuerzo continuo y persistente, de ser mejor día a día. 

1. MUESTRE INICIATIVA.- Anímese a participar, involucrarse y comprometerse en proyectos de gran relevancia. Hágalo en forma voluntaria. Aproveche su potencial y demuestre su capacidad en ello. 

2. SEA EJEMPLO.- Aunque usted sea sólo una parte de un buen proyecto, comparta sus conocimientos, experiencias y habilidades. De lo mejor de si mismo; los demás seguramente lo notarán. 

3. COLABORACIÓN.-Colabore con sus colegas, subordinados o jefe. Tómese su tiempo para ayudar a otros, incluso cuando esté ocupado. Esto crea un ambiente agradable de trabajo, tanto en su departamento, como en la organización. 

4. ADMINISTRE SUS RECURSOS.- Es importante saber donde está o donde puede conseguir la información que necesita. Los recursos humanos que tiene a su alrededor; deben ejecutar actividades dirigidas a conseguir el objetivo deseado. No desperdicie sus recursos materiales; y mucho menos el TIEMPO. 

5. SEA GUIA DE UN INEXPERTO.-Los nuevos empleados siempre agradecen al que los guía durante sus primeros días de trabajo. Hágalo desinteresadamente. Usted no sabe a que posición llegará el nuevo empleado y quizá en ese momento le devuelva el favor. 

6. INTEGRESE AL EQUIPO.- Aún siendo el Jefe; involúcrese y comprométase con sus personal. “El llanero solitario; no tiene cabida actualmente”. 

7. HAGA UN ESFUERZO EXTRA.-Además de cumplir dentro de las fechas límite. De algo adicional: Su valor agregado. 

8. COMPARTA EL TRIUNFO.- A ningún empleado le agrada trabajar con alguien que no reconoce el esfuerzo del equipo. Ningún esfuerzo individual, es tan valioso como el de un equipo. 

9. SEA LIDER.- El liderazgo no solo significa hacerse seguir; también es importante dejarse guiar por los demás. No podrá ser líder en todo momento; en ocasiones es prudente ser seguidor. Hágalo con humildad.

10. ADMINISTRESE.- Identifique las actividades que afectan y/o benefician sus resultados; guíe a sus colaboradores para que hagan lo mismo. Cualquier actividad que usted y su equipo realicen; afectarán sus propios resultados y por supuesto los de su organización. De usted depende que sean BUENOS O MALOS. 

Ser un buen empleado; llegar a tiempo, Inter-actuar bien con los demás y cumplir cabalmente con su función; lo hará ser una persona integra”. 

El trabajar más horas no necesariamente significa que sea más productivo, tan solo significa que; no sabe; no puede o no quiere. 

- Sino sabe; aprenda, sea humilde y acérquese al que sabe. 
- Sino puede; aprenda a solicitar los recursos que le hacen falta. 
- Sino quiere; mejor deje el puesto. O solicite su cambio. “Hágalo con cuidado; el cambio puede ser dejar la organización”.

Ponte en Marcha!

jueves, 15 de octubre de 2015

Gestionar y Facilitar el Cambio al emprender.


Lo último, como emprendedor, que uno desea descubrir es que su visión de futuro está ya anticuada. Es importante que tengamos presente que las prácticas empresariales de éxito hoy, seguramente no serán válidas mañana. Si esperamos a que algo se rompa para luego actuar, puede que sea demasiado tarde. Debemos aceptar el cambio como un fenómeno permanente y aprender a vivir con él. 

Para orientarnos en el vértigo de los cambios, tenemos que desarrollar los siguientes hábitos

Preguntar, escuchar y aprender de los clientes presentes y potenciales, que son la mejor fuente para identificar las futuras oportunidades. Pobres de los ejecutivos que pasan su mayor parte del tiempo mirando hacia el interior preocupados por mantener su estatus, olvidándose de que sus verdaderos electores son los clientes. 

Tener muy presente que ningún puesto en las empresas puede considerarse perpetuo. Por ello, tenemos que adoptar una actitud pro activa en la gestión de carrera, siendo la empresa la que debe ofrecer las oportunidades. 

No intentar hacer todo y creerse un superhombre. La revolución en tecnología de la información y de las comunicaciones está haciendo que el rol de los niveles intermedios de las organizaciones sea cada vez menos importante y que cada responsable tenga un mayor número de personas bajo su responsabilidad directa, adoptándose estructuras mucho más planas. 

Ser consistente y apostar por el medio plazo, porque las organizaciones deben atraer y retener a ejecutivos estrellas y no a cometas, ya que el talento ejecutivo cada vez será más escaso a medida que aumenta el número de empresas en un mercado global. 

Gestionar el cambio con ritmo sostenido, donde la imaginación, la innovación, la flexibilidad, la percepción que los clientes tengan de la empresa y la dimensión social son algunas de las ventajas competitivas que se debe fomentar. 

Actuar como si cada día fuese el primer día y no cegarse por los éxitos de ayer. Que el éxito no se te suba a la cabeza ni que el fracaso se aloje en tu corazón. No dejes que que una derrota te derrote ni que el éxito te venza.

Poner en equilibrio la vida laboral y familiar, donde las empresas deben asumir su parte de responsabilidad para facilitar ese equilibrio, haciendo que la persona sea más feliz y equilibrada.

- Asegurar que se comparte el compromiso de toda alta dirección, que debe ser claro, visible y apasionado, teniendo que asumir un rol de entrenador y de ayudante. 

En definitiva, para gestionar y facilitar el cambio en las organizaciones se deberá fomentar un proceso continuo de aprendizaje en las mismas y una comunicación más abierta. Si queremos jugar en el futuro que acaba de comenzar, tenemos que ser capaces de escuchar, aprender, pensar y sacar provecho de todas las increíbles oportunidades que el futuro nos pueda aportar.

Gestiona el cambio, y Ponte en Marcha!

martes, 6 de octubre de 2015

El Trabajo "¿Cueces o Enriqueces?” Un compromiso con la calidad


Este post nos habla del significado del trabajo, de la creación de nuestro autoconcepto, de la responsabilidad de los líderes, de la motivación, de la actual calidad en la atención al cliente y de nuestro compromiso con la calidad de servicio y con la calidad de las personas que hay detrás de éstos.  
Todo lo aquí dicho, si es sabido no por ello parece cambiar la realidad que vivimos. Animo al lector a que asuma el compromiso de cambiar su entorno desde el cambio de su propia actuación personal y profesional.  
El trabajo es para todas las personas un elemento más de dignificación social, es un medio para conocer a otras personas y relacionarnos, aprender una profesión y una disciplina de trabajo, un importante manantial de refuerzo constante que mantiene y enriquece nuestro autoconcepto (la imagen que tenemos de nosotros mismos), además de una fuente de ingresos que nos permiten alcanzar otros muchos logros.

Trabajar es enriquecedor, es una experiencia única que todas las personas deberían conocer; sin embargo, si esto es así:

- ¿Cómo es que un gran porcentaje de problemas mentales vienen originados por conflictos en el trabajo?

- ¿Por qué hay personas que no sienten deseos de trabajar?

- ¿Por qué algunos empleados reciben de mala gana a sus clientes?

- ¿Por qué hay directivos y mandos intermedios que maltratan a sus colaboradores?

- Y de una forma más global: ¿Puede presumir este país de ofrecer un servicio de calidad a sus clientes?

Cuando yo: oigo, miro, siento, veo, huelo lo que sucede a mi alrededor, no tengo una visión objetiva de la realidad sino una interpretación subjetiva de lo que estoy viviendo. O lo que es lo mismo, “hay tantas realidades como personas en el mundo” Incluso mi propio autoconcepto, es una interpretación que yo hago de mi realidad y mis circunstancias. Soy bonito o feo, listo o tonto, rico o pobre, simpático o arisco en función de qué o de quién. Como diría el cantante: “Depende...”

Lo que yo pienso de una persona se lo transmito sin decírselo, incluso sin intención expresa de querer hacerlo: ¿Le miro, le sonrío, le pregunto, le escucho, le ofrezco, le ignoro?...

También nosotros transmitimos a los demás lo que pensamos de nosotros: ¿miro a los ojos, asumo responsabilidades, tomo iniciativas, me escondo de los demás, cómo reacciono ante las críticas? ...
Nos etiquetamos y nos etiquetan también, y esto condiciona básicamente nuestro comportamiento e incluso, en gran medida nuestros éxitos y nuestros fracasos. ¿Recuerdan la película de My Fair Lady o Pretty Woman?

Volviendo al tema laboral. Se supone que si te seleccionan para un puesto es porque te ven capacitado para ejercerlo. A veces, ésta obviedad no nos parece suficiente para creérnoslo, y otras no se nota que así sea tal cual nos tratan en nuestro puesto de trabajo.

Cuándo me incorporo a un puesto de trabajo ¿tengo jefes o líderes? Es decir, personas de mayor status, rango o categoría que me dice lo que tengo que hacer (en el mejor de los casos); o me encuentro ante un líder, es decir aquel que es capaz de sacar todo mi potencial (emocional e intelectual) para ponerlo al servicio de los demás, en beneficio del propio individuo y de toda la compañía.

Sin duda lo mejor que nos puede pasar profesionalmente hablando es que la persona que nos dirija sea decente, madura, disponible, creíble, competente profesionalmente, admita las críticas constructivas y ejerza la disciplina correctamente, yo añadiría que sepa reconocer y expresar el esfuerzo y el trabajo bien hecho. No es necesario que tenga todas las respuestas ni que sea perfecto, pero sí que confié en nosotros y que esté comprometido con la calidad.

Los mandos que dirigen a las personas que ocupan su primer empleo tienen una responsabilidad muy grande. Sin duda éstos deberían estar tanto o más preparados que los directivos del más alto nivel, ya que tienen en sus manos auténticas “simientes”, de ellos dependerá en gran medida que esa “planta” crezca sana y fuerte o se llene de “bichos”, entendiendo éstos como complejos, frustraciones, miedos e inseguridades, que pueden condicionar toda su carrera profesional de aquí en adelante. Aunque el impacto será mayor o menor en función del “poder” que la persona le otorgue a su superior.

Es un perfecto afortunado aquel que tiene un superior que cree en él, le potencia y le vive desde su primer contacto con él como una persona de enormes posibilidades, que se fija tanto o más en lo que posee en lugar de en lo que carece, y se apoya en sus fortalezas para trabajar desde ahí con él. Como indica el “efecto Pigmalión” (ejemplificado en las películas antes comentadas), el empleado cuyo jefe confíe en sus capacidades llegará a ser el buen profesional que se espera de él.

No cargamos al mando de culpa sino de responsabilidad. A veces nos encontramos con empresas donde predomina una cultura de supervivencia, no de profesionalidad, una cultura de miedo y no de superación, una cultura de hacer dinero y no de ser competitivos. Ética y calidad, ética y ventaja competitiva, no están reñidos, y ya se irán viendo los resultados de aquellas empresas que no lo entiendan así.

Esperamos que los buenos profesionales, sin prisa pero sin pausa, huyan de aquellos trabajos que, si bien han tenido que escoger por no encontrar a corto plazo mejores oportunidades laborales, no les están beneficiando a nivel personal ni profesional.

De cualquier modo el buen profesional será capaz de hacer bien su trabajo, o al menos de hacerlo lo mejor posible independientemente de cómo éste siendo tratado él. Por ejemplo: un excelente camarero trabajará eficientemente y tratará con educación y respeto al cliente aunque lleve un mes sin cobrar. Esto mantendrá a salvo su autoestima y su profesionalidad, si además asume su responsabilidad en la solución de los acontecimientos que no le son favorables, solucionando de este modo el conflicto.

Un buen jefe, también será capaz de actuar eficientemente con independencia de si sus superiores hacen lo que deben para ser a su vez buenos jefes, y no descargará sobre sus subordinados la no profesionalidad de sus superiores, si es ese el caso. De nuevo esto mantendrá a salvo su autoconcepto, su autoestima y su profesionalidad, más aún si busca la manera de acabar con esta situación injusta.

Las empresas que se mueven por criterios que no tienen como prioridad la excelencia, trabajan a espaldas de la calidad y, equivocadamente, recortan esfuerzos en todo lo relacionado con el personal.

Da igual que los expertos digan, repitan, griten, que el 80% de la calidad está en los recursos personales de las empresas, más que en los elementos de tipo técnico. Y que de esos recursos personales el 80% de la calidad del personal está más en la actitud que en los conocimientos. Se continúan las políticas empresariales que no posibilitan la compatibilidad real del trabajo y de la familia, que no gestionan la diversidad, que recortan salarios y demás condiciones laborales, y que no tratan a las personas como iguales, sino que hacen diferencias de trato en función de su poder dentro de la organización.

Un buen profesional trabajará siempre en lo que se viene llamando “nuestro círculo de influencia”, se planteará la vida y el trabajo desde “lo que depende de mí”, tratando así de cambiar sus circunstancias en la medida que sea capaz de ir ampliando su círculo de influencia.

No se puede asumir que la falta de medios la asuman los trabajadores con su buena cara y su profesionalidad, pero, volviendo al “círculo de influencia” del que hablábamos antes, sólo desde ahí podemos trabajar para cambiar nuestra realidad social. Es mi responsabilidad apoyar a aquellos partidos políticos que desarrollen favorablemente su función, es mi responsabilidad mantenerme o cambiar de actividad laboral (cuando me sea posible) si no va en la dirección que persigo, es mi responsabilidad comprometerme con la calidad en mi trabajo.

La motivación parte de las necesidades y deseos. A veces nos encontramos con personas que tienen “dormida” esta parcela de su interior, por falta de autoconocimiento, por inmadurez, por represión, etc. El caso es que tienen un grave problema, ellos y la sociedad en su conjunto.

Cuando escucho decir a un joven desempleado: “me da igual”, “si me sale algo”, “de lo que sea”, pienso: ¿qué espíritu de superación, qué compromiso de calidad, qué proyecto de vida tendrá? Y cuando a muchos de ellos les escucho historias tremebundas de sus puestos de trabajo anteriores (sin contrato, horarios abusivos, despidos improcedentes, etc.) entiendo que se han hundido sin despegar primero. Arañando un poquito debajo de esas palabras, nos encontramos con personas que carecen de confianza en sí mismas, y que incluso han perdido la imaginación para pensar qué tipo de trabajos podrían desarrollar y cómo tratar de encontrar un empleo por algún otro medio que no sea estar apuntado a la oficina del Servicio Público de Empleo.

No parece haber correlación entre nivel de estudios y actitud ante el trabajo. Hay licenciados que se encuentran derrotados sin acabar siquiera la carrera y gente sin estudios que “se comen el mundo” y a los que no les faltan oportunidades de trabajo visto su CV. El trabajo es un recurso escaso y difícil para todos (para unos más que otros, sin duda), pero la actitud ante él, y sobre todo la confianza en las propias capacidades para salir adelante, son la clave del éxito.

Nos agobiamos o nos enamoramos del proyecto que supone vivir y dar vida, dirigir y ser dirigidos, servir y dar servicio. Eso depende de nosotros, de nuestra actitud.

Pero hagas lo que hagas recuerda:

· SÍ IMPORTA lo que piensas de ti mismo, condiciona tus posibilidades en la vida.

· SÍ IMPORTA lo que piensas de los demás, se lo transmites quieras o no.

· SÍ IMPORTA lo que votas en las urnas, las leyes se aprueban en el Parlamento.

· SÍ IMPORTA lo que admites y no admites de los demás, es tu responsabilidad pedir que te respeten.

· SÍ IMPORTA el compromiso que adquieres con el mundo y con las personas por el hecho de estar vivo. Seamos profesionales.

Todo lo que nos pasa en la vida, lo bueno y lo malo, nos está enseñando cosas y nos está dando la oportunidad de conocernos y superarnos. No tengas miedo a equivocarte, ese es el primer “pecado” de los perfeccionistas.
Enriquece y Ponte en Marcha!

lunes, 5 de octubre de 2015

Trabajo en equipo. ¿Sueño o realidad?


Imaginemos que un jefe selecciona a un equipo buscando en cada uno competencias que mejoren las suyas. 

Imaginemos que ese jefe parte de la convicción de que cuanto “más persona seas”, y en consecuencia menos personaje, “más persona recibirás de los otros” y que, por ende, solo las personas (desprovistas de patéticos personajes) serán capaces de comunicarse intelectual y emocionalmente.   

Imaginemos que jefe y personas a su alrededor deciden construir un equipo en torno a valores como profesionalidad, respeto, admiración, estímulo y denuncia de hipócritas y corruptos. 

Imaginemos que ese equipo admite dentro de su esfera de funcionamiento principios como “Siempre decir lo que se piensa”; “Nunca sentir miedo dentro del grupo”; “Aceptar que además de compañeros son compañeros que pueden divertirse cuando están juntos”; “Meter la pata está permitido y es legítimo siempre que el responsable pague la multa de unas cañas para todos los demás” y “Siempre se puede hacer mejor y resultar más novedoso”, etc. 

Imaginemos que en ese equipo se prohíben discriminaciones por razón de edad, sexo, inclinaciones sexuales, clase, religión o estado. 

Imaginemos que cada miembro del equipo siente admiración por los compañeros que complementan su trabajo. 
 
Imaginemos que el equipo atribuye a su función una misión de infundir ética y estética al contenido de su labor, desde una obsesión por la innovación y la creatividad creciente. 

Imaginemos que el equipo resuelve los conflictos, sin la necesidad de órdenes jerárquicas, mediante modelos de opinión libre, votación, libre asamblea y, a ser posible, unanimidad. 

Imaginemos que el equipo tiene por voluntarios y deseados hábitos tomar unos cafés todos juntos al principio de la mañana y compartir una copa al final de la jornada. 

Imaginemos que los equipos aceptan sus naturales diferencias, gustos y preferencias y hacen de trabajar juntos el único hobby compartido. 

Imaginemos que cada miembro del equipo se cree profesionalmente muy bueno y valora la categoría de los demás que le sirven de reflejo, y que unos a otros se estimulan, motivan e incitan a la superación.

Imaginemos que el jefe de este equipo es quien alienta este estilo y ambiente. No le preocupa que alguno de sus “subordinados” pueda quitarle el puesto. Sabe que será así y que además podrán ser varios los candidatos: a él le interesa más su propio progreso personal y profesional y de quienes le rodean y acompañan, sin necesidad de bloquear a nadie. 

Imaginemos que este equipo subordina toda vanagloria a la ceremonia anterior de la autocrítica y la fijación de metas superadoras. 

Imaginemos que todo esto no es un sueño sino la realidad con la que cotidianamente se maneja un grupo de personas. Porque así puede ser y así lo he conocido yo. 

Aceptemos entonces que se puede ser infinitamente efectivo trabajando y sentir, día a día, cómo desde los poros del ser emana la satisfacción de sentirse social y profesionalmente satisfecho y realizado. Porque así puede ser.  

¿No lo crees? Ponlo en práctica. Se el incitador y no el obstáculo; verás que ocurre. Después cambiarás radicalmente de opinión. Ponte en Marcha!